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Jeremías 8:4–13

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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Les dirás: Así dice el Señor:

¿No se levantan los que caen?

¿No vuelve el que se marchó?

¿Por qué, pues, se ha extraviado este pueblo,

y Jerusalén es una apóstata recalcitrante?

Se aferran al engaño, se niegan a volver.

Presté atención y escuché:

Sus palabras no eran de fiar;

nadie se arrepiente de su maldad

preguntándose: “¿Qué he hecho?”.

Cada cual sigue sus correrías,

como caballo lanzado al ataque.

Hasta la cigüeña en el cielo

conoce el tiempo establecido;

la tórtola, la golondrina y la grulla

están atentas al tiempo del regreso.

Pero mi pueblo no conoce

el orden fijado por el Señor.

¿Cómo dicen “Somos sabios,

tenemos la ley del Señor”,

si resulta que la ha corrompido

la pluma corrupta de los expertos?

Los sabios están avergonzados,

asustados, y quedan atrapados.

Si han rechazado la palabra del Señor,

¿de qué puede servirles su sabiduría?

Por eso, voy a dar a otros sus mujeres,

entregaré sus campos a los conquistadores.

Es que del pequeño al grande

todos piensan en medrar;

del profeta al sacerdote

todos andan entre fraudes.

Han curado la herida de mi pueblo,

pero sólo por encima, diciendo:

“Paz, paz”, pero no hay paz.

Deberían sentirse avergonzados

por haber cometido abominaciones;

pero no se van a avergonzar,

ni siquiera conocen el pudor.

Por eso caerán entre otros caídos,

se hundirán cuando venga a castigarlos

—oráculo del Señor—.

Quisiera cosechar algo

—oráculo del Señor—,

pero no hay uvas en la cepa,

tampoco higos en la higuera;

tienen las hojas marchitas.

¡Pues los convertiré en bosque pelado!

JUICIO DEL PUEBLO Y DOLOR DEL PROFETA

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