Lucas 7–8
Nueva Biblia de las AméricasOtras versiones
Español
Alemán
Árabe
Checo
Chino simplificado
Chino tradicional
Coreano
Francés
Griego
Húngaro
Inglés
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
Italiano
Latín
Portugués
Ruso
Jesús sana al siervo del centurión
Cuando terminó todas Sus palabras1a al pueblo que le oía2, bJesús se fue a Capernaúm.
Y el siervo de cierto centurión, a quien este apreciaba mucho1, estaba enfermo y a punto de morir.
Al oír hablar de Jesús, el centurióna envió a Él unos ancianos de los judíos, pidiendo que viniera y salvara1 a su siervo.
Cuando ellos llegaron a Jesús, le rogaron con insistencia, diciendo: «El centurión es digno de que le concedas esto;
porque él ama a nuestro pueblo y fue él quien nos edificó la sinagoga»
Jesús iba con ellos, pero cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurión envió a unos amigos, diciendo: «Señor, no te molestes más, porque no soy digno de que Tú entres bajo mi techo;
por eso ni siquiera me consideré digno de ir a Ti, tan solo di la1 palabra y mi siervo2 será sanado.
»Pues yo también soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a este: “Ve”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace»
Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la multitud que lo seguía: «Les digo que ni aun en Israel he hallado una fe tan grandea».
Cuando los que habían sido enviados regresaron a la casa, encontraron sano al siervo.
Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín
Aconteció poco después1 que Jesús fue a una ciudad llamada Naín; y Sus discípulos iban con Él acompañados por2 una gran multitud.
Y cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban fuera a un muerto, hijo único de su madre, y ella era viuda; y un grupo numeroso de la ciudad estaba con ella.
Al verla, el Señora tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores».
Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús dijo: «Joven, a ti te digo: ¡Levántate!».
El que había muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
El temor se apoderó de todosa, y glorificaban a Diosb, diciendo: «Un gran profetac ha surgido entre nosotros». También decían: «Dios ha visitado a Su pueblo»
Este dicho que se decía de Él, se divulgó por toda Judea y por toda la región circunvecinaa.
Jesús y los discípulos de Juan
aEntonces los discípulos de Juan le informaron de todas estas cosas.
Y llamando Juan a dos1 de sus discípulos, los envió a preguntar al Señora: «¿Eres Tú el que ha de venir, o esperamos a otro2?»
Cuando los hombres llegaron a Él, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado para que te preguntáramos: “¿Eres Tú el que ha de venir, o esperamos a otro?”».
En esa misma hora curó a muchos de enfermedadesa, afliccionesb y malos espíritus, y a muchos ciegos les dio la vista.
Entonces Él les respondió: «Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: los ciegos reciben la vista, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelioa.
»Y bienaventurado es el que no se escandaliza de Mí».
Jesús habla de Juan el Bautista
Cuando los mensajeros de Juan se fueron, Jesús comenzó a hablar a las multitudes acerca de Juan: «¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
»Pero, ¿qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Miren, los que visten con esplendor y viven en deleites están en los palacios de los reyes.
»Pero, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Sí, les digo, y uno que es más que un profeta.
»Este es aquel de quien está escrito:
“H aqui, Yo envio Mi mensajero delante de Ti,
Quien preparará Tu camino delante de Tia”.
»Les digo que entre los nacidos de mujer1, no hay nadie mayor que Juan; sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él».
Al oír esto, todo el pueblo y los recaudadores de impuestos reconocieron la justiciaa de Dios2, y fueron bautizadosb con el bautismo de Juanc.
Pero los fariseos y los intérpretes de la ley1a rechazaron los propósitos de Dios para con ellos, al no ser bautizados por Juan2.
«¿A qué, entonces, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?
»Son semejantes a los muchachos que se sientan en la plaza y se llaman unos a otros, y dicen: “Les tocamos la flauta, y no bailaron; entonamos endechas, y no lloraron”.
»Porque ha venido Juan el Bautista, que no come pan, ni bebe vinoa, y ustedes dicen: “Tiene un demonio”.
»Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: “Miren, un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores”.
»Pero1 la sabiduría es justificadaa por todos sus hijos».
Jesús perdona a una pecadora
Uno de los fariseos pidió a Jesús que comiera con él; y entrando Él en la casa del fariseo, se sentó1 a la mesa.
Había en la ciudad una mujer que era pecadora, y cuando se enteró de que Jesús estaba sentado1 a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfumea;
y poniéndose detrás de Él a Sus pies, llorando, comenzó a regar Sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, besaba Sus pies y los ungía con el perfume.
