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Jueces 16:16–31

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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Como todos los días lo importunaba con sus palabras y lo tenía ya aburrido, le abrió todo su corazón y le dijo:

— La navaja no ha pasado nunca por mi cabeza, porque soy un consagrado a Dios desde el vientre de mi madre. Si me cortaran el pelo, mi fuerza se retiraría de mí, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.

Dalila comprendió que le había abierto todo su corazón, mandó llamar a los jefes de los filisteos y les dijo:

— Vengan, que esta vez me ha abierto todo su corazón.

Vinieron los jefes de los filisteos con el dinero para la mujer, y esta adormeció a Sansón sobre sus rodillas y llamó a un hombre que le cortó las siete trenzas de su cabellera. Inmediatamente Sansón comenzó a debilitarse, y perdió su fuerza. Dalila entonces gritó:

— ¡Sansón! ¡Los filisteos!

Se despertó Sansón de su sueño pensando:

— Saldré airoso como las otras veces y me los sacudiré de encima.

No sabía que el Señor ya no estaba con él. Los filisteos se apoderaron de él, le sacaron los ojos, y lo llevaron a Gaza. Allí lo ataron con una doble cadena de bronce y lo encerraron en la cárcel donde daba vueltas a la rueda de molino.

VENGANZA Y MUERTE DE SANSÓN

Pero, apenas cortado, el pelo de su cabeza empezó a crecer de nuevo. Los jefes de los filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a su dios Dagón. En medio de la grandiosa fiesta proclamaban:

Nuestro dios nos ha entregado

a Sansón, nuestro enemigo.

Al verlo, la gente alababa a su dios repitiendo:

Nuestro dios ha puesto en nuestras manos

a Sansón nuestro enemigo,

al que asolaba nuestra tierra

y multiplicaba nuestros muertos.

Y como estaban alegres, dijeron:

— Llamen a Sansón para que nos divierta.

Trajeron, pues, a Sansón de la cárcel y se divertían a costa de él. Luego lo dejaron de pie entre las columnas. Sansón entonces dijo al muchacho que lo llevaba de la mano:

— Ponme donde pueda tocar las columnas sobre las que descansa el edificio, para que me pueda apoyar en ellas.

El edificio estaba abarrotado de hombres y mujeres. Estaban dentro todos los jefes de los filisteos y, en el terrado, unos tres mil hombres y mujeres que se divertían a costa de Sansón. Entonces Sansón invocó al Señor exclamando:

— Mi Dios y Señor, acuérdate de mí; dame fuerzas, aunque sólo sea esta vez, oh Dios, para que de un solo golpe me vengue de los filisteos que me sacaron los ojos.

Sansón tanteó las dos columnas centrales sobre las que descansaba el edificio, las abrazó, una con el brazo derecho, la otra con el izquierdo, y gritó:

— ¡Muera yo con los filisteos!

Sacudió las columnas con todas sus fuerzas y el edificio se derrumbó sobre los jefes de los filisteos y sobre toda la gente allí reunida. Y los que mató al morir fueron más que los que había matado en vida. Sus hermanos y toda la familia de su padre vinieron y se lo llevaron, sepultándolo entre Sorá y Estaol, en el sepulcro de su padre Manóaj. Había juzgado a Israel durante veinte años.

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Jueces 16:16: Y como ella le presionaba diariamente con sus palabras y le apremiaba, SU ALMA SE ANGUSTIÓ HASTA LA MUERTE