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Génesis 2–4

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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Así quedaron concluidos el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos. Para el séptimo día Dios había concluido su obra y descansó el día séptimo de todo lo que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo declaró día sagrado, porque en ese día descansó Dios de toda su obra creadora. Esta es la historia de la creación del cielo y de la tierra.

SEGUNDO RELATO DE LA CREACIÓN (2:4B–3:24)

Cuando Dios, el Señor, hizo la tierra y el cielo no había aún arbustos en la tierra ni la hierba había brotado, porque Dios, el Señor, todavía no había hecho llover sobre la tierra ni existía nadie que cultivase el suelo; sin embargo, de la propia tierra brotaba un manantial que regaba toda la superficie del suelo. Entonces Dios, el Señor, modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser viviente.

Dios, el Señor, plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había modelado. Dios, el Señor, hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y de frutos apetitosos. Además, hizo crecer el árbol de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

En Edén nacía un río que regaba el jardín y desde allí se dividía en cuatro brazos: el primero se llama Pisón y rodea toda la región de Javilá, donde hay oro. (El oro de esa región es excelente, y también se dan allí bedelio y ónice). El segundo se llama Guijón, y rodea la región de Cus. El tercero se llama Tigris y pasa al este de Asur. El cuarto es el Éufrates.

Dios, el Señor, tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Y le dio esta orden:

— Puedes comer del fruto de todos los árboles que hay en el jardín, excepto del árbol del bien y del mal. No comas del fruto de ese árbol, porque el día en que comas de él, tendrás que morir.

Luego Dios, el Señor, se dijo:

— No es conveniente que el hombre esté solo; voy, pues, a hacerle una ayuda adecuada. Entonces Dios, el Señor, modeló con arcilla del suelo todos los animales terrestres y todas las aves del cielo, y se los llevó al hombre para que les pusiera nombre, porque todos los seres vivos llevarían el nombre que él les pusiera. El hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves y a todos los animales salvajes. Sin embargo, no encontró entre ellos la ayuda adecuada para sí. Entonces Dios, el Señor, hizo caer al hombre en un profundo sueño y, mientras dormía, le sacó una de sus costillas y rellenó con carne el hueco dejado. De la costilla que le había sacado al hombre, Dios, el Señor, formó una mujer, y se la presentó al hombre que, al verla, exclamó:

— ¡Esta sí que es hueso de mis huesos

y carne de mi carne!

Se llamará varona,

porque del varón fue sacada.*

Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, se une a su mujer y los dos se hacen uno solo.

Los dos, el hombre y su mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza de verse así.

EL PECADO Y SUS CONSECUENCIAS

La serpiente, el más astuto de todos los animales del campo que Dios, el Señor, había hecho, entabló conversación con la mujer diciendo:

— ¿Conque Dios les ha dicho que no coman de ningún árbol del jardín?

La mujer le contestó:

— Podemos comer del fruto de todos los árboles del jardín; únicamente nos ha prohibido comer o tocar el fruto del árbol que está en medio del jardín, porque moriríamos.

Pero la serpiente replicó a la mujer:

— De ninguna manera morirán.

Dios sabe que, si un día comen, se les abrirán los ojos y serán iguales a él: conocerán el bien y el mal.

Entonces la mujer se dio cuenta de lo hermoso que era el árbol, de lo deliciosos que eran sus frutos y lo tentador que era tener aquel conocimiento; así que tomó del fruto y comió, dándoselo seguidamente a su marido que estaba junto a ella y que también comió. En aquel momento se les abrieron los ojos y descubrieron que estaban desnudos, por lo que entrelazaron unas hojas de higuera y se taparon con ellas.

Cuando el hombre y su mujer sintieron los pasos de Dios, el Señor, que estaba paseando por el jardín al fresco de la tarde, corrieron a esconderse entre los árboles del jardín para que Dios no los viera. Pero Dios, el Señor, llamó al hombre diciendo:

— ¿Dónde estás?

El hombre contestó:

— Te oí en el jardín, tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí.

Entonces Dios, el Señor, le preguntó:

— ¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te prohibí comer?

El hombre respondió:

— La mujer que me diste por compañera me ofreció de ese fruto y yo lo probé.

Entonces Dios, el Señor, preguntó a la mujer:

— ¿Por qué hiciste eso?

Ella respondió:

— La serpiente me engañó y comí.

Entonces Dios, el Señor, dijo a la serpiente:

— Por haber hecho esto,

maldita serás entre todos los animales,

tanto domésticos como salvajes.

De ahora en adelante te arrastrarás sobre tu vientre

y comerás polvo toda tu vida.

Pondré enemistad entre tú y la mujer,

entre tu descendencia y la suya.

Su descendencia* te aplastará la cabeza,

y tú le morderás el talón.

