2º Samuel 9–20
Nueva Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- TNIV Today’s New International Version
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
Bondad de David hacia Mefiboset
Entonces David dijo: «¿Hay todavía alguien que haya quedado de la casa de Saúl, para que yo le muestre bondad por amor a Jonatána?».
Y había un siervo de la casa de Saúl que se llamaba Siba, y lo llamaron ante David. Y el rey le dijo: «¿Eres tú Siba?». «Su servidora», respondió él.
Y el rey le preguntó: «¿No queda aún alguien de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Diosa?». Y Siba respondió al rey: «Aún queda un hijo de Jonatán lisiado de ambos piesb».
«¿Dónde está él?», le preguntó el rey. Y Siba respondió al rey: «Está en casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lodebara».
Entonces el rey David mandó traerlo de la casa de Maquir, hijo de Amiel, de Lodebar.
Y Mefiboset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, vino a David, y cayendo sobre su rostro, se postróa. Y David dijo: «Mefiboset». «Su siervo», respondió él.
David le dijo: «No temas, porque ciertamente te mostraré bondad por amor a tu padre Jonatána, y te devolveré toda la tierra1b de tu abuelo2 Saúl; y tú comerás3 siempre a mi mesac».
Él se postró de nuevo, y dijo: «¿Quién es su siervo, para que tome en cuenta a un perro muerto como yoa?».
Entonces el rey llamó a Siba, siervo de Saúl, y le dijo: «Todo lo que pertenecía a Saúl y a su casa, lo he dado al nieto1 de tu señora.
»Y tú, tus hijos y tus siervos cultivarán la tierra para él, y le llevarás los frutos para que el nieto1 de tu señor tenga alimento. Sin embargo, Mefiboset, nieto1 de tu señor, comerá2 siempre a mi mesaa». Siba tenía quince hijos y veinte siervos.
Respondió Siba al rey: «Conforme a todo lo que mi señor el rey mande a su siervo, así hará su siervo». Y Mefiboset comió a la mesa de David1 como uno de los hijos del reya.
Mefiboset tenía un hijo pequeño que se llamaba Micaía. Todos los que moraban en la casa de Siba eran siervos de Mefiboset.
Pero Mefiboset moraba en Jerusalén, porque siempre comía a la mesa del reya. Estaba lisiado de ambos piesb.
Humillación de los siervos de David
aSucedió después de esto que murió el rey de los amonitasb, y su hijo Hanún reinó en su lugar.
Y David dijo: «Seré bondadoso con Hanún, hijo de Nahasa, tal como su padre fue bondadoso conmigo». Entonces David envió algunos1 de sus siervos para consolarlo por la muerte de su padre. Pero cuando los siervos de David llegaron a la tierra de los amonitas,
los príncipes de los amonitas dijeron a Hanún su señor: «¿Cree usted que David está1 honrando a su padre porque le ha enviado consoladores? ¿No le ha enviado David sus siervos para reconocer la ciudad, para espiarla y conquistarlaa?».
Entonces Hanún tomó a los siervos de David, les rasuró la mitad de la barba, les cortó los vestidosa por la mitad hasta las caderas, y los despidiób.
Cuando le avisaron a David, envió mensajeros a encontrarse con ellos, porque los hombres estaban sumamente avergonzados. Y el rey les dijo: «Quédense en1 Jericó hasta que les crezca la barba, y después vuelvan».
Al ver los amonitas que se habían hecho odiosos a Davida, los amonitas mandaron a tomar a sueldo a los arameos de Bet Rehobb y a los arameos de Sobac, 20,000 soldados de a pie, y del rey de Maacad 1,000 hombres, y de Is Tob 12,000 hombrese.
Cuando David se enteró, envió a Joab y a todo el ejército de los valientes.
Y los amonitas salieron y se pusieron en orden de batalla a la entrada de la ciudad1a, mientras que los arameos de Soba y de Rehob y los de Is Tobb y de Maaca estaban aparte en el campo.
Derrota de Amón y Aram
Viendo Joab que se le presentaba batalla1 por el frente y por la retaguardia, escogió de entre todos los mejores hombres de Israel, y los puso en orden de batalla contra los arameos.
Al resto del pueblo lo colocó al mando de su hermano Abisai y lo puso en orden de batalla contra los amonitas.
Y dijo: «Si los arameos son demasiado fuertes para mí, entonces tú me ayudarás, y si los amonitas son demasiado fuertes para ti, entonces vendré en tu ayuda.
»Esfuérzate, y mostrémonos valientes por amor a nuestro pueblo y por amor a las ciudades de nuestro Diosa; y que el Señor haga lo que le parezca bien1b».
Entonces Joab se acercó con el pueblo que estaba con él para pelear contra los arameos, y estos huyeron delante de éla.
Cuando los amonitas vieron que los arameos huían, ellos también huyeron delante de Abisai y entraron en la ciudad. Entonces Joab se volvió de pelear contra los amonitas y vino a Jerusaléna.
