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Hechos de los Apóstoles 4–5

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Capitulo 4

Arresto de Pedro y Juan

Mientras ellos hablaban al pueblo, se les echaron encimaa los sacerdotes, el capitán de la guardia del templob, y los saduceosc,

2indignados porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en1 Jesús la resurrección de entre los muertosa.

3Les echaron mano, y los pusieron en la cárcela hasta el día siguiente, pues ya era tarde.

4Pero muchos de los que habían oído el mensaje1 creyeron, llegando el número de los hombres como a cinco mila.

Pedro y Juan ante el concilio

5Y sucedió que al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus gobernantes, ancianosa y escribas;

6estaban allí el sumo sacerdote Anás, Caifása, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes.

7Y habiéndolos puesto en medio de ellos, les interrogaban: ¿Con qué poder1, o en qué nombre, habéis hecho esto?

8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santoa, les dijo: Gobernantes y ancianosb del pueblo1,

9si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera1 este ha sido sanado2a,

10sabed todos vosotros, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazarenoa, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertosb, por Él1, este hombre se halla aquí sano delante de vosotros.

11Este Jesúsa es la piedrab desechadac por vosotros los constructores, pero que ha venido a ser la piedra angular1.

12Y en ningún otroa hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser1 salvos.

Amenazados y puestos en libertad

13Al ver la confianzaa de Pedro y de Juanb, y dándose cuenta de que eran hombres sin letras y sin preparaciónc, se maravillaban, y reconocían que ellos habían estado con Jesús.

14Y viendo junto a ellos de pie al hombre que había sido sanado, no tenían nada que decir en contra.

15Pero habiéndoles ordenado salir fuera del concilio1a, deliberaban entre sí,

16diciendo: ¿Qué haremosa con estos hombres? Porque el hecho de que un milagro1 notable ha sido realizado por medio de ellosb es evidente a todos los que viven en Jerusalén, y no podemos negarlo.

17Mas a fin de que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen más a hombre alguno en este nombrea.

18Cuando los llamaron, les ordenaron no hablar ni enseñar en el nombre de Jesúsa.

19Mas respondiendo Pedro y Juana, les dijeron: Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Diosb;

20porque nosotros no podemos dejar de decira lo que hemos visto y oído.

21Y ellos, después de amenazarlos otra vez, los dejaron ir (no hallando la manera de castigarlos) por causa del puebloa, porque todos glorificaban a Diosb por lo que había acontecido;

22porque el hombre en quien se había realizado este milagro1 de sanidad tenía más de cuarenta años.

Oración de la iglesia

23Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.

24Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh, Señor1, tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos haya,

25el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre Davida, tu siervo, dijiste:

¿bPor que se enfurecieron los gentiles1,

y los pueblos tramaron cosas vanas?

26Se presentaron los reyes de la tierra,

y los gobernantes se juntaron a una

contra el Señor y contra su Cristo1a.

27Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodesa como Poncio Pilatob, juntamente con los gentiles1c y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo2 Jesúsd, a quien tú ungiste,

28para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucedieraa.

29Y ahora1, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianzaa,

30mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales1 y prodigiosa mediante el nombre de tu santo siervo2 Jesúsb.

31Después que oraron, el lugar donde estaban reunidosa tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santob y hablaban la palabra de Dios con valorc.

Todas las cosas en común

32La congregación1 de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad comúna.

33Con gran poder los apóstoles daban testimonioa de la resurrección del Señor Jesús1b, y abundante gracia había sobre todos ellos.

34No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casasa las vendían, traían el precio de lo vendido,

35y lo depositaban a los pies de los apóstolesa, y se distribuía a cada uno según su necesidadb.

36Y José, un levita natural de Chiprea, a quien también los apóstoles llamaban Bernabéb (que traducido significa hijo de consolación1c),

37poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstolesa.

