Estudio bíblico Logos

Lucas 6–8

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Jesús, Señor del día de reposo

aAconteció que un día de reposo1 Jesús pasaba por unos sembrados, y Sus discípulos arrancaban y comían espigasb, restregándolas entre las manos.

Pero algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacen ustedes lo que no es lícito en el día de reposoa?»

Jesús les respondió: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo Davida cuando tuvo hambre, él y los que con él estaban;

cómo entró en la casa de Dios, y tomó y comió los panes consagrados1, que a nadie es lícitoa comer sino solo a los sacerdotes, y dio también a sus compañeros?».

También les decía: «El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo».

Jesús sana al hombre de la mano seca

aY1 en otro día de reposo entró en la sinagoga y enseñabab; y había allí un hombre que tenía la2 mano derecha seca3.

A fin de encontrar de qué acusar a Jesús, los escribas y los fariseos lo observaban atentamente para ver si sanaba en el día de reposoa.

Pero Él sabía lo que ellos estaban pensando1a, y dijo al hombre que tenía la mano seca2: «Levántate y ven acá3». Y él, levantándose, se puso de pie.

Entonces Jesús les dijo: «Yo les pregunto: ¿es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal; salvar una vida o destruirla?».

Después de mirarlos a todos a su alrededor, dijo al hombre1: «Extiende tu mano». Y él lo hizo así, y su mano quedó sana2a.

Pero ellos se llenaron de ira1, y discutían entre sí qué podrían hacerle a Jesús.

Jesús escoge a los doce apóstoles

En1 esos días Jesús se fue al montea a orarb, y pasó toda la noche en oración a Dios.

Cuando se hizo de día, a llamó a Sus discípulos y escogió doce de ellos, a los que también dio el nombre de apóstolesb:

Simón, a quien también llamó Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo1 y Juan; Felipe y Bartolomé;

Mateoa y Tomás; Jacobo1, hijo de Alfeo, y Simón, al que llamaban el Zelote;

Judas, hijo de Jacobo1, y Judas Iscariote, que llegó a ser traidor.

Descendióa con ellos y se detuvo en un lugar llano. Había una gran multitudb de Sus discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidónc,

que habían ido para oír a Jesús y para ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos eran curados.

Y toda la multitud procuraba tocar a Jesúsa, porque de Él salía un poderb que a todos sanaba.

Las bienaventuranzas

Volviendo su vista hacia Sus discípulos, decía: «Bienaventuradosa ustedes los pobres, porque de ustedes es el reino de Diosb.

»Bienaventurados ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Bienaventurados ustedes los que ahora lloran, porque reirán.

»Bienaventurados son ustedes cuando los hombres los aborrecen, cuando los apartan de sía, los colman de insultosb y desechan su nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.

»Alégrense en ese día y saltena de gozo, porque su recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban de la misma manera a los profetasb.

»Pero ¡ay de ustedes los ricosa! Porque ya están recibiendo todo su consuelob.

»¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados1! Porque tendrán hambre. ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen! Porque se lamentarán y llorarán.

»¡Ay de ustedes, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes! Porque de la misma manera trataban sus padres a los falsos profetasa.

El amor verdadero y su recompensa

»Pero a ustedes los que oyen, les digo: amen a sus enemigos; hagan bien a los que los aborrecena;

bendigan a los que los maldicen; oren por los que los insultana.

»aAl que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa1, no le niegues tampoco la túnica.

»A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames.

»Y así como quieran que los hombres les hagan a ustedes, hagan con ellos de la misma maneraa.

»Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores aman a los que los amana.

»Si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores hacen lo mismo.

»Si prestana a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos la misma cantidad.

»Antes bien, amen a sus enemigos, y hagan biena, y presten no esperando nada a cambio1, y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimob; porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos.

»Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso.

El juicio hacia los demás

»aNo juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen1, y serán perdonadosb.

»Den, y les será dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarán en sus regazosa. Porque con la medida con que midan, se les volverá a medirb».

Les dijo también una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyoa?

»Un discípulo no está por encima de su maestroa; pero todo discípulo, después de que se ha preparado bien, será como su maestro1.

»¿Y por qué miras la mota1 que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?

»¿O cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, déjame sacarte la mota1 que está en tu ojo”, cuando tú mismo no ves la viga que está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad para sacar la mota1 que está en el ojo de tu hermano.