Pero al ver esto el fariseo que lo había invitado, dijo para sí1: «Si Este fuera un profeta2a, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, que es una pecadora»
Y Jesús le dijo*: «Simón, tengo algo que decirte». «Di, Maestro», le contestó.
«Cierto prestamista tenía dos deudores; uno le debía 500 denarios1a y el otro cincuenta;
»y no teniendo ellos con qué pagara, perdonó generosamente a los dos. ¿Cuál de ellos, entonces, lo amará más?».
«Supongo que aquel a quien le perdonó más», respondió Simón. Y Jesús le dijo: «Has juzgado correctamente».
Y volviéndose hacia la mujer, le dijo a Simón: «¿Ves esta mujer? Yo entré a tu casa y no me diste agua para Mis piesa, pero ella ha regado Mis pies con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos.
»No me diste besoa, pero ella, desde que entré, no ha cesado1 de besar Mis pies.
»No ungiste Mi cabeza con aceitea, pero ella ungió Mis pies con perfume.
»Por lo cual te digo que sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque amó mucho; pero a quien poco se le perdona, poco ama».
Entonces Jesús le dijo a la mujer: «Tus pecados han sido perdonadosa».
Los que estaban sentados1 a la mesa con Él comenzaron a decir entre sí: «¿Quién es Este que hasta perdona pecadosa?»
Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvadoa, vete en pazb».
Mujeres que servían a Jesús
Poco 1 después, Jesús comenzó a recorrer las ciudades y aldeas, proclamando y anunciando las buenas nuevas2 del reino de Diosa. Con Él iban los doce discípulos,
y también algunas mujeresa que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, llamada Magdalenab, de la que habían salido siete demonios;
Juana, mujer de Chuza, mayordomoa de Herodesb; Susana y muchas otras que de sus bienes personales contribuían al sostenimiento de ellos.
aParábola del sembrador
Habiéndose congregado una gran multitud y los que de varias ciudades acudían a Jesús, entonces les habló por medio de una parábola:
«El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrarla, una parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron.
»Otra parte cayó sobre la roca, y tan pronto como creció, se secó, porque no tenía humedad.
»Otra parte cayó en medio de los espinos; y los espinos, al crecer con ella, la ahogaron.
»Y otra parte cayó en tierra buena, y creció y produjo una cosecha a ciento por uno». Al hablar estas cosas, Jesús exclamaba: «El que tiene oídos para oír, que oigaa».
Explicación de la parábola
aSus discípulos le preguntaban qué quería decir esta parábola,
y Él respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del reino de Diosa, pero a los demás les hablo en parábolas, para que viendo, no vean; y oyendo, no entiendanb.
La parábola es esta: la semilla es la palabra de Diosa.
»Aquellos a lo largo del camino son los que han oído, pero después viene el diablo y arrebata la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
»Aquellos sobre la roca son los que, cuando oyen, reciben la palabra con gozo; pero1 no tienen raíz profunda; creen2 por algún tiempo, y en el momento de la tentación sucumben.
»La semilla que cayó entre los espinos, son los que han oído, y al continuar su camino son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y su fruto no madura.
»Pero la semilla en la tierra buena, son los que han oído la palabra con corazón recto y bueno, y la retienen, y dan fruto con su perseverancia.
»Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de una cama, sino que la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luza.
»Pues no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luza.
»Por tanto, tengan cuidado de cómo oyen; porque al que tiene, más le será dado; y al que no tiene, aun lo que cree que tiene1 se le quitaráa».
La madre y los hermanos de Jesús
aEntonces la madre y los hermanos de Jesús llegaron a donde Él estaba, pero no podían acercarse a Él debido al gentío.
«Tu madre y Tus hermanos están afuera y te quieren ver», le avisaron.
Pero Él les respondió: «Mi madre y Mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la hacena».
Jesús calma la tempestad
aUno de aquellos días, Jesús entró en una barca con Sus discípulos, y les dijo: «Pasemos al otro lado del lagob». Y se hicieron a la mar.
Pero mientras ellos navegaban, Él se durmió; y una violenta tempestad1 descendió sobre el lagoa, y comenzaron a hundirse y corrían peligro.
Llegándose a Jesús, lo despertaron, diciendo: «¡Maestro, Maestroa, que perecemos!». Y Él, levantándose, reprendiób al viento y a las olas embravecidas, y cesaron y sobrevino la calma.
