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Jeremías 12:5–17

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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Si corres con la infantería y te cansas,

¿cómo vas a competir con los caballos?

Si en lugares tranquilos no te sientes seguro,

¿qué harás en la maleza del Jordán?

Incluso tus hermanos, tu familia,

han sido contigo traidores;

te van calumniando a tus espaldas.

Tampoco te fíes de ellos,

aunque te digan buenas palabras.

DESTROZOS EN LA HEREDAD DEL SEÑOR

He abandonado mi casa,

he desechado mi heredad;

he puesto al amor por quien suspiro

en manos de sus enemigos.

Mi heredad era para mí

igual que un león en plena selva:

lanzaba contra mí su rugido,

por eso llegué a detestarla.

¿Es mi heredad una cueva de hienas,

con los buitres rondando junto a ella?

¡Reúnanse, fieras del campo,

vengan todas a comer!

Muchos pastores destrozaron mi viña,

han pisoteado mi parcela;

convirtieron mi hermosa parcela

en una estepa desolada;

la han convertido en desolación

y se duele desolada ante mí.

Todo el país está desolado

y nadie reflexiona sobre ello.

Por todas las dunas de la estepa

van llegando depredadores,

la espada del Señor devora

el país de punta a cabo,

nadie puede vivir en paz.

Sembraron trigo, cosecharon cardos;

acabaron cansados sin sacar provecho;

quedaron decepcionados de su cosecha,

por la cólera ardiente del Señor.

Así dice el Señor a todos los malos vecinos que se apoderaron de la herencia que di a mi pueblo Israel: Voy a arrancarlos de su tierra y arrancaré también de en medio de ellos a Judá. Pero después de arrancarlos, me compadeceré otra vez de ellos y los haré volver a su heredad, cada cual a su terruño. Y si, igual que enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, aprenden ahora en serio a jurar por mi nombre diciendo: “Por vida del Señor” según tiene costumbre mi pueblo, entonces vivirán entre mi pueblo. Pero a la nación que no me escuche, la arrancaré en serio y la destruiré —oráculo del Señor—.

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