Estudio bíblico Logos

Salmo 13–14

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones

Español

Alemán

Árabe

Checo

Chino simplificado

Chino tradicional

Coreano

Francés

Hebreo

Húngaro

Inglés

Italiano

Latín

Portugués

Ruso

SALMO 13

¿HASTA CUÁNDO ME OCULTARÁS TU ROSTRO?

Al maestro del coro. De David.

¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a olvidarme para siempre?

¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?

¿Hasta cuándo estaré intranquilo

con mi corazón apenado día tras día?

¿Hasta cuándo me vencerá mi enemigo?

¡Mira y respóndeme, Señor, Dios mío!

Ilumina mis ojos para que no quede sumido en la muerte,

para que no pueda decir mi enemigo: “lo dominé”,

ni se regocijen mis adversarios si tropiezo.

Yo en tu bondad confío,

mi corazón se regocija en tu salvación.

Cantaré al Señor que me ha favorecido.

SALMO 14

NO HAY QUIEN HAGA EL BIEN

Al maestro del coro. Salmo de David.

Piensan los insensatos: “No hay Dios”.

Son perversos, su conducta es detestable,

no hay quien haga el bien.

El Señor desde los cielos contempla a los humanos

para ver si hay algún sensato que busque a Dios.

Pero todos se han pervertido,

se han corrompido sin excepción;

no hay quien haga el bien, ni uno solo.

¿No comprenderán los malvados

que devoran a mi pueblo como si fuera pan?

No invocan al Señor

y van a estremecerse de miedo,

porque Dios está con los justos.

Quisieron frustrar el proyecto del humilde,

pero el Señor es su refugio.

¡Ojalá venga de Sión la salvación de Israel!

Cuando el Señor restaure a su pueblo,

se regocijará Jacob, se alegrará Israel.

Leer en Logos