Capitulo 5

Castigo de Ananías y Safira

Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una propiedad,

2y se quedó con parte del precioa, sabiéndolo también su1 mujer; y trayendo la otra2 parte, la puso a los pies de los apóstolesb.

3Mas Pedro dijo: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanása tu corazón para mentir al Espíritu Santob, y quedarte con parte del precioc del terreno?

4Mientras estaba sin venderse, ¿no te pertenecía? Y después de vendida, ¿no estaba bajo tu poder? ¿Por qué concebiste1 este asunto en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Diosa.

5Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiróa; y vino un gran temor sobre todos los que lo supieron1b.

6Y los jóvenes1 se levantaron y lo cubrierona, y sacándolo, le dieron sepultura.

7Después de un lapso como de tres horas entró su mujer, no sabiendo lo que había sucedido.

8Y Pedro le preguntó1: Dime, ¿vendisteis el terreno en tanto? Y ella dijo: Sí, ese fue el precio2a.

9Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para poner a pruebaa al Espíritu del Señorb? Mira, los pies de los que sepultaron a tu marido están a la puerta, y te sacarán también a ti.

10Al instante ella cayó a los pies de él, y expiróa. Al entrar los jóvenes, la hallaron muerta, y la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido.

11Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que supieron1 estas cosasa.

Muchas señales y prodigios

12Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales1 y prodigiosa entre el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomónb.

13Pero ninguno de los demás se atrevía a juntarse con ellos; sin embargo, el pueblo los tenía en gran estimaa.

14Y más y más creyentesa en el Señor, multitud de hombres y de mujeres, se añadían constantemente al número de ellosb,

15a tal punto que aun sacaban los enfermos a las calles y los tendían en lechos y camillas, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cayera sobre alguno de ellosa.

16También la gente1 de las ciudades en los alrededores de Jerusalén acudía trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos, y2 todos eran sanados.

En la cárcel y libres otra vez

17Pero levantándose el sumo sacerdote, y todos los que estaban con él (es decir, la sectaa de los saduceosb), se llenaron de celo,

18y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en una cárcel públicaa.

19Pero un ángel del Señora, durante la noche, abrió las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo:

20Id, y puestos de pie en el templo, hablad1 al pueblo todo el mensaje2a de esta Vida.

21Habiendo oído esto, entraron al amanecer en el templo y enseñabana. Cuando llegaron el sumo sacerdoteb y los que estaban con él, convocaron al concilio1c, es decir2, a todo el senado de los hijos de Israel, y enviaron órdenes a la cárcel para que los trajeran.

22Pero los alguacilesa que fueron no los encontraron en la cárcel; volvieron, pues, e informaron,

23diciendo: Encontramos la cárcel cerrada con toda seguridad y los guardias de pie a las puertas; pero cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.

24Cuando oyeron estas palabras el capitán de la guardia del temploa y los principales sacerdotes, se quedaron muy perplejos a causa de ellos, pensando en qué terminaría aquello1.

25Pero alguien se presentó y les informó: Mirad, los hombres que pusisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo.

26Entonces el capitána fue con los alguacilesb y los trajo sin violencia (porque temíanc al pueblo, no fuera que los apedrearan).

27Cuando los trajeron los pusieron ante1 el concilio2a, y el sumo sacerdote los interrogó,

28diciendo: Os dimos órdenes estrictas de no continuar enseñando en este nombrea, y he aquí, habéis llenado a Jerusalén con vuestras enseñanzas, y queréis traer sobre nosotros la sangre de este hombreb.

29Mas respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Debemos obedecer a Dios antes que a los hombresa.

30El Dios de nuestros padresa resucitó a Jesúsb, a quien vosotros habíais matado1 colgándole en una cruz2c.

31A este Dios exaltó a1 su diestraa como Príncipe2b y Salvadorc, para dar arrepentimiento a Israel, y perdón de pecadosd.

32Y nosotros somos testigos1 de estas cosasa; y también el Espíritu Santob, el cual Dios ha dado a los que le obedecen.

