Jeremías 46:13–26
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Palabra que recibió el profeta Jeremías de parte del Señor, cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, se dirigió a destruir el país de Egipto:
Cuéntenlo en Egipto,
anúncienlo en Migdol,
anúncienlo en Tafne y en Menfis;
digan: ¡En formación, prepárate,
que la espada devora por doquier!
¿Por qué yace postrado el buey Apis?
No está en pie porque el Señor lo embistió
repetidas veces: se tambaleó y cayó.
Se decían unos a otros:
“Vamos, volvamos donde los nuestros,
vayamos a nuestra tierra nativa,
huyamos de la espada mortífera”.
Pusieron de mote al faraón
“Estrépito que llega a destiempo”.
¡Por mi vida —oráculo del Rey
que se llama Señor del universo—
que así tiene todo que suceder,
tan real como el Tabor entre los montes,
como el Carmelo cerca del mar!
Prepárense el ajuar del deportado,
habitantes de la capital de Egipto,
pues Menfis quedará desolada,
incendiada, sin ningún habitante.
Egipto es una hermosa novilla,
un tábano la ataca desde el norte;
los mercenarios que tiene
son como novillos cebados,
pero también ellos le dan la espalda:
huyen a una sin detenerse,
pues les llega el día del desastre,
el tiempo de pedirles cuentas.
Silba Egipto como serpiente que huye,
pues lo atacan los ejércitos:
vienen contra él con hachas,
igual que si fueran leñadores,
y talan su selva
—oráculo del Señor—.
Son, en efecto, innumerables,
más que una plaga de langosta
y nadie puede contarlos;
se amustia la capital de Egipto,
en manos de un pueblo del norte.
Dice el Señor del universo, Dios de Israel: Voy a pedir cuentas al dios Amón de Tebas, a Egipto, a sus dioses, al faraón y a los que confían en él. Los entregaré en manos de los que quieren destruirlos: de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y de sus oficiales. Pero, pasado esto, será habitada como en los tiempos antiguos —oráculo del Señor—.
PALABRAS DE CONSUELO A LOS DEPORTADOS
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