Mateo 10–15
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- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Capitulo 10
Llamamiento de los doce apóstoles
Entonces llamando a sus doce discípulosa, Jesús les dio poder1 sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y para sanar toda enfermedad y toda dolenciab.
2aY los nombres de los doce apóstoles son estos: primero, Simónb, llamado Pedro, y Andrés su hermanoc; y Jacobo1d, el hijo de Zebedeo, y Juan2 su hermano;
3Felipe y Bartolomé1a; Tomásb y Mateoc, el recaudador de impuestos2; Jacobo3d, el hijo de Alfeo, y Tadeoe;
4Simón el cananita1, y Judas Iscariotea, el que también le entregó.
Jesús envía a los doce
5A estos docea envió Jesús después de instruirlos, diciendo: No vayáis por1 el camino de los gentiles, y no entréis en ninguna ciudad de los samaritanosb.
6Sino id más bien a las ovejas perdidasa de la casa de Israel.
7Y cuando vayáis, predicad diciendo: «El reino de los cielos se ha acercadoa».
8Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios; de gracia1 recibisteis, dad de gracia1.
9aNo os proveáis de oro, ni de plata, ni de cobre para llevar en vuestros cintos,
10ni de alforja1 para el camino, ni de dos túnicas2, ni de sandalias, ni de bordón; porque el obrero es digno de su sostén3a.
11Y en cualquier ciudad o aldea donde entréis, averiguad quién es digno en ella, y quedaos allí hasta que os marchéis.
12Al entrar en la casa, dadle vuestro saludo de paza.
13Y si la casa es digna, que vuestro saludo de paz venga sobre ella; pero si no es digna, que vuestro saludo de paz se vuelva a vosotros.
14Y cualquiera que no os reciba ni oiga vuestras palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudid el polvo de vuestros piesa.
15En verdad os digo que en el día del juicioa será más tolerable el castigob para la tierra de Sodoma y Gomorrac que para esa ciudad.
Advertencias a los doce
16Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobosa; por tanto, sed1 astutos como las serpientesb e inocentes como las palomasc.
17Pero cuidaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales1a y os azotarán en sus sinagogasb;
18y hasta seréis llevados delante de gobernadores y reyes por mi causa, como un testimonio a ellos y a los gentiles.
19aPero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué hablaréis; porque a esa hora se os dará lo que habréis de hablarb.
20Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotrosa.
21Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijoa; y los hijos se levantarán contra los padresb, y les causarán la muerte1.
22Y seréis odiados de todos por causa de mi nombrea, pero el que persevere hasta el fin, ese será salvob.
23Pero cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otraa; porque en verdad os digo: no terminaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombreb.
Palabras de aliento a los doce
24Un discípulo1 no está por encima del maestro, ni un siervo por encima de su señora.
25Le basta al discípulo llegar a ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al dueño de la casaa lo han llamado Beelzebúb, ¡cuánto más a los de su casa!
26aAsí que no les temáis, porque nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberseb.
27Lo que os digo en la oscuridad, habladlo en la luza; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteasb.
28Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien temed a aquela que puede hacer perecer1 tanto el alma como el cuerpo en el infierno2b.
29¿No se venden dos pajarillos1 por un cuarto2a? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre.
30Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contadosa.
31Así que no temáis; vosotros valéis más que muchos pajarillos1a.
32Por tanto, todo el que me1 confiese delante de los hombres, yo también le2 confesaré delante de mi Padre que está en los cielosa.
33Pero cualquiera que me niegue delante de los hombresa, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
El costo del discipulado
34aNo penséis que vine a traer1 paz a la tierra; no vine a traer1 paz, sino espada.
35Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegraa;
36y los enemigos del hombre serán los de su misma casaa.
37El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mía.
38Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mía.
39El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallaráa.
40El que os recibe a vosotros, a mí me recibea; y el que me recibe a mí, recibe al que me enviób.
41El que recibe a un profeta como1 profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo como1 justo, recibirá recompensa de justoa.
42Y cualquiera que como1 discípulo dé de beber aunque solo sea un vaso de agua fría a uno de estos pequeños2, en verdad os digo que no perderá su recompensaa.
Capitulo 11
Jesús sale a enseñar y predicar
Y sucedió que cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulosa, se fue de allí a enseñar y predicar1 en las ciudades de ellosb.