Al ver los arameos que habían sido derrotados por1 Israel, volvieron a concentrarse.
Hadad Ezer mandó sacar a los arameos que estaban al otro lado del Río1 y fueron a Helam; y Sobaca, comandante del ejército de Hadad Ezer, iba al frente de ellosb.
Cuando se dio aviso a David, este reunió a todo Israel, cruzó el Jordán y llegó a Helam. Los arameos se pusieron en orden de batalla para enfrentarse a David, y pelearon contra él.
Pero los arameos huyeron delante de Israel, y David mató a 700 hombres de los carros de los arameos, y a 40,000 hombres de a caballo, e hirió a Sobac, comandante de su ejércitoa, el cual murió allí.
Cuando todos los reyes, siervos de Hadad Ezer, vieron que habían sido derrotados por Israel, hicieron la paz con Israel y le sirvierona. Y los arameos tuvieron temor de ayudar más a los amonitas.
David y Betsabé
Aconteció que en la primavera1, en el tiempo cuando los reyes salen a la batalla, David envió a Joab y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitasa y sitiaron a Rabáb. Pero David permaneció en Jerusalénc.
Al atardecer David se levantó de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa del rey, y desde el terradoa vio a una mujer que se estaba bañando; y la mujer era de aspecto muy hermoso.
David mandó a preguntar acerca de aquella mujer. Y alguien dijo: «¿No es esta Betsabé, hija de Eliama, mujer de Urías el hititab?».
David envió mensajeros y la tomaron; y cuando ella vino a él, él durmió con ellaa. Después que ella se purificó de su inmundiciab, regresó a su casa.
Y Betsabé concibió; y envió aviso a David diciéndole: «Estoy encintaa».
Entonces David envió a decir a Joab: «Envíame a Urías el hitita». Y Joab envió a Urías a David.
Cuando Urías vino a él, David le preguntó por1 Joaba, por1 el pueblo y por el estado de la guerra.
Después dijo David a Urías: «Desciende a tu casa, y lava tus piesa». Salió Urías de la casa del rey, y tras él fue enviado1 un obsequio del rey.
Pero Urías durmió a la entrada de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no bajó a su casaa.
Cuando se lo contaron a David, le dijeron: «Urías no bajó a su casa», David dijo a Urías: «¿No has venido de hacer un viaje? ¿Por qué no bajaste a tu casa?».
Urías respondió a David: «El arca, Israel y Judá están bajo tiendas1a, y mi señor Joab y los siervos de mi señor acampan a campo abiertob. ¿He de ir yo a mi casa para comer, beber y acostarme con mi mujer? Por su vida y la vida de su alma, que no haré tal cosa».
Entonces David dijo a Urías: «Quédate aquí hoy también, y mañana te dejaré ira». Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente1.
Y David lo convidó a comer y a beber con él1, y lo embriagóa. Al anochecer Urías salió a acostarse en su cama con los siervos de su señor, pero no descendió a su casab.
A la mañana siguiente, David escribió una cartaa a Joab, y la envió por mano de Urías.
En la carta había escrito1: «Pongan2 a Urías al frente de la batalla más reñida3 y retírense de él, para que sea herido y mueraa».
Así que cuando Joab asediaba la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que había hombres valientes.
Y los hombres de la ciudad salieron y pelearon contra Joab, y algunos de los siervos de David cayeron, y murió también Urías el hititaa.
Joab envió a informar a David de todos los sucesos de la guerra,
y dio orden al mensajero: «Cuando hayas acabado de contar al rey todos los sucesos de la guerra,
si sucede que el furor del rey se enciende1 y te dice: “¿Por qué se acercaron tanto a la ciudad para pelear? ¿No sabían que dispararían desde el muro?
”¿Quién mató a Abimelec, hijo de Jerobaal? ¿No arrojó una mujer sobre él una muela de molino1 desde lo alto del muro de manera que murió en Tebesa? ¿Por qué se acercaron tanto al muro?”. Entonces le dirás: “También su siervo Urías el hitita ha muerto”».
Partió, pues, el mensajero, y llegó e informó a David todo lo que Joab le había enviado a decir.
Y el mensajero dijo a David: «Los hombres prevalecieron contra nosotros y salieron al campo contra nosotros, pero los rechazamos1 hasta la entrada de la puerta.
»Pero los arqueros tiraron contra sus siervos desde la muralla; y algunos de los siervos del rey han muerto, y también su siervo Urías el hitita ha muerto».
Entonces David dijo al mensajero: «Así dirás a Joab: “No tengas pesar por esto1, porque la espada devora tanto a uno como al otro. Haz más fuerte tu combate contra la ciudad y destrúyela”; y tú aliéntalo».
Al oír la mujer de Urías que su marido Urías había muerto, hizo duelo por su maridoa.
Cuando pasó el luto, David mandó traerla1 a su casa, y ella fue su mujer; y dio a luz un hijo. Pero lo que David había hecho fue malo a los ojos del Señora.
Natán reprende a David
Entonces el Señor envió a Natán a Davida. Y Natán vino a élb y le dijo:
«Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre.
