2 Corintios 4:10–5:10
Nueva Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Greek
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
Llevamos siempre en el cuerpo por todas partes la muerte1 de Jesúsa, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpob.
Porque nosotros que vivimos, constantemente estamos siendo entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo1 mortal.
Así que en nosotros obra la muerte, pero en ustedes, la vida.
Pero teniendo el mismo espíritu de fea, según lo que está escrito: «Creí, por tanto habléb,” nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,
sabiendo que Aquel que resucitó al Señor Jesúsa, a nosotros también nos resucitará con Jesúsb, y nos presentará junto con ustedesc.
Porque todo esto es por amor a ustedes1a, para que la gracia que se está extendiendo por medio de muchos, haga que las acciones de gracias abunden para la gloria de Diosb.
Lo temporal y lo eterno
Por tanto no desfallecemosa, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interiorb se renuevac de día en día.
Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparacióna,
al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se vena. Porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
Porque sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada1a, es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manosb, eterna en los cielos.
Pues, en verdad1, en esta morada gemimos, anhelando ser vestidosa con nuestra habitación celestial;
y una vez vestidos, no seremos hallados desnudos.
Porque asimismo, los que estamos en esta tienda, gemimos agobiados, pues no queremos ser desvestidos, sino vestidosa, para que lo mortal sea absorbido por la vidab.
Y el que nos preparó para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como garantía1a.
Por tanto, animados siempre y sabiendo que mientras habitamos1 en el cuerpoa, estamos ausentes del Señor.
(Porque por fe andamos, no por vista1a).
Pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar1 con el Señora.
Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos agradar al Señora.
Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo1a, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo.
Footnotes
Cross references
- aRom. 8:36; Gál. 6:17
- bRom. 6:5, 8
- a1Cor. 12:9
- bSal. 116:10
- aHech. 2:24
- b1Tes. 4:14
- cLuc. 21:36; Ef. 5:27; Col. 1:22; Jud. 24
- aRom. 8:28; 2Cor. 1:6
- b1Cor. 9:19; 2Cor. 1:11
- a2Cor. 4:1
- bRom. 7:22
- cIsa. 40:29, 31; Col. 3:10
- aRom. 8:18
- aRom. 8:24; 2Cor. 5:7; Heb. 11:1, 13
- aJob 4:19; 1Cor. 15:47; 2Cor. 4:7; 2Ped. 1:13, 14
- bMar. 14:58; Hech. 7:48; Heb. 9:11, 24
- aRom. 8:23; 1Cor. 15:53, 54; 2Cor. 5:4
- a1Cor. 15:53, 54; 2Cor. 5:2
- b1Cor. 15:54
- aRom. 8:23; 2Cor. 1:22
- aHeb. 11:13, 14
- a1Cor. 13:12; 2Cor. 4:18
- aJuan 12:26; Fil. 1:23
- aRom. 14:18; Col. 1:10; 1Tes. 4:1
- aMat. 16:27; Hech. 10:42; Rom. 2:16; 14:10, 12; Ef. 6:8
Copyright 2005 por The Lockman Foundation