Ezequiel 24–26
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La olla hirviente
Y vino a mí la palabra del Señor en el año noveno, el mes décimo, a los diez días del mes:
«Hijo de hombre, escribe la fecha del día, del día de hoy. Este mismo día el rey de Babilonia ha avanzado contra Jerusaléna.
»Relata una parábolaa a la casa rebelde y diles: “Así dice el Señor Diosb:
‘Pon la olla, ponla,
Y echa también en ella aguac;
Pon en ella los trozos,
Todo trozo bueno, pierna y espalda;
Llénala de huesos escogidosa.
-’Toma lo mejor del rebañoa,
Y apila también la leña debajo de ella;
Hazla hervir a borbotones,
Cuece también sus huesos en ella’.
”Porque así dice el Señor Dios:
‘¡Ay de la ciudad sanguinariaa,
De la olla que tiene herrumbre,
Cuya herrumbre no se le va!
Trozo por trozo sácala,
Sin echar suertes sobre ella.
-’Porque su sangre está en medio de ellaa,
La puso sobre la roca desnuda;
No la derramó sobre la tierra
Para que el polvo la cubriera.
-’Para hacer subir el furor,
Para tomar venganza,
Yo he puesto su sangre sobre la roca desnuda,
Para que no sea cubiertaa’.
-”Por tanto, así dice el Señor Dios:
‘¡Ay de la ciudad sanguinariaa!
Yo también haré grande el montón de leña.
-’Aumenta la leña, enciende el fuego,
Hierve bien la carne,
Mézclale las especias,
Y que se quemen los huesos.
-’Luego pon la olla vacía sobre las brasasa,
Para que se caliente,
Se ponga al rojo su bronce,
Se funda en ella su inmundicia,
Y sea consumida su herrumbreb.
-’De tanto trabajo me ha fatigado la olla,
Y no se le ha ido su mucha herrumbrea.
¡Consúmase en el fuego su herrumbre!
-’En tu inmundicia hay lujuria.
Por cuanto Yo quise limpiarte
Pero no te dejaste limpiara,
No volverás a ser purificada de tu inmundiciab,
Hasta que Yo haya saciado Mi furor sobre ti.
’Yo, el Señor, he hablado. Esto viene y Yo actuaréa; no me volveré atrás, no me apiadaré y no me arrepentiréb. Según tus caminos y según tus obras te juzgaré’, declara el Señor Diosc”».
Muerte de la mujer de Ezequiel
Y vino a mí la palabra del Señor:
«Hijo de hombre, voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojosa; pero no te lamentarásb, ni llorarásc, ni correrán tus lágrimasd.
»Gime en silencio, no hagas duelo por los muertosa; átate el turbante, ponte el calzado en los pies y no te cubras los bigotes ni comas pan de duelob»
Hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado.
Y el pueblo me dijo: «¿No nos declararás lo que significan para nosotros estas cosas que estás haciendo?»
Entonces les respondí: «La palabra del Señor vino a mí, y me dijo:
“Habla a la casa de Israel: ‘Así dice el Señor Dios: “Voy a profanar Mi santuario, que para ustedes es orgullo de su fuerza, encanto de sus ojosa y deleite de su alma. Sus hijos y sus hijas que ustedes han dejado detrás, caerán a espadab.
”Harán como Yo he hecho; no cubrirán sus bigotes ni comerán pan de duelo.
”Sus turbantes estarán sobre sus cabezas y su calzado en sus pies. No se lamentarán ni llorarána, sino que se pudrirán en sus iniquidades y gemirán unos con otrosb.
”Ezequiel, pues, les servirá de señal; según todo lo que él ha hecho, ustedes harán; cuando esto suceda, sabrán que Yo soy el Señor Diosa” ’.
”Y tú, hijo de hombre, ¿no será que el día en que les quite su fortaleza, el gozo de su gloria, el encanto de sus ojos, el anhelo de su alma, y a sus hijos y a sus hijasa,
en ese día el que escape vendrá a ti con noticiasa para tus oídos?
