Lucas 9:51–19:44
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Jesús reprende a Jacobo y a Juan
Sucedió que cuando se cumplían los días de Su ascensión1a, Jesús, con determinación, afirmó Su rostro para ir a Jerusalénb.
Y envió mensajeros delante de Él; y ellos fueron y entraron en una aldea de los samaritanosa para hacer los preparativos para Él.
Pero no lo recibieron, porque sabían que había determinado ir a1 Jerusaléna.
Al ver esto, Sus discípulos Jacobo1 y Juana, dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma2b?»
Pero Él, volviéndose, los reprendió, y dijo: «Ustedes no saben de qué espíritu son,
porque el Hijo del Hombre no ha venido para destruir las almas de los hombres, sino para salvarlas». Y se fueron a otra aldea.
Lo que demanda el discipulado
Mientras ellos iban por el caminoa, b uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas».
«Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos», le dijo Jesús, «pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabezaa».
A otro le dijo: «Ven tras Mía». Pero él contestó: «Señor1, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre».
«Deja que los muertos entierren a sus muertos», le respondió Jesús; «pero tú, ve y anuncia por todas partes el reino de Diosa».
También otro dijo: «Te seguiré, Señor; pero primero permíteme despedirme de los de mi casaa»
Pero Jesús le dijo: «Nadie, que después de poner la mano en el arado mira atrása, es apto para el reino de Dios».
Jesús envía a los setenta
Después de esto, el Señora designó a otros setenta1, y los envió de dos en dosb delante de Élc, a toda ciudad y lugar adonde Él había de ir.
Y les decía: «La cosecha es mucha, pero los obreros pocos; rueguen, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a Su cosechaa.
»Vayan; miren que los envío como corderos en medio de lobosa.
»aNo lleven bolsa, ni alforja1, ni sandalias; y a nadie saluden por el camino.
»En cualquier casa que entren, primero digan: “Paz a esta casa”.
»Y si hay allí un hijo de paz, la paz de ustedes reposará sobre él; pero si no, se volverá a ustedes.
»Permanezcan entonces en esa casa1, comiendo y bebiendo lo que les den2; porque el obrero es digno de su salarioa. No se pasen de casa en casa.
»En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les sirvana;
sanen a los enfermos que haya en ella, y díganles: “Se ha acercado a ustedes el reino de Diosa”.
»Pero en cualquier ciudad donde entren, y no los reciban, salgan a sus calles, y digan:
“Hasta el polvo de su ciudad que se pega a nuestros pies, nos lo sacudimos en protesta contra ustedesa; pero sepan esto: que el reino de Dios se ha acercadob”.
»Les digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma que para aquella ciudada.
»¡aAy de ti Corazín! ¡Ay de ti Betsaida! Porque si los milagros1 que se hicieron entre ustedes hubieran sido hechos en Tiro y Sidón, hace tiempo que se hubieran arrepentido sentados en cilicio y cenizab.
»Por eso, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidóna que para ustedes.
»Y tú, Capernaúma, ¿acaso serás elevada hasta los cielos? ¡Hasta el Hades1 serás hundidab!
»El que a ustedes escucha, me escucha a Mía, y el que a ustedes rechaza, me rechaza a Mí; y el que me rechaza a Mí, rechaza al que me enviób».
Regreso de los setenta
Los setenta1 regresaron con gozo, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos sujetan en Tu nombrea».
Y Él les dijo: «Yo veía a Satanása caer del cielo como un rayo.
»Miren, les he dado autoridad para pisotear sobre serpientesa y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada les hará daño.
»Sin embargo, no se regocijen en esto, de que los espíritus se les sometan, sino regocíjense de que sus nombres están escritos en los cielosa».
Jesús se regocija
aEn aquella misma hora Jesús se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de Tu agrado.
»Todas las cosas me han sido entregadasa por Mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijob, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
aVolviéndose hacia los discípulos, les dijo aparte: «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven;
porque les digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron».
Pregunta sobre la vida eterna
aCierto intérprete de la ley1 se levantó, y para poner2 a prueba a Jesúsb dijo: «Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Y Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué1 lees en ella?».
Respondiendo él, dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismoa».
Entonces Jesús le dijo: «Has respondido correctamente; haz esto y vivirása.”
Pero queriendo él justificarse a sí mismoa, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»
Parábola del buen samaritano
Jesús le respondió: «Cierto hombre bajaba de Jerusaléna a Jericó, y cayó en manos de salteadores, los cuales después de despojarlo y de darle golpes, se fueron, dejándolo medio muerto.
»Por casualidad cierto sacerdote bajaba por aquel camino, y cuando lo vio, pasó por el otro lado del camino.
»Del mismo modo, también un levita, cuando llegó al lugar y lo vio, pasó por el otro lado del camino.
