1º Samuel 25:24–33
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24Y se echó a sus pies y dijo: Señor mío, solo sobre mí sea la culpa. Te ruego que permitas que tu sierva te hable1, y que escuches las palabras de tu sierva.
25Ruego a mi señor que no haga caso a1 este hombre indigno2, Nabal, porque conforme a su nombre, así es. Se llama Nabal3, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes que tú, mi señor, enviaste.
26Ahora pues, señor mío, vive el Señor y vive tu alma; puesto que el Señor te ha impedido derramar1 sangre y vengarte2 por tu propia manoa, sean pues como Nabal tus enemigos y los que buscan el mal contra mi señorb.
27Y ahora permite que este presente1 que tu sierva ha traído para mi señor se dé a los jóvenes que acompañan a2 mi señora.
28Te ruego que perdones la ofensa de tu siervaa, porque el Señor ciertamente establecerá1 una casa duradera para mi señorb, pues mi señor pelea las batallas del Señorc, y el mal no se hallará en ti en todos tus díasd.
29Y si alguno se levanta para perseguirte y buscar tu vida1, entonces la vida1 de mi señor será ligada en el haz de los que viven con el Señor tu Dios; pero Él lanzará la vida de tus enemigos como de en medio de una hondaa.
30Y sucederá que cuando el Señor haga por mi señor conforme a todo el bien que Él ha hablado de ti, y te ponga por príncipe sobre Israela,
31esto no causará pesar ni remordimiento1 a mi señor, tanto por haber derramado sangre sin causa como por haberse vengado2 mi señor. Cuando el Señor haya hecho bien a mi señor, entonces acuérdate de tu siervaa.
32Entonces David dijo a Abigail: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te envió hoy a encontrarmea,
33bendito sea tu razonamiento, y bendita seas tú, que me has impedido hoy derramar sangre1 y vengarme2 por mi propia manoa.
Footnotes
Cross references
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