El consejo de Gamaliel

33Cuando ellos oyeron esto, se sintieron profundamente ofendidos1a y querían matarlos.

34Pero cierto fariseo llamado Gamaliela, maestrob de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el concilio1c y ordenó que sacaran fuera a los hombres por un momento.

35Y les dijo: Varones de Israel, tened cuidado de lo que vais a hacer con estos hombres.

36Porque hace algún tiempo Teudas se levantó pretendiendo ser alguiena; y un grupo como de cuatrocientos hombres se unió a él. Y1 fue muerto, y todos los que lo seguían2 fueron dispersos y reducidos a nada.

37Después de él, se levantó Judas de Galilea en los días del censoa, y llevó mucha gente tras sí; él también pereció, y todos los que lo seguían1 se dispersaron.

38Por tanto, en este caso os digo: no tengáis nada que ver con1 estos hombres y dejadlos en paz, porque si este plan o acción2 es de los…

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Footnotes

  1. 1O, en el caso de
  2. 1O, la palabra
  3. 1O, autoridad
  4. 1Algunos agregan: de Israel
  5. 1O, por quién
  6. 2, salvado
  7. 1O, éste
  8. 1, cabeza del ángulo
  9. 1, es necesario que seamos
  10. 1O, Sanedrín
  11. 1O, una señal
  12. 1O, esta señal
  13. 1O, Dueño
  14. 1O, las naciones
  15. 1O, Ungido; i.e., Mesías
  16. 1O, las naciones
  17. 2O, Hijo
  18. 1O, en cuanto lo que sucede ahora
  19. 1O, milagros
  20. 2O, Hijo
  21. 1O, multitud
  22. 1Algunos antiguos agregan: Cristo
  23. 1O, exhortación, o, estímulo
  24. 1O, con la complicidad de su
  25. 2, cierta
  26. 1O, pusiste
  27. 1, oyeron
  28. 1, más jóvenes
  29. 1, respondió
  30. 2, en tanto
  31. 1, oyeron
  32. 1O, milagros
  33. 1, multitud
  34. 2, los cuales
  35. 1O, continuad hablando
  36. 2, todas las palabras
  37. 1O, Sanedrín
  38. 2, y
  39. 1, qué llegaría a ser esto
  40. 1, en
  41. 2O, Sanedrín
  42. 1O, sobre quien habíais puesto manos violentas
  43. 2, un madero
  44. 1O, con
  45. 2O, Líder
  46. 1Algunos agregan: en Él, o, suyos
  47. 1, aserrados
  48. 1O, Sanedrín
  49. 1, Quien
  50. 2, obedecían
  51. 1, obedecían
  52. 1O, alejaos de
  53. 2U, obra

