Mateo 6:9–34
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El Padre nuestro
»aUstedes, pues, oren de esta manera:
“Padre nuestro que estás en los cielos,
Santificado sea Tu nombre.
”Venga Tu reinoa.
Hágase Tu voluntadb,
Así en la tierra como en el cielo.
-”Danos hoy el pan nuestro de cada día1a.
-”Y perdónanos nuestras deudas1, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudoresa.
-”Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mala. Porque Tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre. Amén1”.
»Porque si ustedes perdonan a los hombres sus transgresiones, también su Padre celestial les perdonará a ustedesa.
»Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus transgresionesa.
El ayuno
»Y cuando ayunena, no pongan cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran1 sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad les digo que ya han recibido su recompensab.
»Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostroa,
para no hacer ver1 a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensaráa.
El verdadero tesoro
»No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran1 y robana;
sino acumulen1 tesoros en el cieloa, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban;
porque donde esté tu tesoroa, allí estará también tu corazón.
»aLa lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo está sano1, todo tu cuerpo estará lleno de luz.
»Pero si tu ojo está maloa, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!
»Nadie puede servir a dos señoresa; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas1b.
»aPor eso les digo, no se preocupen por su vidab, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa?
»Miren las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre celestial1 las alimentaa. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas?
»¿Quién de ustedes, por ansiosoa que esté, puede añadir una hora1 al curso de su vida2b?
»Y por la ropa, ¿por qué se preocupana? Observen cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan.
»Pero les digo que ni Salomóna en toda su gloria se vistió como uno de ellos.
»Y si Dios así viste la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará Él mucho más por ustedes, hombres de poca fea?
»Por tanto, no se preocupena, diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿qué beberemos?” o “¿con qué nos vestiremos?”.
»Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que el Padre celestial1a sabe que ustedes necesitan todas estas cosas.
»Pero busquen primero Su1 reino2 y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas3a.
»Por tanto, no se preocupena por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará1 de sí mismo. Bástenle a cada2 día sus propios problemas.
Footnotes
- 1O para el día venidero.
- 1I.e. ofensas, pecados.
- 1Las palabras: Porque tuyo… Amén no aparecen en los más antiguos.
- 1O hacen que no se puedan reconocer.
- 1 no aparecer.
- 1 horadan, y así en el 20.
- 1 acumulen para sí.
- 1O claro.
- 1 mamonás.
- 1 el Padre celestial de ustedes.
- 1 un codo.
- 2 a su estatura.
- 1 el Padre celestial de ustedes.
- 1 el.
- 2Algunos dicen: el reino de Dios.
- 3O proporcionadas.
- 1O se preocupará.
- 2 al.
Cross references
- aMat. 6:9–13: Luc. 11:2–4
- aMat. 3:2; 4:17
- bMat. 26:42; Luc. 22:42; Hech. 21:14
- aPrv. 30:8; Isa. 33:16; Luc. 11:3
- aEx. 34:7; Sal. 32:1; 130:4; Mat. 9:2; 26:28; Ef. 1:7; 1Jn. 1:7–9
- aMat. 5:37; Juan 17:15; 1Cor. 10:13; 2Tes. 3:3; 2Tim. 4:18; 2Ped. 2:9; 1Jn. 5:18
- aMat. 7:2; Mar. 11:25, 26; Ef. 4:32; Col. 3:13
- aMat. 18:35
- aIsa. 58:5
- bMat. 6:2
- aRut 3:3; 2Sam. 12:20
- aMat. 6:4, 6
- aPrv. 23:4; Mat. 19:21; Luc. 12:21, 33; 18:22; 1Tim. 6:9, 10; Heb. 13:5; Sant. 5:2
- aMat. 19:21; Luc. 12:33; 1Tim. 6:19
- aLuc. 12:34
- aMat. 6:22, 23: Luc. 11:34, 35
- aMat. 20:15; Mar. 7:22
- a1Rey. 18:21; Luc. 16:13; Gál. 1:10; Sant. 4:4
- bLuc. 16:9, 11, 13
- aMat. 6:25–33: Luc. 12:22–31
- bMat. 6:27, 28, 31, 34; Luc. 10:41; 12:11, 22; Fil. 4:6; 1Ped. 5:7
- aJob 35:11; 38:41; Sal. 104:27, 28; Mat. 10:29 y ; Luc. 12:24
- aMat. 6:25, 28, 31, 34; Luc. 10:41; 12:11, 22; Fil. 4:6; 1Ped. 5:7
- bSal. 39:5
- aMat. 6:25, 27, 31, 34; Luc. 10:41; 12:11, 22; Fil. 4:6; 1Ped. 5:7
- a1Rey. 10:4–7; 2Crón. 9:4–6, 20–22
- aMat. 8:26; 14:31; 16:8; Sant. 1:10, 11; 1Ped. 1:24
- aMat. 6:25, 27, 28, 34; Luc. 10:41; 12:11, 22; Fil. 4:6; 1Ped. 5:7
- aMat. 6:8; Fil. 4:19
- aMat. 19:28; Mar. 10:29, 30; Luc. 18:29, 30; 1Tim. 4:8
- aMat. 6:25, 27, 28, 31; Luc. 10:41; 12:11, 22; Fil. 4:6; 1Ped. 5:7
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