Jesús y los discípulos de Juan
2aY al oír Juan en la cárcel de las obras de Cristo1, mandó por medio de sus discípulos
3a decirle: ¿Eres tú el que ha de venir1a, o esperaremos a otro?
4Y respondiendo Jesús, les dijo: Id y contad a Juan lo que oís y veis:
5los ciegos reciben la vista y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyena, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelio1b.
6Y bienaventurado es el que no se escandaliza de mía.
Jesús habla de Juan el Bautista
7Mientras ellos se marchaban, Jesús comenzó a hablar a las multitudes acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver en el desiertoa? ¿Una caña sacudida por el viento?
8Mas, ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que usan ropas finas están en los palacios1 de los reyes.
9Pero, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profetaa? Sí, os digo, y uno que es más que un profeta.
10Este es de quien está escrito:
«He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz,
quien preparará tu camino delante de tia».
11En verdad os digo que entre los nacidos de mujer1 no se ha levantado nadie mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.
12Y desde los días de Juan el Bautistaa hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia1, y los violentos lo conquistan por la fuerza2.
13Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.
14Y si queréis aceptarlo, él es Elíasa, el que había de venir1.
15El que tiene oídos1, que oigaa.
16Pero, ¿con qué compararé a esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, que dan voces a los otros,
17y dicen: «Os tocamos la flauta, y no bailasteis; entonamos endechas, y no os lamentasteis1».
18Porque vino Juan que no comíaa ni bebíab, y dicen: «Tiene un demonioc».
19Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: «Mirad, un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos1 y de pecadoresa». Pero2 la sabiduría se justifica por sus hechos3.
Ayes sobre ciudades de Galilea
20Entonces comenzó a increpar a las ciudades en las que había hecho la mayoría de sus milagros1, porque no se habían arrepentidoa.
21¡aAy de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaidab! Porque si los milagros1 que se hicieron en vosotras se hubieran hecho en Tiro y en Sidónc, hace tiempo que se hubieran arrepentido en cilicio y cenizad.
22Por eso os digo que en el día del juicioa será más tolerableb el castigo para Tiro y Sidón que para vosotras.
23Y tú, Capernaúma, ¿acaso serás elevada hasta los cielos? ¡Hasta el Hades1b descenderás2c! Porque si los milagros3 que se hicieron en ti se hubieran hecho en Sodomad, esta hubiera permanecido hasta hoy.
24Sin embargo, os digo que en el día del juicioa será más tolerableb el castigo para la tierra de Sodoma que para ti.
La gran invitación
25aEn aquel tiempo1, hablando2 Jesús, dijo: Te alabo3, Padreb, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentesc, y las revelaste a los niños.
26Sí, Padrea, porque así fue de tu agrado.
27Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padrea; y nadie conoce1 al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce1 al Padre, sino el Hijob, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
28Venid a mí, todos los que estáis cansados1 y cargados, y yo os haré descansara.
29Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mía, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almasb.
30Porque mi yugo es fácil1 y mi carga ligeraa.
Capitulo 12
Jesús, Señor del día de reposo
aPor aquel tiempo1 Jesús pasó por entre los sembrados en el día de reposo; sus discípulos tuvieron hambre, y empezaron a arrancar espigasb y a comer.
2Y cuando lo vieron los fariseos, le dijeron: Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposoa.
3Pero Él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
4cómo entró en la casa de Dios y comieron los panes consagrados1a, que no les era lícito comer, ni a él ni a los que estaban con él, sino solo a los sacerdotes?
5¿O no habéis leído en la ley, que en los días de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo y están sin culpa?
6Pues os digo que algo1 mayor que el templo está aquía.
7Pero si hubierais sabido lo que esto significa1: «Misericordia2 quiero y no sacrificioa», no hubierais condenado a los inocentes.
8Porque el Hijo del Hombrea es Señor del día de reposo.
Jesús sana al hombre de la mano seca
9aPasando de allí, entró en la sinagoga de ellos.
10Y he aquí, había allí un hombre que tenía una mano seca. Y para poder acusarle, le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposoa?
11Y Él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros que tenga una sola oveja, si esta se le cae en un hoyo en día de reposo, no le echa mano y la sacaa?