»aPorque no hay árbol bueno que produzca fruto malo, ni a la inversa1, árbol malo que produzca fruto bueno.

»Pues cada árbol por su fruto se conoce. Porque los hombres no recogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de una zarzaa.

»El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es maloa; porque de la abundancia del corazón habla su bocab.

Los dos cimientos

»¿Por qué ustedes me llaman: “Señor, Señora”, y no hacen lo que Yo digo?

»aTodo el que viene a Mí y oye Mis palabras y las pone en práctica, les mostraré a quién es semejante:

es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo1 y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente2 dio con fuerza contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida.

»Pero el que ha oído y no ha hecho nada, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin echar cimiento; y el torrente dio con fuerza contra ella y al instante se desplomó, y fue grande la ruina de aquella casa».

Jesús sana al siervo del centurión

Cuando terminó todas Sus palabras1a al pueblo que le oía2, bJesús se fue a Capernaúm.

Y el siervo de cierto centurión, a quien este apreciaba mucho1, estaba enfermo y a punto de morir.

Al oír hablar de Jesús, el centurióna envió a Él unos ancianos de los judíos, pidiendo que viniera y salvara1 a su siervo.

Cuando ellos llegaron a Jesús, le rogaron con insistencia, diciendo: «El centurión es digno de que le concedas esto;

porque él ama a nuestro pueblo y fue él quien nos edificó la sinagoga»

Jesús iba con ellos, pero cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurión envió a unos amigos, diciendo: «Señor, no te molestes más, porque no soy digno de que Tú entres bajo mi techo;

por eso ni siquiera me consideré digno de ir a Ti, tan solo di la1 palabra y mi siervo2 será sanado.

»Pues yo también soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a este: “Ve”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace»

Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la multitud que lo seguía: «Les digo que ni aun en Israel he hallado una fe tan grandea».

Cuando los que habían sido enviados regresaron a la casa, encontraron sano al siervo.

Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín

Aconteció poco después1 que Jesús fue a una ciudad llamada Naín; y Sus discípulos iban con Él acompañados por2 una gran multitud.

Y cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban fuera a un muerto, hijo único de su madre, y ella era viuda; y un grupo numeroso de la ciudad estaba con ella.

Al verla, el Señora tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores».

Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús dijo: «Joven, a ti te digo: ¡Levántate!».

El que había muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

El temor se apoderó de todosa, y glorificaban a Diosb, diciendo: «Un gran profetac ha surgido entre nosotros». También decían: «Dios ha visitado a Su pueblo»

Este dicho que se decía de Él, se divulgó por toda Judea y por toda la región circunvecinaa.

Jesús y los discípulos de Juan

aEntonces los discípulos de Juan le informaron de todas estas cosas.

Y llamando Juan a dos1 de sus discípulos, los envió a preguntar al Señora: «¿Eres Tú el que ha de venir, o esperamos a otro2?»

Cuando los hombres llegaron a Él, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado para que te preguntáramos: “¿Eres Tú el que ha de venir, o esperamos a otro?”».

En esa misma hora curó a muchos de enfermedadesa, afliccionesb y malos espíritus, y a muchos ciegos les dio la vista.

Entonces Él les respondió: «Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: los ciegos reciben la vista, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelioa.

»Y bienaventurado es el que no se escandaliza de Mí».

Jesús habla de Juan el Bautista

Cuando los mensajeros de Juan se fueron, Jesús comenzó a hablar a las multitudes acerca de Juan: «¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?

»Pero, ¿qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Miren, los que visten con esplendor y viven en deleites están en los palacios de los reyes.

»Pero, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Sí, les digo, y uno que es más que un profeta.

»Este es aquel de quien está escrito:

“H aqui, Yo envio Mi mensajero delante de Ti,

Quien preparará Tu camino delante de Tia”.

»Les digo que entre los nacidos de mujer1, no hay nadie mayor que Juan; sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él».

