Gálatas 3:6–18
Nueva Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Greek
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
Así Abraham creyó a Dios y le fue contado como justiciaa.
Por tanto, sepan que los que son de fea, estos son hijos de Abrahamb.
La Escritura, previendo que Dios justificaría1 a los gentiles2 por la fe, anunció de antemano las buenas nuevas a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las nacionesa».
Así que, los que son de la fe son bendecidos con Abrahama, el creyente.
Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: «Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlasa».
Y que nadie es justificado ante Dios por la leya es evidente, porque «El justo vivirá por la fe1b».
Sin embargo, la ley no se basa en la1 fe. Al contrario, «El que las2 hace, vivirá por3 ellasa».
Cristo nos redimió de la maldición de la leya, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: «Maldito todo el que cuelga de un madero1b»,
a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentilesa, para que recibiéramosb la promesa del Espíritu mediante la fec.
La promesa, y el propósito de la ley
Hermanosa, hablo en términos humanos1b. Un pacto, aunque sea humano2c, una vez ratificado nadie lo invalida ni le añade condiciones.
Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia1a. No dice: «y a las descendencias2», como refiriéndose a muchas, sino más bien a una: «y a tu descendenciab», es decir, Cristo3.
Lo que digo es esto: la ley, que vino 430 añosa más tarde, no invalida un pacto ratificado anteriormente por Dios, como para anular la promesa.
Porque si la herencia depende1 de una ley, ya no depende1 de una promesaa; pero Dios se la concedió a Abraham por medio de una promesab.
Footnotes
Cross references
- aGn. 15:6; Rom. 4:3
- aGál. 3:9
- bLuc. 19:9; Rom. 4:16; Gál. 6:16
- aGn. 12:3
- aGál. 3:7
- aDt. 27:26
- aGál. 2:16
- bHab. 2:4; Rom. 1:17; Heb. 10:38
- aLev. 18:5; Rom. 10:5
- aGál. 4:5
- bDt. 21:23; Hech. 5:30
- aRom. 4:9, 16; Gál. 3:28
- bGál. 3:2
- cHech. 2:33; Ef. 1:13
- aHech. 1:15; Rom. 1:13; Gál. 6:18
- bRom. 3:5
- cHeb. 6:16
- aLuc. 1:55; Rom. 4:13, 16; 9:4
- bHech. 3:25
- aGn. 15:13, 14; Ex. 12:40; Hech. 7:6
- aRom. 4:14
- bHeb. 6:14
Copyright 2005 por The Lockman Foundation