”En ese día se abrirá tu boca para el que escapó, y hablarás y dejarás de estar mudoa. Y servirás para ellos de señal, y sabrán que Yo soy el Señor”».
Profecías contra naciones vecinas
Y vino a mí la palabra del Señor:
«Hijo de hombre, pon tu rostro hacia los amonitas, y profetiza contra ellosa.
»Dile a los amonitas: “Oigan la palabra del Señor Dios. Así dice el Señor Diosa: ‘Por cuanto dijiste: “¡Ajá!” contra Mi santuario cuando era profanado, y contra la tierra de Israel cuando era desolada, y contra la casa de Judá cuando iba en cautiverio,
por tanto, te entregaré por posesión a los hijos del oriente, y asentarán en ti sus campamentos y pondrán en ti sus tiendasa; ellos comerán tus frutos y beberán tu lecheb.
’Yo haré de Rabá un pastizal para camellos, y de Amóna un descansadero para rebaños. Así ustedes sabrán que Yo soy el Señor’.
”Porque así dice el Señor Dios: ‘Por haber batido palmasa y golpeado con tus pies, por haberte alegrado con todo el escarnio de tu alma contra la tierra de Israelb,
por tanto, Yo he extendido Mi mano contra tia y te daré por despojo a las nacionesb; te cortaré de entre los pueblos y te exterminaré de entre las tierrasc. Te destruiréd. Así sabrás que Yo soy el Señore’.
”Así dice el Señor Dios: ‘Por cuanto Moaba y Seir dicen: “La casa de Judá es como todas las naciones”,
por tanto, voy a abrir el flanco de Moab y privarla de sus ciudades, de las ciudades que están en sus fronteras, la gloria de la tierra, Bet Jesimota, Baal Meónb y Quiriataimc,
daré su tierra en posesión a los hijos del orientea, junto con los amonitas, para que los amonitas no sean recordados más entre las naciones.
’Haré juicios contra Moab, y sabrán que Yo soy el Señor’.
”Así dice el Señor Dios: ‘Por cuanto Edom ha obrado vengativamente contra la casa de Judá, ha incurrido en grave culpa y se ha vengado de ellosa’,
por tanto, así dice el Señor Dios: ‘Yo extenderé también Mi mano contra Edom y cortaré de ella hombres y animalesa y la dejaré en ruinas; desde Temánb hasta Dedánc caerán a espada.
’Pondré Mi venganza contra Edom en mano de Mi pueblo Israel, y harán en Edoma conforme a Mi ira y conforme a Mi furor; así conocerán Mi venganza’, declara el Señor Diosb.
”Así dice el Señor Dios: ‘Por cuanto los filisteos han obrado vengativamente, y con desprecio de alma han tomado venganza, destruyendo por causa de perpetua enemistada’,
por tanto, así dice el Señor Dios: ‘Voy a levantar Mi mano contra los filisteos, y cortaré a los cereteos y haré perecer a los que quedan en la costa del mara.
’Ejecutaré contra ellos grandes venganzas con terribles reprensiones; y sabrán que Yo soy el Señor cuando haga venir Mi venganza sobre ellosa’ ”».
Profecía contra Tiro
En el año undécimo, el día primero del mes, vino a mí la palabra del Señor:
«Hijo de hombre, por cuanto Tiroa ha dicho acerca de Jerusalén: “¡Ajá!, la puertab de los pueblos está rota, se abrió para míc, me llenaré, ya que ella está asolada”,
por tanto, así dice el Señor Dios: “Yo estoy contra tia, Tiro, y haré subir contra ti muchas naciones, como el mar hace subir sus olasb.
”Y destruirán las murallas de Tiro y demolerán sus torresa; barreré de ella sus escombros y la haré una roca desnuda.
”Será tendedero de redes en medio del mar, porque Yo he hablado”, declara el Señor Dios, “y ella será despojo para las nacionesa.
”Y sus hijas1 que están tierra adentro, serán muertas a espadaa, y sabrán que Yo soy el Señor”».