Al oír esto, todo el pueblo…

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Notas al pie

  1. 1Muchos dicen: El segundo primer día de reposo.
  2. 1 los panes de la proposición.
  3. 1 Y sucedió que.
  4. 2 y estaba su.
  5. 3O enjuta, o paralizada.
  6. 1 sus pensamientos.
  7. 2O paralizada.
  8. 3 ponte en medio.
  9. 1 le dijo.
  10. 2 restaurada.
  11. 1 insensatez.
  12. 1 Y sucedió que en.
  13. 1O Santiago.
  14. 1O Santiago.
  15. 1O Santiago.
  16. 1 que habiendo sido llenados.
  17. 1O el manto.
  18. 1O sin desesperarse.
  19. 1 suelten o liberten.
  20. 1O alcanzará el nivel de su maestro.
  21. 1O paja.
  22. 1O paja.
  23. 1 ni también.
  24. 1 cavó y ahondó.
  25. 2 río, y así en el 49.
  26. 1O todo Su discurso.
  27. 2 a oídos del pueblo.
  28. 1 para quien él era honorable.
  29. 1O sanara.
  30. 1 mas habla con una.
  31. 2 muchacho.
  32. 1Algunos dicen: al día siguiente.
  33. 2 y.
  34. 1 ciertos dos.
  35. 2Algunos de los más antiguos dicen: uno diferente.
  36. 1 mujeres.

Referencias cruzadas

  1. aLuc. 6:1–5: Mat. 12:1–8; Mar. 2:23–28
  2. bDt. 23:25
  3. aMat. 12:2
  4. a1Sam. 21:6
  5. aLev. 24:9
  6. aLuc. 6:6–11: Mat. 12:9–14; Mar. 3:1–6; Luc. 6:1
  7. bMat. 4:23
  8. aMar. 3:2
  9. aMat. 9:4
  10. aMar. 3:5
  11. aMat. 5:1
  12. bMat. 14:23; Luc. 5:16; 9:18, 28
  13. aLuc. 6:13–16: Mat. 10:2–4; Mar. 3:16–19; Hech. 1:13
  14. bMar. 6:30
  15. aMat. 9:9
  16. aLuc. 6:12
  17. bMat. 4:25; Mar. 3:7, 8
  18. cMat. 11:21
  19. aMat. 9:21; 14:36; Mar. 3:10
  20. bLuc. 5:17
  21. aMat. 5:3–12; Luc. 6:20–23
  22. bMat. 5:3
  23. aJuan 9:22; 16:2
  24. b1Ped. 4:14
  25. aMal. 4
  26. b2Crón. 36:16; Hech. 7:52
  27. aLuc. 16:25; Sant. 5:1
  28. bMat. 6:2
  29. aMat. 7:15
  30. aMat. 5:44; Luc. 6:35
  31. aMat. 5:44; Luc. 6:35
  32. aLuc. 6:29, 30: Mat. 5:39–42
  33. aMat. 7:12
  34. aMat. 5:46
  35. aMat. 5:42
  36. aLuc. 6:27
  37. bMat. 5:9; Luc. 1:32
  38. aLuc. 6:37–42: Mat. 7:1–5
  39. bMat. 6:14; Luc. 23:16; Hech. 3:13
  40. aSal. 79:12; Isa. 65:6, 7; Jer. 32:18
  41. bMar. 4:24
  42. aMat. 15:14
  43. aMat. 10:24; Juan 13:16; 15:20
  44. aLuc. 6:43, 44: Mat. 7:16, 18, 20
  45. aMat. 7:16; 12:33
  46. aMat. 12:35
  47. bMat. 12:34
  48. aMal. 1:6; Mat. 7:21
  49. aLuc. 6:47–49: Mat. 7:24–27; Sant. 1:22 y
  50. aMat. 7:28
  51. bLuc. 7:1–10: Mat. 8:5–13
  52. aMat. 8:5
  53. aMat. 8:10; Luc. 7:50
  54. aLuc. 7:19; 10:1; 11:1, 39; 12:42; 13:15; 17:5, 6; 18:6; 19:8; 22:61; 24:34; Juan 4:1; 6:23; 11:2
  55. aLuc. 5:26
  56. bMat. 9:8
  57. cMat. 21:11; Luc. 7:39
  58. aMat. 9:26
  59. aLuc. 7:18–35: Mat. 11:2–19
  60. aLuc. 7:13; 10:1; 11:1, 39; 12:42; 13:15; 17:5, 6; 18:6; 19:8; 22:61; 24:34; Juan 4:1; 6:23; 11:2
  61. aMat. 4:23
  62. bMar. 3:10
  63. aIsa. 35:5; 61:1
  64. aMal. 3:1; Mat. 11:10; Mar. 1:2