»Pero cierto samaritanoa, que iba de viaje, llegó adonde él estaba; y cuando lo vio, tuvo compasión.
»Acercándose, le vendó sus heridas, derramando aceite y vino sobre ellas; y poniéndolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un mesón y lo cuidó.
»Al día siguiente, sacando dos denarios1 se los dio al mesonero, y dijo: “Cuídelo, y todo lo demás que gaste, cuando yo regrese se lo pagaré”.
»¿Cuál de estos tres piensas tú que demostró ser prójimo del que cayó en manos de los salteadores?».
El intérprete de la ley respondió: «El que tuvo misericordia de él». «Ve y haz tú lo mismo», le dijo Jesús.
Jesús visita a Marta y a María
Mientras iban ellos de camino, Jesús entró en cierta aldea; y una mujer llamada Martaa lo recibió en su casa.
Ella tenía una hermana que se llamaba Maríaa, que1 sentada a los pies del Señor, escuchaba Su palabrab.
Pero Martaa se preocupaba con todos los preparativos1. Y acercándose a Él, le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude»
El Señor le respondió: «Marta, Martaa, tú estás preocupada y molesta por tantas cosasb;
pero una sola cosa es necesaria1a, y2 Maríab ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada».
Jesús enseña sobre la oración
Aconteció que estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de Sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó también a sus discípulos»
aY Él les dijo: «Cuando oren, digan:
“1Padre, santificado sea Tu nombre.
Venga Tu reino.
-”Danos hoy1 el pan nuestro de cada día2a.
”Y perdónanos nuestros pecados,
Porque también nosotros perdonamos a todos los que nos debena.
Y no nos metas1 en tentación”».
También les dijo: «Supongamos que uno de ustedes1 tiene un amigo, y va a él a medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes,
porque un amigo mío ha llegado de viaje a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle1”;
y aquel, respondiendo desde adentro, le dice: “No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados1; no puedo levantarme para darte nada”.
»Les digo que aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, no obstante, por su importunidada se levantará y le dará cuanto necesite.
»Así que Yo les digo: a pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá.
»Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
»O supongan que a uno de ustedes que es padre, su hijo le pide1 pan, ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un2 pescado, ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado?
»O si le1 pide un huevo, ¿acaso le dará un escorpión?
»Pues si ustedes siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre celestial1 dará el Espíritu Santo a los que se lo pidana?».
Jesús y Beelzebú
aJesús estaba echando fuera un demonio que era mudo, y cuando el demonio salió, el mudo habló; y las multitudes se maravillaron.
Pero algunos de ellos dijeron: «Él echa fuera los demonios por Beelzebúa, príncipe de los demoniosb»
Y otros, para poner1 a prueba a Jesús, demandaban de Él una señal2a del cielo.
aPero conociendo Él sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y una casa dividida contra sí misma1, se derrumba.
»Y si también Satanása está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá en pie su reino? Porque ustedes dicen que Yo echo fuera demonios por Beelzebúb.
»Y si Yo echo fuera demonios por Beelzebúa, ¿por quién los echan fuera los hijos de ustedes? Por tanto, ellos serán sus jueces.
»Pero si Yo por el dedo de Diosa echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegadob a ustedes.
»Cuando un1 hombre fuerte, bien armado, custodia su palacio, sus bienes están seguros2.
»Pero cuando uno más fuerte que él lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las cuales había confiado y distribuye su botín.
»El que no está a Mi lado, contra Mí está; y el que a Mi lado no recoge, desparramaa.
aCuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso; y al no hallarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”.
»Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada.
»Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero».
La verdadera dicha
Mientras Jesús decía estas cosas, una de las mujeres en la multitud alzó la voz y dijo: «¡Dichosa la matriz1 que te concibió2 y los senos que te criarona!».
«Al contrario», le contestó Jesús, «dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardana».
La gente demanda señal
Como la multitud se aglomeraba, Jesús comenzó a decir: «aEsta generación es una generación perversa; busca señalb, y ninguna…
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Footnotes
- 1 su recepción arriba.
- 1 porque su rostro iba hacia.
- 1O Santiago.
- 2Algunos agregan: como lo hizo también Elías.
- 1Algunos no incluyen: Señor.
- 1Algunos antiguos dicen: setenta y dos.
- 1O mochila, o bolsa.
- 1O en la casa misma.
- 2 las cosas de ellos.
- 1 las obras de poder.
- 1I.e. la región de los muertos.
- 1Algunos antiguos dicen: setenta y dos.
- 1I.e. experto en la ley de Moisés.
- 2 poniendo.
- 1 ¿Cómo.
- 1I.e. salario de dos días.
- 1 que también.
- 1 el mucho servicio.
- 1Algunos dicen: unas pocas cosas son necesarias.
- 2 porque.