»El rico tenía muchas ovejas y vacas.
»Pero el pobre no tenía más que una corderita
Que él había comprado y criado,
La cual había crecido junto con él y con sus hijos.
Comía de su pan1, bebía de su copa y dormía en su seno,
Y era como una hijaa para él.
»Vino un viajero a visitar al hombre rico
Y este no quiso1 tomar de sus ovejas ni de sus vacas
Para preparar comida para el caminante que había venido a él,
Sino que tomó la corderita de aquel hombre pobre y la preparó para el hombre que había venido a visitarlo».
Y se encendió la ira de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: «Vive el Señor, que ciertamente el hombre que hizo esto merece morir1a;
y debe pagar cuatro vecesa por la cordera, porque hizo esto y no tuvo compasión».
Entonces Natán dijo a David: «Tú eres aquel…
This passage has been shortened. Keep reading 2º Samuel 9–20 in Logos
Footnotes
- 1 el campo.
- 2 padre.
- 3 comerás pan.
- 1 hijo.
- 1 hijo.
- 2 comerá pan.
- 1 a mi mesa.
- 1 por mano.
- 1 En tus ojos está David.
- 1 Vuélvanse a.
- 1 puerta.
- 1 los frentes de la batalla estaban contra él.
- 1 lo bueno en sus ojos.
- 1 heridos delante de.
- 1 el Éufrates.
- 1 al regreso del año.
- 1 por el bienestar de.
- 1 salió.
- 1O enramadas.
- 1 y mañana.
- 1 Lo llamó y bebió y comió en su presencia.
- 1 escrito, diciendo.
- 2 Den.
- 3 fuerte.
- 1 se sube.
- 1O piedra de moler.
- 1 estuvimos sobre ellos.
- 1 No sea esto malo ante tus ojos.
- 1 recogerla.
- 1 bocado.
- 1 y se abstuvo de.
- 1 es un hijo de muerte.
Cross references
- a1 Sam. 20:14–17, 42
- a2 Sam. 16:1–4; 19:17, 29
- a1 Sam. 20:14
- b2 Sam. 4:4
- a2 Sam. 17:27–29
- a1 Sam. 25:23; 2 Sam. 16:4; 19:24–30
- a2 Sam. 9:1, 3
- b2 Sam. 12:8
- c2 Sam. 19:28; 1 Rey. 2:7; 2 Rey. 25:29
- a2 Sam. 16:9; 24:14
- a2 Sam. 16:4; 19:29
- a2 Sam. 9:7, 11, 13; 19:28; 1 Rey. 2:7
- a2 Sam. 16:1–4; 19:24–30
- a2 Sam. 9:7, 11
- b2 Sam. 9:3
- a2 Sam. 10:1–19: 1 Crón. 19:1–19
- b1 Sam. 11:1
- a1 Sam. 11:1
- aGn. 42:9, 16
- aIsa. 15:2; Jer. 41:5
- bIsa. 20:4
- aGn. 34:30; 1 Sam. 27:12
- bJue. 18:28
- c2 Sam. 8:3
- dDt. 3:14
- e2 Sam. 8:3, 5; 2 Rey. 7:6
- a1 Crón. 19:9
- bJue. 11:3, 5
- aDt. 31:6; Jos. 1:6; 1 Cor. 16:13
- b1 Sam. 3:18
- a1 Rey. 20:13–21
- a2 Sam. 11:1
- a2 Sam. 8:3–8
- b1 Crón. 19:16
- a1 Crón. 19:18
- a2 Sam. 8:6
- a2 Sam. 10:14; 1 Rey. 20:22, 26
- b2 Sam. 12:26–29; Jer. 49:2, 3; Amós 1:14
- c1 Crón. 20:1
- aDt. 22:8; 1 Sam. 9:25; Mat. 24:17; Hech. 10:9
- a1 Crón. 3:5
- b2 Sam. 23:39
- aSal. 51:Subtítulo; Sant. 1:14, 15
- bLev. 12:2–5; 15:18–28; 18:19
- aLev. 20:10; Dt. 22:22
- aGn. 37:14; 1 Sam. 17:22
- aGn. 43:24; Luc. 7:44
- a1 Rey. 14:27, 28
- a2 Sam. 7:2, 6
- b2 Sam. 20:6
- aJob 20:12–14
- aPrv. 20:1; 23:29–35
- b2 Sam. 11:9
- a1 Rey. 21:8–10
- a2 Sam. 12:9; Ecl. 8:11; Jer. 17:9
- a2 Sam. 11:21
- aJue. 9:50–54
- aGn. 50:10; Dt. 34:8; 1 Sam. 31:13
- a2 Sam. 12:9; Sal. 51:4, 5
- a2 Sam. 7:2, 4, 17
- bSal. 51:Subtítulo
- a2 Sam. 11:3
- a1 Sam. 26:16
- aEx. 22:1; Luc. 19:8
Copyright 2005 por The Lockman Foundation