Estudio bíblico Logos

Salmo 50:7–23

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones

Español

Alemán

Árabe

Checo

Chino simplificado

Chino tradicional

Coreano

Francés

Hebreo

Húngaro

Inglés

Italiano

Latín

Portugués

Ruso

Escucha, pueblo mío, y hablaré;

Israel, contra ti yo testifico:

“Yo soy Dios, tu Dios.

No te reprendo por tus sacrificios,

pues tus holocaustos están siempre ante mí.

No tomaré el becerro de tu casa

ni el macho cabrío de tus corrales,

pues mías son las fieras del bosque

y el ganado de los montes de pastoreo;

conozco cada ave de las montañas

y los animales del campo son míos.

Si tuviera hambre no te lo diría,

pues mía es la tierra y cuanto la llena.

¿Acaso como yo carne de toros

o bebo la sangre de machos cabríos?

Ofrece a Dios sacrificios de alabanza

y cumple tus promesas al Altísimo.

Invócame en tiempo de angustia,

yo te salvaré y tú me darás gloria”.

Pero al malvado Dios le dice:

“¿Por qué proclamas mis normas

y tienes en tu boca mi alianza,

tú que odias la instrucción,

tú que desprecias mis palabras?

Si ves un ladrón corres con él,

con los adúlteros te mezclas;

tu boca arroja maldad,

urde calumnias tu lengua.

Te sientas y hablas contra tu hermano,

a tu propio hermano deshonras.

Esto haces, ¿me quedaré callado?

¿Piensas que soy como tú?

Yo te acuso, ante ti lo declaro”.

Entiéndanlo bien los que olvidan a Dios,

no sea que los destruya y nadie los salve.

Quien ofrece un sacrificio de alabanza me da gloria:

al de conducta integra le haré ver la salvación de Dios.

Leer en Logos