Juan 4:35–54
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»¿No dicen ustedes: “Todavía faltan cuatro meses, y después viene la siega”? Pero Yo les digo: alcen sus ojos y vean los campos que ya están blancos para la siegaa.
»Ya el segador recibe salarioa y recoge frutob para vida eternac, para que el que siembra se regocije junto con el que siega.
»Porque en este caso el dicho es verdadero: “Uno es el que siembra y otro el que siegaa”.
»Yo los envié a ustedes a segar lo que no han trabajado; otros han trabajado y ustedes han entrado en su labor».
Y de aquella ciudada, muchos de los samaritanos creyeron en Él por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: «Él me dijo todo lo que yo he hechob»
De modo que cuando los samaritanos vinieron, rogaban a Jesús que se quedara con ellos; y Él se quedó allí dos días.
Muchos más creyeron por Su palabra,
y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que Este es en verdad el Salvador del mundoa»
Después de los dos díasa, Jesús salió de allí para Galilea.
Porque Jesús mismo dio testimonio de que a un profeta no se le honra en su propia tierraa.
Así que cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron, pues habían visto todo lo que Él hizo en Jerusalén durante la fiestaa; porque ellos también habían ido a la fiesta.
Curación del hijo de un oficial del rey
Entonces vino otra vez Jesús a Caná de Galileaa, donde había convertido el agua en vinob. Y había allí cierto oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúmc.
Cuando él oyó que Jesús había venido de Judea a Galileaa, fue a Su encuentro y le suplicaba que bajara y sanara a su hijo, porque estaba al borde de la muerte.
Jesús entonces le dijo: «Si ustedes no ven señales y prodigiosa, no creerán».
El oficial del rey le dijo*: «Señor, baja antes de que mi hijo muera»
«Puedes irte, tu hijo vive», le dijo* Jesús. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fuea.
Y mientras bajaba a su casa, sus siervos le salieron al encuentro y le dijeron que su hijo1 vivía.
Entonces les preguntó a qué hora había empezado a mejorar. Y le respondieron: «Ayer a la una de la tarde1 se le quitó2 la fiebre»
El padre entonces se dio cuenta que fue a la hora en que Jesús le dijo: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su casaa.
Esta1 fue la segunda señal2a que Jesús hizo cuando fue de Judea a Galileab.
Notas al pie
Referencias cruzadas
- aMat. 9:37, 38; Luc. 10:2
- aPrv. 11:18; 1Cor. 9:17 y
- bRom. 1:13
- cMat. 19:29; Juan 3:36; 4:14; 5:24; Rom. 2:7; 6:23
- aJob 31:8; Miq. 6:15
- aJuan 4:5, 30
- bJuan 4:29
- aMat. 1:21; Luc. 2:11; Juan 1:29; Hech. 5:31; 13:23; 1Tim. 4:10; 1Jn. 4:14
- aJuan 4:40
- aMat. 13:57; Mar. 6:4; Luc. 4:24
- aJuan 2:23
- aJuan 2:1
- bJuan 2:9
- cLuc. 4:23; Juan 2:12
- aJuan 4:3, 54
- aDan. 4:2 y ; 6:27; Mat. 24:24; Mar. 13:22; Hech. 2:19, 22, 43; 4:30; 5:12; 6:8; 7:36; 14:3; 15:12; Rom. 15:19; 1Cor. 1:22; 2Cor. 12:12; 2Tes. 2:9; Heb. 2:4
- aMat. 8:13
- aHech. 11:14
- aJuan 2:11
- bJuan 4:45 y
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