12Pues, ¡…
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Notas al pie
- 1O, autoridad
- 1O, Santiago
- 2Gr., Ioannes; heb., Johanan
- 1I.e., hijo de Tolomeo
- 2O, publicano; i.e., uno que explotaba la recaudación de los impuestos romanos
- 3O, Santiago
- 1O, el zelote; i.e., miembro de un grupo radical
- 1O, No os apartéis hacia
- 1O, gratuitamente
- 1O, mochila, o, bolsa
- 2I.e., ropa interior
- 3, alimento o sustento
- 1O, mostraos
- 1O, sanedrines, o, concilios
- 1O, los matarán
- 1O, alumno
- 1O, destruir
- 2Gr., guéenna
- 1O, gorriones
- 2Gr., assarion; equivale a 1/16 denario
- 1O, gorriones
- 1, por mí
- 2, por él
- 1, a echar
- 1, en nombre de
- 1, en nombre de
- 2O, humildes
- 1O, proclamar
- 1I.e., el Mesías
- 1, el que viene; véase Juan 11:27 y nota
- 1O, las buenas nuevas
- 1, las casas
- 1, mujeres
- 1O, al reino de los cielos se entra por la fuerza
- 2O, lo toman para sí
- 1O, que ha de venir
- 1Algunos antiguos dicen: oídos para oír
- 1, no os golpeasteis el pecho
- 1O, publicanos; i.e., los que explotaban la recaudación de los impuestos romanos
- 2, Y
- 3Algunos dicen: hijos
- 1O, hechos poderosos
- 1O, hechos poderosos
- 1I.e., región de los muertos
- 2Algunos antiguos dicen: serás hundida
- 3O, hechos poderosos
- 1O, aquella ocasión
- 2, respondiendo
- 3O, reconozco para tu gloria
- 1O, conoce perfectamente
- 1O, exhaustos de tanto trabajar
- 1O, agradable, o, suave
- 1O, aquella ocasión
- 1, los panes de la proposición
- 1O, uno, y así en los vers. 41 y 42
- 1, es
- 2O, Compasión
Referencias cruzadas
- aMar. 3:13–15; 6:7
- bMat. 9:35; Luc. 9:1
- aMat. 10:2–4; Mar. 3:16–19; Luc. 6:14–16; Hech. 1:13
- bMat. 4:18
- cMat. 4:18
- dMat. 4:21
- aJuan 1:43 y sig.
- bJuan 11:16; 14:5; 20:24 y sig.; 21:2
- cMat. 9:9
- dMar. 15:40
- eMar. 3:18; Luc. 6:16; Hech. 1:13
- aMat. 26:14; Luc. 22:3; Juan 6:71; 13:2, 26
- aMar. 6:7; Luc. 9:2
- b2 Rey. 17:24 y sig.; Luc. 9:52; 10:33; 17:16; Juan 4:9, 39, 40; 8:48; Hech. 8:25
- aMat. 15:24
- aMat. 3:2
- aMat. 10:9–15; Mar. 6:8–11; Luc. 9:3–5; 10:4–12; 22:35
- a1 Cor. 9:14; 1 Tim. 5:18
- a1 Sam. 25:6; Sal. 122:7, 8
- aHech. 13:51
- aMat. 7:22; 11:22, 24; 12:36; Hech. 17:31; 1 Tes. 5:4; Heb. 10:25; 2 Ped. 2:9; 3:7; 1 Jn. 4:17; Jud. 6
- bMat. 11:22, 24
- cMat. 11:24; 2 Ped. 2:6; Jud. 7
- aLuc. 10:3
- bGén. 3:1; Mat. 24:45; Rom. 16:19
- cOs. 7:11
- aMat. 5:22
- bMat. 23:34; Mar. 13:9; Luc. 12:11; Hech. 5:40; 22:19; 26:11
- aMat. 10:19–22; Mar. 13:11–13; Luc. 21:12–17
- bMat. 6:25; Luc. 12:11, 12
- aLuc. 12:12; Hech. 4:8; 13:9; 2 Cor. 13:3
- aMat. 10:35, 36
- bMiq. 7:6
- aMat. 24:9; Juan 15:18 y sig.