Porque así dice el Señor Dios: «Desde el norte voy a traer sobre Tiro a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyesa, con caballos, carros, jinetes y un gran ejércitob.
»Matará a espada a tus hijas que están tierra adentro. Edificará contra ti muros de asedioa, levantará contra ti un terraplén y alzará contra ti un escudo grandeb.
»Y dirigirá el golpe de sus arietes contra tus murallas, y con sus hachas demolerá tus torres.
»Por la multitud de sus caballos, su polvo te cubrirá; por el estruendo de la caballería, de las carretas y de los carrosa, se estremecerán tus murallasb cuando entre él por tus puertasc como se entra en una ciudad en que se ha hecho brecha.
»Con los cascos de sus caballos pisoteará todas tus callesa, a tu pueblo matará a espada, y tus fuertes columnas caerán por tierrab.
»Los babilonios saquearán tus riquezas y robarán tus mercancíasa; demolerán tus murallasb y destruirán tus suntuosas casasc, y arrojarán al agua tus piedras, tus maderas y tus escombrosd.
»Así haré cesar el ruido de tus canciones, y el son de tus arpasa no se oirá másb.
»Y haré de ti una roca desnuda; serás un tendedero de redes. No volverás a ser edificadaa, porque Yo, el Señor, he hablado», declara el Señor Diosb.
Así dice el Señor Dios a Tiro: «Al estruendoa de tu caída, cuando giman los heridos, cuando se haga la matanza en medio de ti, ¿no se estremecerán las costasb?
»Entonces descenderán de sus tronos todos los príncipes del mar, se quitarán sus mantos y se despojarán de sus vestidurasa bordadas. Se vestirán de temorb, se sentarán en tierra, temblarán a cada momento y se horrorizarán a causa de tic.
»Elevarán una elegía por ti, y te dirán:
“¡Cómo has perecido, habitada de los maresa,
La ciudad renombrada,
Que era poderosa en el marb!
Ella y sus habitantes,
Infundían terror
A todos sus vecinosc.
-”Ahora tiemblan las costas
Por el día de tu caídaa;
Sí, las costas del mar se espantan de tu finb”».
Porque así dice el Señor Dios: «Cuando Yo te convierta en una ciudad desolada, como las ciudades despobladas; cuando haga subir sobre ti el abismo, y te cubran las grandes aguasa,
entonces te haré descender con los que descienden a la fosa, con el pueblo de antañoa. Te haré habitar en las profundidades de la tierrab, como las antiguas ruinas, con los que descienden a la fosa, para que no seas habitada1; y pondré gloria en la tierra de los vivientesc.
»Traeré sobre ti terrores, y no existirás mása; aunque seas buscada, no serás encontrada jamásb», declara el Señor Dios.
Footnotes
Cross references
- a2 Rey. 25:1; Jer. 39:1; 52:4
- aSal. 78:2; Ezq. 17:2; 20:49
- bIsa. 1:2; 30:1, 9; Ezq. 2:3, 6, 8
