Estudio bíblico Logos

Mateo 27:1–31

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones

Español

Alemán

Árabe

Checo

Chino simplificado

Chino tradicional

Coreano

Francés

Griego

Húngaro

Inglés

Italiano

Latín

Portugués

Ruso

JESÚS ANTE PILATO

Al amanecer el nuevo día, los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron el acuerdo de matar a Jesús. Lo llevaron atado y se lo entregaron a Pilato, el gobernador.

MUERTE DE JUDAS

Entre tanto, Judas, el que lo había entregado, al ver que habían condenado a Jesús, se llenó de remordimientos y fue a devolver las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos diciendo:

— ¡He pecado entregando a un inocente!

Ellos le contestaron:

— Eso es asunto tuyo y no nuestro.

Judas arrojó entonces el dinero en el Templo. Luego fue y se ahorcó. Los jefes de los sacerdotes recogieron aquellas monedas y dijeron:

— Este dinero está manchado de sangre. No podemos ponerlo en el cofre de las ofrendas.

Así que acordaron emplearlo para comprar un terreno conocido como el Campo del Alfarero y destinarlo a cementerio de extranjeros. Por esta razón, aquel campo recibió el nombre de Campo de Sangre, que es el que ha conservado hasta el día de hoy. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio de aquel a quien tasaron los israelitas, y compraron con ellas el campo del alfarero, de acuerdo con lo que el Señor me había ordenado.

PILATO INTERROGA A JESÚS

Jesús compareció ante el gobernador, el cual le preguntó:

— ¿Eres tú el rey de los judíos?

Jesús le contestó:

— Tú lo dices.

Y ya no habló más, a pesar de que los sacerdotes y los ancianos no dejaban de acusarlo.

Pilato le preguntó:

— ¿No oyes lo que estos están testificando contra ti?

Pero Jesús no le contestó ni una palabra, de manera que el gobernador se quedó muy extrañado.

JESÚS SENTENCIADO A MUERTE

En la fiesta de la Pascua, el gobernador romano solía conceder la libertad a un preso, el que la gente escogía. Tenía en aquel momento un preso famoso, llamado Jesús Barrabás. Viendo reunido al pueblo, Pilato preguntó:

— ¿A quién quieren ustedes que ponga en libertad: a Jesús Barrabás o a ese Jesús a quien llaman Mesías?

Y es que sabía que a Jesús lo habían entregado por envidia. Mientras el gobernador estaba sentado en el tribunal, su esposa le envió este recado: “Ese hombre es inocente. No te hagas responsable de lo que le suceda. Esta noche he tenido pesadillas horribles por causa suya”. Pero los jefes de los sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador volvió a preguntar:

— ¿A cuál de estos dos quieren que conceda la libertad?

Ellos contestaron:

— ¡A Barrabás!

Pilato les dijo:

— ¿Y qué quieren que haga con Jesús, a quien llaman Mesías?

Todos contestaron:

— ¡Crucifícalo!

Insistió Pilato:

— ¿Cuál es su delito?

Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza:

— ¡Crucifícalo!

Pilato, al ver que nada adelantaba sino que el alboroto crecía por momentos, mandó que le trajeran agua y se lavó las manos en presencia de todos, proclamando:

— ¡Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre! ¡Allá ustedes!

Y todo el pueblo a una respondió:

— ¡De su muerte nos hacemos responsables nosotros y nuestros hijos!

Entonces Pilato ordenó que pusieran en libertad a Barrabás, y les entregó a Jesús para que lo azotaran y lo crucificaran.

LOS SOLDADOS SE BURLAN DE JESÚS

Acto seguido, los soldados del gobernador introdujeron a Jesús en el palacio y, después de reunir toda la tropa a su alrededor, le quitaron sus ropas y le echaron un manto de color rojo sobre los hombros; le pusieron en la cabeza una corona de espinas y una caña en su mano derecha. Después, hincándose de rodillas delante de él, le hacían burla, gritando:

— ¡Viva el rey de los judíos!

Y lo escupían y lo golpeaban con la caña en la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron la túnica, lo vistieron con sus propias ropas y se lo llevaron para crucificarlo.

Leer en Logos
Matthew 27:29: and twisting together a crown of thorns, they put it on his head and put a reed in his right hand. And kneeling before him, they mocked him, saying, “Hail, King of the Jews!”