- bMat. 24:13; Mar. 13:13
- aMat. 23:34
- bMat. 16:27, 28
- aLuc. 6:40; Juan 13:16; 15:20
- aMat. 9:34
- b2 Rey. 1:2; Mat. 12:24, 27; Mar. 3:22; Luc. 11:15, 18, 19
- aMat. 10:26–33; Luc. 12:2–9
- bMar. 4:22; Luc. 8:17; 12:2; 1 Cor. 4:5
- aLuc. 12:3
- bMat. 24:17; Hech. 5:20
- aHeb. 10:31
- bMat. 5:22; Luc. 12:5
- aLuc. 12:6
- a1 Sam. 14:45; 2 Sam. 14:11; 1 Rey. 1:52; Luc. 21:18; Hech. 27:34
- aMat. 12:12
- aLuc. 12:8; Apoc. 3:5
- aMar. 8:38; Luc. 9:26; 2 Tim. 2:12
- aMat. 10:34, 35; Luc. 12:51–53
- aMiq. 7:6; Mat. 20:21; Luc. 12:53
- aMiq. 7:6; Mat. 10:21
- aDeut. 33:9; Luc. 14:26
- aMat. 16:24; Mar. 8:34; Luc. 9:23; 14:27
- aMat. 16:25; Mar. 8:35; Luc. 9:24; 17:33; Juan 12:25
- aMat. 18:5; Luc. 10:16; Juan 13:20; Gál. 4:14
- bMar. 9:37; Luc. 9:48; Juan 12:44
- aMat. 25:44–46
- aMat. 25:40; Mar. 9:41
- aMat. 7:28
- bMat. 9:35; Luc. 23:5
- aMat. 11:2–19; Luc. 7:18–35; Mat. 4:12; 14:3; Mar. 6:17; Luc. 9:7, 8
- aSal. 118:26; Mat. 11:10; Juan 6:14; 11:27; Heb. 10:37
- aIsa. 35:5, 6; Mat. 8:3; 12:13
- bIsa. 61:1; Luc. 4:18
- aMat. 5:29; 13:57; 24:10; 26:31; Mar. 6:3; Juan 6:61; 16:1
- aMat. 3:1
- aMat. 14:5; 21:26; Luc. 1:76; 20:6
- aMal. 3:1; Mar. 1:2
- aLuc. 16:16
- aMal. 4:5; Mat. 17:10–13; Mar. 9:11–13; Luc. 1:17; Juan 1:21
- aMat. 13:9, 43; Mar. 4:9, 23; Luc. 8:8; 14:35; Apoc. 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22; 13:9
- aMat. 3:4
- bLuc. 1:15
- cMat. 9:34; Juan 7:20; 8:48, 49, 52; 10:20
- aMat. 9:11; Luc. 5:29–32; 15:2
- aLuc. 10:13–15
- aMat. 11:21–23; Luc. 10:13–15
- bMar. 6:45; 8:22; Luc. 9:10; Juan 1:44; 12:21
- cMat. 11:22; 15:21; Mar. 3:8; 7:24, 31; Luc. 4:26; 6:17; Hech. 12:20; 27:3
- dApoc. 11:3
- aMat. 10:15; 11:24
- bMat. 10:15; 12:36; Apoc. 20:11, 12
- aMat. 4:13
- bMat. 16:18; Luc. 10:15; 16:23; Hech. 2:27, 31; Apoc. 1:18; 6:8; 20:13, 14
- cIsa. 14:13, 15; Ezeq. 26:20; 31:14; 32:18, 24
- dMat. 10:15
- aMat. 10:15
- bMat. 10:15; 11:22
- aMat. 11:25–27; Luc. 10:21, 22
- bLuc. 22:42; 23:34; Juan 11:41; 12:27, 28
- cSal. 8:2; 1 Cor. 1:26 y sig.
- aLuc. 22:42; 23:34; Juan 11:41; 12:27, 28
- aMat. 28:18; Juan 3:35; 13:3; 17:2
- bJuan 7:29; 10:15; 17:25
- aJer. 31:25; Juan 7:37
- aJuan 13:15; Ef. 4:20; Fil. 2:5; 1 Ped. 2:21; 1 Jn. 2:6
- bJer. 6:16
- a1 Jn. 5:3
- aMat. 12:1–8; Mar. 2:23–28; Luc. 6:1–5
- bDeut. 23:25
- aMat. 12:10; Luc. 13:14; 14:3; Juan 5:10; 7:23; 9:16
- a1 Sam. 21:6
- a2 Crón. 6:18; Isa. 66:1, 2; Mat. 12:41, 42
- aOs. 6:6; Mat. 9:13
- aMat. 8:20; 12:32, 40
- aMat. 12:9–14; Mar. 3:1–6; Luc. 6:6–11
- aMat. 12:2; Luc. 13:14; 14:3; Juan 5:10; 7:23; 9:16
- aLuc. 14:5
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