- 1Algunos incluyen en los 2, 3 y 4, frases que se encuentran en Mat. 6:9–13.
- 1O diariamente.
- 2O para el día venidero.
- 1O no nos dejes caer.
- 1 ¿Quién de ustedes.
- 1 ponerle delante.
- 1 están conmigo en la cama.
- 1 Pero ¿a cuál de ustedes el hijo le pedirá al padre.
- 2Algunos antiguos no incluyen: pan,…o si un.
- 1 O también.
- 1 Padre del cielo.
- 1 poniendo.
- 2O un milagro.
- 1 una casa contra una casa.
- 1 el.
- 2 en paz.
- 1O el vientre.
- 2 cargó.
Cross references
- aMar. 16:19
- bLuc. 13:22; 17:11; 18:31; 19:11, 28
- aMat. 10:5; Luc. 10:33; 17:16; Juan 4:4
- aJuan 4:9
- aMar. 3:17
- b2Rey. 1:9–16
- aLuc. 9:51
- bLuc. 9:57–60: Mat. 8:19–22
- aMat. 8:20
- aMat. 8:22
- aMat. 4:23
- a1Rey. 19:20
- aFil. 3:13
- aLuc. 7:13
- bMar. 6:7
- cLuc. 9:1, 2, 52
- aMat. 9:37, 38; Juan 4:35
- aMat. 10:16
- aLuc. 10:4–12: Mat. 10:9–14; Mar. 6:8–11; Luc. 9:3–5
- aMat. 10:10; 1Cor. 9:14; 1Tim. 5:18
- a1Cor. 10:27
- aMat. 3:2; 10:7; Luc. 10:11
- aMat. 10:14; Mar. 6:11; Luc. 9:5; Hech. 13:51
- bMat. 3:2; 10:7; Luc. 10:9
- aGn. 19:24–28; Mat. 10:15; 11:24
- aLuc. 10:13–15: Mat. 11:21–23
- bIsa. 23:1–18; Ezq. 26:1–28:26; Joel 3:4–8; Mat. 11:21; Apoc. 11:3
- aMat. 11:21
- aMat. 4:13
- bIsa. 14:13–15; Mat. 11:23
- aMat. 10:40; Mar. 9:37; Luc. 9:48; Juan 13:20; Gál. 4:14
- bJuan 12:48; 1Tes. 4:8
- aMar. 16:17
- aMat. 4:10
- aSal. 91:13; Mar. 16:18
- aEx. 32:32; Sal. 69:28; Isa. 4:3; Ezq. 13:9; Dan. 12:1; Fil. 4:3; Heb. 12:23; Apoc. 3:5; 13:8; 17:8; 20:12, 15; 21:27
- aLuc. 10:21, 22: Mat. 11:25–27
- aJuan 3:35
- bJuan 10:15
- aLuc. 10:23, 24: Mat. 13:16, 17
- aLuc. 10:25–28: Mat. 22:34–40; Mar. 12:28–31
- bMat. 19:16–19; 22:35
- aLev. 19:18; Dt. 6:5
- aLev. 18:5; Mat. 19:17
- aLuc. 16:15
- aLuc. 18:31; 19:28
- aMat. 10:5; Luc. 9:52
- aLuc. 10:40, 41; Juan 11:1, 5, 19 y , 30, 39; 12:2
- aLuc. 10:42; Juan 11:1, 2, 19, 20, 28, 31, 32, 45; 12:3
- bLuc. 8:35; Hech. 22:3
- aLuc. 10:38, 41; Juan 11:1, 5, 19 y , 30, 39; 12:2
- aLuc. 10:38, 40; Juan 11:1, 5, 19 y , 30, 39; 12:2
- bMat. 6:25
- aSal. 27:4; Juan 6:27
- bLuc. 10:39; Juan 11:1, 2, 19, 20, 28, 31, 32, 45; 12:3
- aLuc. 11:2–4: Mat 6:9–13
- aHech. 17:11
- aLuc. 13:4
- aLuc. 18:1–5
- aLuc. 11:9–13: Mat. 7:7–11
- aMat. 7:11; Luc. 18:7, 8
- aLuc. 11:14, 15: Mat. 12:22, 24; Mat. 9:32–34
- aMat. 10:25
- bMat. 9:34
- aMat. 12:38; 16:1; Mar. 8:11
- aLuc. 11:17–22: Mat. 12:25–29; Mar. 3:23–27
- aMat. 4:10
- bMat. 10:25
- aMat. 10:25
- aEx. 8:19
- bMat. 3:2
- aMat. 12:30; Mar. 9:40
- aLuc. 11:24–26: Mat. 12:43–45
- aLuc. 23:29
- aLuc. 8:21
- aLuc. 11:29–32: Mat. 12:39–42; Mat. 16:4; Mar. 8:12
- bMat. 12:38; Luc. 11:16
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