Logos Bible Study

Jonás 1–2

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

Spanish

Arabic

Czech

English

French

German

Hebrew

Hungarian

Italian

Korean

Latin

Portuguese

Russian

Simplified Chinese

Traditional Chinese

JONÁS REHÚYE AL ENCARGO DE DIOS

El Señor se dirigió a Jonás, hijo de Amitay, diciéndole:

— Disponte a ir a la gran ciudad de Nínive y proclama un castigo contra ella, porque la noticia de su maldad ha llegado hasta mí.

Pero Jonás, queriendo eludir el mandato del Señor, decidió huir a Tarsis. Así que bajó hasta Jope, donde encontró un barco que zarpaba para Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó en él rumbo a Tarsis, para alejarse del Señor. Pero el Señor hizo que un fuerte viento azotase el mar hasta levantar una tempestad cuya violencia amenazaba con destrozar el barco. Los marineros, atemorizados, comenzaron a suplicar ayuda cada uno a su dios y arrojaron al mar todos los enseres que había a bordo para aligerar la carga. Entretanto, Jonás había bajado a la bodega del barco donde se acostó y quedó profundamente dormido. El capitán llegó hasta él y le dijo:

— ¿Qué haces tú dormido? ¡Levántate y suplica ayuda a tu dios! Tal vez, él se interese por nosotros y no perezcamos.

Seguidamente comenzaron a decirse unos a otros:

— Echemos suertes para saber a quién se debe nuestra desgracia.

Así pues, echaron suertes y le tocó a Jonás. Entonces le dijeron:

— Dinos por qué nos ha sobrevenido esta desgracia. ¿Cuál es tu trabajo? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?

Jonás les respondió así:

— Yo soy hebreo y adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme.

Al oírlo, aquellos hombres fueron presa de un gran temor y, habiendo comprendido por la confesión de Jonás que este iba huyendo del Señor, le preguntaron:

— ¿Qué es lo que has hecho?

Pero como el mar seguía encrespándose, volvieron a preguntarle:

— ¿Qué podríamos hacer contigo para que el mar se calme?

Él les contestó:

— Arrójenme al mar, y el mar se calmará porque yo sé que esta violenta tempestad les ha sobrevenido por culpa mía.

Sin embargo, los marineros se pusieron a remar con la intención de volver a tierra firme; pero no pudieron lograrlo porque el mar se embravecía más y más alrededor de ellos. Clamaron entonces al Señor diciendo:

— Te suplicamos, oh Señor, que no perezcamos nosotros por causa de este hombre, y que tampoco nos hagas responsables de la vida de un inocente, porque tú, oh Señor, has actuado según tu beneplácito.

Luego alzaron a Jonás, lo arrojaron al agua y el mar se calmó. Al ver esto, aquellos marineros se sintieron sobrecogidos por un gran respeto hacia el Señor y le ofrecieron un sacrificio acompañado de promesas.

JONÁS SUPLICA AL SEÑOR Y ES SALVADO

El Señor dispuso, entonces que Jonás fuera tragado por un gran pez en cuyo vientre permaneció durante tres días y tres noches. Desde el vientre del pez, Jonás suplicó al Señor, su Dios, con estas palabras:

En mi angustia clamé al Señor

y fui atendido por él;

desde las profundidades

del reino de los muertos

pedí auxilio y tú me escuchaste.

Me arrojaste a las simas del mar,

sus corrientes me cercaron,

tu recio oleaje me arrolló.

Me dije: “He sido expulsado

lejos de tu presencia,

pero aún volveré a ver tu Templo santo”.

Las aguas me anegaron hasta el cuello,

el abismo me envolvía,

las algas se enredaban en mi cabeza.

Me hundí hasta el cimiento de los montes;

la tierra se cerraba tras de mí para siempre.

Sin embargo tú, Señor Dios mío,

me hiciste salir vivo de la tumba.

Estando ya sin aliento,

me acordé del Señor

y elevé hacia ti mi oración,

hacia tu santo Templo.

Los que adoran a ídolos vanos,

es que han olvidado tu amor.

Mas yo, con un canto agradecido,

te he de presentar sacrificios:

¡cumpliré lo que he prometido!

¡La salvación se halla en el Señor!

Entonces, el Señor dio instrucciones al pez y este vomitó a Jonás en tierra firme.

Read in Logos