- cJer. 1:13, 14; Ezq. 11:3, 7, 11; 24:6
- aMiq. 3:2, 3
- aJer. 39:6; 52:10, 24–27
- a2 Rey. 24:3, 4; Ezq. 22:2, 3, 27; Miq. 7:2; Nah. 3:1
- aLev. 17:13; Dt. 12:16
- aIsa. 26:21
- aEzq. 24:6; Hab. 2:12
- aJer. 21:10; Mal. 4:1
- bEzq. 22:15; 23:27
- aJer. 9:5
- aJer. 6:28–30; Ezq. 22:24
- bEzq. 5:13; 8:18
- aSal. 33:9; Isa. 55:11
- bJer. 13:14; Ezq. 9:10
- cIsa. 3:11; Ezq. 18:30; 36:19
- aCant. 7:10; Ezq. 24:18
- bJob 23:2
- cJer. 16:5; 22:10
- dJer. 13:17
- aLev. 21:10–12
- bJer. 16:7; Os. 9:4
- aSal. 27:4; 84:1; Ezq. 24:16
- bJer. 6:11; 16:3, 4; Ezq. 23:25, 47
- aJob 27:15; Sal. 78:64
- bLev. 26:39; Ezq. 33:10
- aEzq. 4:3; Luc. 11:29, 30
- aSal. 48:2; 50:2; Ezq. 24:21
- a1 Sam. 4:12; Job 1:15–19
- aEzq. 3:26; 33:22
- aJer. 49:1–6; Amós 1:13–15; Sof. 2:9
- aSal. 70:2, 3; Ezq. 21:28; 25:6; 26:2; 36:2
- aJue. 6:3, 33; 1 Rey. 4:30
- bDt. 28:33, 51; Isa. 1:7
- aDt. 3:11; 2 Sam. 12:26; Jer. 49:2; Ezq. 21:20
- aJob 27:23; Nah. 3:19
- bAbd. 12; Sof. 2:8, 10
- aEzq. 25:13, 16; Sof. 1:4
- bIsa. 33:4; Ezq. 26:5
- cEzq. 21:32
- dAmós 1:14, 15
- eEzq. 6:14
- aIsa. 15:1; Jer. 48:1; Amós 2:1, 2
- aNúm. 33:49; Jos. 12:3; 13:20
- bNúm. 32:3, 38; Jos. 13:17; 1 Crón. 5:8; Jer. 48:23
- cNúm. 32:37; Jos. 13:19; Jer. 48:1, 23
- aEzq. 25:4
- a2 Crón. 28:17; Sal. 137:7; Jer. 49:7–22
- aEzq. 29:8; Mal. 1:3, 4
- bGn. 36:34; Jer. 49:7; Amós 1:12
- cJer. 25:23; 49:8, 13
- aIsa. 11:14
- bEzq. 35:11
- aIsa. 14:29–31; Ezq. 25:6, 12; Joel 3:4
- a1 Sam. 30:14; Jer. 25:20; 47:1–7; Sof. 2:5
- aSal. 9:16
- a2 Sam. 5:11; Isa. 23:1; Jer. 25:22
- bIsa. 62:10
- cEzq. 25:8; 35:10
- aMiq. 4:11
- bIsa. 5:30; Jer. 50:42; 51:42
- aIsa. 23:11; Ezq. 26:9; Amós 1:10
- aEzq. 25:7; 29:19
- aEzq. 16:46, 53; 26:8
- aEsd. 7:12; Isa. 10:8; Jer. 52:32; Dan. 2:37, 47
- bEzq. 23:24; Nah. 2:3, 4
- aJer. 52:4; Ezq. 21:22
- bJer. 32:24
- aJer. 4:13; 47:3
- bEzq. 26:15; 27:28
- cJer. 39:3
- aIsa. 5:28; Hab. 1:8
- bIsa. 26:5; Jer. 43:13
- aIsa. 23:8, 18; Ezq. 27:3–27; Zac. 9:3
- bJer. 52:14
- c2 Crón. 32:27; Amós 5:11
- dEzq. 27:27, 32, 34; 28:8
- aIsa. 23:16; 24:8, 9; Amós 6:5
- bIsa. 5:12; Apoc. 18:22
- aDt. 13:16; Job 12:14; Mal. 1:4
- bIsa. 14:27
- aJer. 49:21; Ezq. 31:16
- bEzq. 26:18; 27:35
- aJon. 3:6
- bJob 8:22; Sal. 35:26; Ezq. 7:27; 1 Ped. 5:5
- cEzq. 32:10; Os. 11:10
- aEzq. 19:1, 14; 27:2, 32; 32:2, 16
- bEzq. 27:3, 10, 11; 28:2
- cIsa. 14:12; Jer. 48:39; 50:23
- aIsa. 41:5; Ezq. 26:15; 27:35
- bIsa. 23:5–7, 10, 11
- aIsa. 8:7, 8; Ezq. 26:3
- aIsa. 14:9, 10; Ezq. 32:30
- bSal. 88:6; Amós 9:2; Jon. 2:2, 6
- cJer. 33:9; Zac. 2:8
- aEzq. 26:15, 16; 27:36
- bApoc. 18:21
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