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Isaías 26–27

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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HIMNO TRIUNFAL DE LOS SALVADOS

Aquel día entonarán

este canto en tierra de Judá:

“Nuestra ciudad es una fortaleza,

murallas y baluartes la protegen.

Abran los portones,

que pase el pueblo fiel,

el pueblo que guarda lealtad.

Su propósito es firme,

va atesorando bienestar,

pues confía en ti.

Confíen siempre en el Señor,

él es nuestra Roca eterna:

humilló a los habitantes de la altura,

doblegó a la ciudad encumbrada,

la aplastó, la aplastó por tierra,

la hizo morder el polvo.

La pisotean los pies del humilde,

los pobres al caminar”.

ANGUSTIA Y ESPERANZA EN UN TIEMPO SIN FUTURO

El camino del justo es derecho,

tú allanas la senda del justo.

Echamos de menos, Señor,

tu forma de hacer justicia;

anhelamos tu nombre y tu recuerdo.

Mi ser te ansía de noche,

mi espíritu madruga en tu busca,

pues de tu forma de juzgar en la tierra

aprenden justicia sus habitantes.

Aunque el malvado sea perdonado,

nunca aprenderá justicia:

pervierte el derecho en el país,

no se fija en la grandeza del Señor.

Señor, tu mano está alzada,

pero no se fijan en ella.

Que vean avergonzados tu celo por el pueblo,

que un fuego devore a tus adversarios.

Señor, de seguro nos darás bienestar,

pues tú realizas todas nuestras obras.

Señor, Dios nuestro,

nos dominaron otros señores,

mas sólo reconocemos tu nombre.

Los que han muerto ya no viven,

no se levantan las sombras,

por eso los castigas y destruyes,

y acabas así con su recuerdo.

Pero tú multiplicas el pueblo,

lo multiplicas y demuestras tu poder,

ensanchas las fronteras del país.

Señor, en el peligro acudíamos a ti,

cuando más nos afligía tu castigo:

como embarazada a punto de parir,

que se retuerce y grita entre dolores,

eso parecíamos, Señor, ante ti.

Parimos, nos retorcimos,

pero dimos a luz viento:

no supimos socorrer al país,

no parimos habitantes al mundo.

Tus muertos revivirán

y se alzarán sus despojos,

despertarán clamorosos

los que habitan en el polvo.

Pues tu rocío es rocío de luz

y el país de las sombras parirá.

CASTIGO DE DESÓRDENES

Pueblo mío, entra en tu casa,

cierra las puertas tras de ti,

escóndete sólo un momento

hasta que pase la cólera.

Que el Señor sale de su morada

y piensa castigar la culpa

de todo el que habita en el país:

la tierra, empapada de sangre,

ya no ocultará a sus muertos.

EL ÚLTIMO ENEMIGO

Aquel día el Señor castigará

con su espadón, sólido y fuerte,

a Leviatán, serpiente huidiza,

a Leviatán, serpiente tortuosa,

y matará al Dragón del mar.

CANCIÓN A LA VIÑA SELECTA

Aquel día canten a la viña selecta:

Yo, el Señor, me ocupo de ella,

la riego muy a menudo;

para que no le falten hojas,

la cuido de noche y día.

Se me ha pasado el enfado:

aunque dé zarzas y cardos,

me acerco y les prendo fuego.

Quien quiera mi protección,

que haga las paces conmigo,

las paces haga conmigo.

PROSPERIDAD TRAS EL PERDÓN

Vienen días en que echará raíces Jacob,

en que Israel rebrotará y florecerá,

sus frutos llenarán el mundo.

¿Lo ha herido como hiere a los que lo hieren?

¿Lo ha matado como mata a los que lo matan?

Lo condenas expulsándolo con espanto,

lo castigas con un viento impetuoso,

como un día con viento del este.

Así será expiada la culpa de Jacob,

este será el coste de borrar su pecado:

cuando convierta las piedras del altar

en piedra caliza desmenuzada,

cuando no queden en pie estelas

ni altares en honor del sol.

LA CIUDAD SOLITARIA

Sola está la ciudad fortificada:

no es más que una morada abandonada,

olvidada lo mismo que un desierto.

Allí pastan los terneros,

tumbados consumen sus ramas.

Al secarse, el ramaje se quiebra;

se acercan mujeres y lo queman.

Este pueblo no tiene conocimiento,

por eso no se apiada de él su Hacedor,

no se compadece su Creador.

VUELTA DE LOS DESTERRADOS

Aquel día el Señor trillará las mieses

desde el Éufrates al torrente de Egipto.

Pero ustedes serán espigados

uno a uno, hijos de Israel.

Aquel día sonará el cuerno grande,

volverán los dispersos por Asiria,

los prófugos de la tierra de Egipto.

Todos se postrarán ante el Señor

en el monte santo de Jerusalén.

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