«¿Dónde está la fe de ustedes?», les dijo. Pero ellos estaban atemorizados y asombrados, diciéndose unos a otros: «¿Quién, pues, es Este que aun a los vientos y al agua manda y lo obedecen?».
El endemoniado gadareno
aEntonces navegaron hacia la tierra de los gadarenos que está al lado opuesto de Galilea.
Cuando Jesús bajó a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad poseído por demonios, y que por mucho tiempo…
Este pasaje se ha acortado. Seguir leyendo Lucas 7–8 en Logos
Notas al pie
- 1O todo Su discurso.
- 2 a oídos del pueblo.
- 1 para quien él era honorable.
- 1O sanara.
- 1 mas habla con una.
- 2 muchacho.
- 1Algunos dicen: al día siguiente.
- 2 y.
- 1 ciertos dos.
- 2Algunos de los más antiguos dicen: uno diferente.
- 1 mujeres.
- 2O justificaron a Dios.
- 1I.e. expertos en la ley de Moisés.
- 2 él.
- 1 Y.
- 1 se recostó.
- 1 recostado.
- 1 para sí diciendo.
- 2Algunos dicen: el profeta.
- 1I.e. salario de 500 días.
- 1 no cesaba.
- 1 reclinados.
- 1 Y sucedió.
- 2O el evangelio.
- 1 y.
- 2 quienes creen.
- 1O parece tener.
- 1 tempestad de viento.
Referencias cruzadas
- aMat. 7:28
- bLuc. 7:1–10: Mat. 8:5–13
- aMat. 8:5
- aMat. 8:10; Luc. 7:50
- aLuc. 7:19; 10:1; 11:1, 39; 12:42; 13:15; 17:5, 6; 18:6; 19:8; 22:61; 24:34; Juan 4:1; 6:23; 11:2
- aLuc. 5:26
- bMat. 9:8
- cMat. 21:11; Luc. 7:39
- aMat. 9:26
- aLuc. 7:18–35: Mat. 11:2–19
- aLuc. 7:13; 10:1; 11:1, 39; 12:42; 13:15; 17:5, 6; 18:6; 19:8; 22:61; 24:34; Juan 4:1; 6:23; 11:2
- aMat. 4:23
- bMar. 3:10
- aIsa. 35:5; 61:1
- aMal. 3:1; Mat. 11:10; Mar. 1:2
- aLuc. 7:35
- bMat. 21:32; Luc. 3:12
- cHech. 18:25; 19:3
- aMat. 22:35
- aLuc. 1:15
- aLuc. 7:29
- aMat. 26:6–13; Mar. 14:3–9; Luc. 7:37–39; Juan 12:1–8
- aLuc. 7:16; Juan 4:19
- aMat. 18:28; Mar. 6:37
- aMat. 18:25
- aGn. 18:4; 19:2; 43:24; Jue. 19:21; 1Tim. 5:10
- a2Sam. 15:5
- a2Sam. 12:20; Sal. 23:5; Ecl. 9:8; Dan. 10:3
- aMat. 9:2; Mar. 2:5, 9; Luc. 5:20, 23
- aLuc. 5:21
- aMat. 9:22; Luc. 17:19; 18:42
- bMar. 5:34; Luc. 8:48
- aMat. 4:23
- aMat. 27:55; Mar. 15:40, 41; Luc. 23:49, 55
- bMat. 27:56; Mar. 16:9
- aMat. 20:8
- bMat. 14:1
- aLuc. 8:4–8: Mat. 13:2–9; Mar. 4:1–9
- aMat. 11:15; Mar. 7:16; Luc. 14:35; Apoc. 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22; 13:9
- aLuc. 8:9–15: Mat. 13:10–23; Mar. 4:10–20
- aMat. 13:11
- bIsa. 6:9; Mat. 13:14; Hech. 28:26
- a1Ped. 1:23
- aMat. 5:15; Mar. 4:21; Luc. 11:33
- aMat. 10:26; Mar. 4:22; Luc. 12:2
- aMat. 13:12; 25:29; Luc. 19:26
- aLuc. 8:19–21: Mat. 12:46–50; Mar. 3:31–35
- aLuc. 11:28
- aLuc. 8:22–25: Mat. 8:23–27; Mar. 4:36–41
- bLuc. 5:1, 2; 8:23
- aLuc. 5:1, 2; 8:22
- aLuc. 5:5
- bLuc. 4:39
- aLuc. 8:26–37: Mat. 8:28–34; Mar. 5:1–17
Copyright 2005 por The Lockman Foundation