Cross references

  1. aLuc. 20:1; Hech. 6:12
  2. bLuc. 22:4
  3. cMat. 3:7
  4. aHech. 3:15; 17:18
  5. aHech. 5:18
  6. aHech. 2:41
  7. aLuc. 23:13; Hech. 4:8
  8. aMat. 26:3; Luc. 3:2
  9. aHech. 2:4; 13:9
  10. bLuc. 23:13; Hech. 4:5
  11. aHech. 3:7, 8
  12. aHech. 2:22; 3:6
  13. bHech. 2:24
  14. aMat. 21:42
  15. bSal. 118:22
  16. cMar. 9:12
  17. aMat. 1:21; Hech. 10:43; 1 Tim. 2:5
  18. aHech. 4:31
  19. bLuc. 22:8; Hech. 4:19
  20. cJuan 7:15
  21. aMat. 5:22
  22. aJuan 11:47
  23. bHech. 3:7–10
  24. aJuan 15:21
  25. aHech. 5:28
  26. aHech. 4:13
  27. bHech. 5:29
  28. a1 Cor. 9:16
  29. aHech. 5:26
  30. bMat. 9:8
  31. aEx. 20:11; Neh. 9:6; Sal. 146:6
  32. aHech. 1:16
  33. bSal. 2:1
  34. aSal. 2:2; Dan. 9:24, 25; Luc. 4:18; Hech. 10:38; Heb. 1:9
  35. aMat. 27:2; Luc. 23:7–12
  36. bMat. 20:19
  37. cHech. 3:13; 4:30
  38. dMat. 14:1; Mar. 15:1; Luc. 23:1; Juan 18:28, 29
  39. aHech. 2:23
  40. aHech. 4:13, 31; 14:3; Fil. 1:14
  41. aJuan 4:48
  42. bHech. 3:13; 4:27
  43. aHech. 2:1
  44. bHech. 2:4
  45. cHech. 4:13; 14:3; Fil. 1:14
  46. aHech. 2:44
  47. aHech. 1:8
  48. bLuc. 24:48
  49. aMat. 19:21; Hech. 2:45
  50. aHech. 4:37; 5:2
  51. bHech. 2:45; 6:1
  52. aHech. 11:19, 20; 13:4; 15:39; 21:3, 16; 27:4
  53. bHech. 9:27; 11:22, 30; 12:25; 13:1, 2, 7; 1 Cor. 9:6; Gál. 2:1, 9, 13; Col. 4:10
  54. cHech. 2:40; 11:23; 13:15; 1 Cor. 14:3; 1 Tes. 2:3
  55. aHech. 4:35; 5:2
  56. aHech. 5:3
  57. bHech. 4:35, 37
  58. aMat. 4:10; Luc. 22:3; Juan 13:2, 27
  59. bHech. 5:4, 9
  60. cHech. 5:2
  61. aHech. 5:3, 9
  62. aEzeq. 11:13; Hech. 5:10
  63. bHech. 2:43; 5:11
  64. aJuan 19:40
  65. aHech. 5:2
  66. aHech. 15:10
  67. bHech. 5:3, 4
  68. aEzeq. 11:13; Hech. 5:5
  69. aHech. 2:43; 5:5
  70. aJuan 4:48
  71. bJuan 10:23; Hech. 3:11
  72. aHech. 2:47; 4:21
  73. a2 Cor. 6:15
  74. bHech. 2:47; 11:24
  75. aHech. 19:12
  76. aHech. 15:5
  77. bMat. 3:7; Hech. 4:1
  78. aHech. 4:3
  79. aMat. 1:20, 24; 2:13, 19; 28:2; Luc. 1:11; 2:9; Hech. 8:26; 10:3; 12:7, 23; 27:23
  80. aJuan 6:63, 68
  81. aJuan 8:2
  82. bHech. 4:6
  83. cMat. 5:22; Hech. 5:27, 34, 41
  84. aMat. 26:58; Hech. 5:26
  85. aHech. 4:1; 5:26
  86. aHech. 5:24
  87. bHech. 5:22
  88. cHech. 4:21; 5:13
  89. aMat. 5:22; Hech. 5:21, 34, 41
  90. aHech. 4:18
  91. bMat. 23:35; 27:25; Hech. 2:23, 36; 3:14, 15; 7:52
  92. aHech. 4:19
  93. aHech. 3:13
  94. bHech. 2:24
  95. cHech. 10:39; 13:29; Gál. 3:13; 1 Ped. 2:24
  96. aHech. 2:33
  97. bHech. 3:15
  98. cLuc. 2:11
  99. dLuc. 24:47; Hech. 2:38
  100. aLuc. 24:48
  101. bJuan 15:26; Hech. 15:28; Rom. 8:16; Heb. 2:4
  102. aHech. 2:37; 7:54
  103. aHech. 22:3
  104. bLuc. 2:46; 5:17
  105. cHech. 5:21
  106. aHech. 8:9; Gál. 2:6; 6:3
  107. aLuc. 2:2