A la mujer le dijo:

— Multiplicaré sobremanera

las molestias en tus embarazos,

y con dolor parirás a tus hijos.

Tendrás ansia de tu marido

y él te dominará.

Al hombre le dijo:

— Como hiciste caso a tu mujer

y comiste del árbol del que te prohibí comer,

la tierra va a ser maldita por tu culpa;

con fatiga sacarás de ella tu alimento

durante todo el tiempo de tu vida;

te producirá espinos y cardos,

y comerás hierba del campo.

Te ganarás el pan

con el sudor de tu frente,

hasta que vuelvas a la tierra

de la cual fuiste formado,

pues eres polvo,

y al polvo volverás.

El hombre puso a su mujer el nombre de Eva porque ella sería la madre de todo ser viviente. Dios, el Señor, hizo para el hombre y su mujer ropas de piel, y los vistió. Después, Dios, el Señor, se dijo: “El ser humano es ya como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; para ser inmortal sólo le falta extender la mano y comer del fruto del árbol de la vida”.

Así que Dios, el Señor, lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase la tierra de la que había sido formado. Y después de expulsarlo, puso al oriente del jardín de Edén a los querubines y a la espada llameante que se revolvía hacia todas partes para custodiar el acceso al árbol de la vida.

CAÍN Y ABEL

Adán se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín. Y dijo:

— He tenido un hombre gracias al Señor. Después dio a luz a Abel, hermano de Caín. Abel se dedicó a criar ovejas, y Caín a labrar la tierra.

Al cabo de un tiempo, Caín presentó de los frutos del campo una ofrenda al Señor. También Abel le ofreció las primeras y mejores crías de su rebaño.

El Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró del mismo modo a Caín y a la suya. Entonces Caín se irritó sobremanera y puso mala cara. El Señor le dijo:

— ¿Por qué te irritas? ¿Por qué has puesto esa cara? Si obraras rectamente llevarías la cabeza bien alta; pero como actúas mal el pecado está agazapado a tu puerta, acechándote. Sin embargo, tú puedes dominarlo.

Caín propuso a su hermano Abel que fueran al campo y, una vez allí, Caín atacó a su hermano y lo mató. El Señor le preguntó a Caín:

— ¿Dónde está tu hermano Abel?

Él respondió:

— No lo sé, ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?

Entonces el Señor replicó:

— ¡Qué has hecho! La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Por eso, ahora quedarás bajo la maldición de la tierra que ha abierto sus fauces para recibir la sangre de tu hermano que tú has derramado. Aunque labres la tierra, no te volverá a dar sus frutos. Andarás por el mundo errante y vagabundo.

Caín respondió al Señor:

— Mi crimen es demasiado terrible para soportarlo. Si hoy me condenas al destierro y a ocultarme de tu presencia, tendré que andar errante y vagabundo por el mundo, expuesto a que me mate cualquiera que me encuentre.

El Señor le dijo:

— ¡No será así! Si alguien mata a Caín deberá pagarlo multiplicado por siete.

Y el Señor marcó con una señal a Caín, para que no lo matase quien lo encontrara. Caín se alejó de la presencia del Señor y fue a vivir al país de Nod, al este de Edén.

DESCENDIENTES DE CAÍN

Caín se unió a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc. Luego Caín fundó una ciudad, a la que le puso el nombre de su hijo Enoc.

Enoc engendró a Irad, y este engendró a Mejuyael. Mejuyael engendró a Metusael, y este a Lámec. Lámec tuvo dos mujeres: una de ellas se llamaba Adá y la otra Selá. Adá dio a luz a Jabal, el antepasado de los pastores nómadas. Jabal tuvo un hermano llamado Jubal, el antepasado de los que tocan la cítara y la flauta. Selá, a su vez, dio a luz a Tubalcáin, forjador de herramientas de bronce y de hierro. Tubalcáin tuvo una hermana que se llamaba Naamá.

Un día, Lámec dijo a Adá y Selá, sus mujeres:

— Escúchenme mujeres de Lámec,

presten atención a mis palabras:

He matado a un hombre por herirme

y a un muchacho por golpearme;

Si Caín ha de ser vengado siete veces,

Lámec lo será setenta y siete.

SET Y SU DESCENDENCIA

Adán volvió a unirse a su mujer, y ella tuvo un hijo al que llamó Set, pues se dijo:

— Dios me ha concedido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín.

Set tuvo también un hijo al que llamó Enós. Desde entonces se comenzó a invocar el nombre del Señor.

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Footnotes

  1. *Signo indicativo de nota
  2. *varona… varón: Se ha mantenido en la traducción estas formas arcaicas de castellano pues, se ha querido ofrecer un juego sonoro similar al que presenta el original hebreo ish, (hombre, varón), y su femenino, ishá.
  3. *Su descendencia: La versión griega de los ha colocado aquí un pronombre masculino él te aplastará la cabeza.