Eclesiastés 3–4
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
II.— EL TIEMPO Y LA MUERTE (3–5)
Todas las cosas bajo el sol tienen un tiempo y un momento:
Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado.
Hay un tiempo para matar y un tiempo para curar;
un tiempo para destruir y un tiempo para construir.
Hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír;
un tiempo para hacer duelo y un tiempo para bailar.
Hay un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse.
Hay un tiempo para buscar y un tiempo para perder;
un tiempo para guardar y un tiempo para botar.
Hay un tiempo para rasgar y un tiempo para coser;
un tiempo para callar y un tiempo para hablar.
Hay un tiempo para amar y un tiempo para odiar;
un tiempo de guerra y un tiempo de paz.
¿Qué ganancia saca el trabajador de sus fatigas? He observado la tarea que Dios ha impuesto a los seres humanos para que se dediquen a ella: todo lo hizo hermoso y a su tiempo, e incluso les hizo reflexionar sobre el sentido del tiempo, sin que el ser humano llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin. Y he comprendido que no hay para ellos más felicidad que alegrarse y pasarla bien en la vida, pues también es don de Dios que toda persona coma, beba y disfrute en todas sus fatigas. He comprendido que todo lo que hace Dios durará siempre, sin añadirle ni quitarle nada. Así Dios se hace respetar.
Lo que es, ya fue;
lo que será, ya sucedió,
pues Dios recupera lo pasado.
EL DESTINO DEL SER HUMANO
He observado otra cosa bajo el sol:
en la sede del derecho, el delito;
en el tribunal de justicia, la injusticia.
Y pensé: Dios juzgará al justo y al injusto, pues hay un tiempo para cada cosa y para cada acción. Me puse a reflexionar sobre la conducta de los seres humanos: Dios los prueba para demostrarles que son como animales. En efecto, seres humanos y animales comparten un mismo destino: la muerte de estos es como la muerte de aquellos y todos tienen un mismo aliento vital, sin que el ser humano aventaje al animal, pues todo es ilusión.
Todos van al mismo sitio:
todos proceden del polvo
y todos vuelven al polvo.
Nadie sabe si el aliento vital de los seres humanos sube a las alturas y el de los animales cae bajo tierra. Por eso, he descubierto que para el ser humano no hay más felicidad que disfrutar de sus obras, porque esa es su recompensa. Pues nadie lo traerá a ver lo que sucederá después de él.
Volví a considerar todas las opresiones que se comenten bajo el sol.
Ahí está el llanto de los oprimidos,
¡y no encuentran consuelo!
La fuerza en manos de sus opresores,
¡y no encuentran consuelo!
Y estimé a los que ya habían muerto más afortunados que los que aún vivían; pero todavía estimé más afortunados a los que aún no existían, porque no podían contemplar los atropellos que se cometen bajo el sol. Yo he visto que toda fatiga y éxito en el trabajo provoca la envidia entre compañeros. También esto es ilusión y vano afán.
El necio se cruza de brazos
y se devora a sí mismo.
Más vale un puñado de tranquilidad,
que dos de fatiga y vano afán.
DOS MEJOR QUE UNO
He reflexionado sobre otra cosa bajo el sol que también es pura ilusión: una persona sola, sin nadie, sin hijos ni hermanos, que se fatiga sin descanso y no se harta de riquezas: ¿Para quién se fatiga, privándose de la felicidad? También esto es pura ilusión y mal asunto.
Mejor dos que uno, pues obtienen mayor recompensa en sus fatigas. Porque, si caen, uno levantará al otro. Pero, ¡ay si uno cae sin tener a nadie que lo levante! Si dos se acuestan juntos, se calientan; pero uno solo, ¿cómo se calentará? Uno puede ser vencido; dos, en cambio, resisten mejor; pues no se rompe fácilmente una cuerda de tres cabos.
POBRE SABIO, REY NECIO
Más vale muchacho pobre y listo, que rey viejo y tonto, incapaz de aceptar consejos, aunque el muchacho llegue a reinar tras salir de la prisión o haya nacido pobre en el reino. Y he visto a todos los vivientes que se mueven bajo el sol seguir a ese muchacho como sucesor del rey: era inmenso el gentío al que gobernaba. Pero los que vengan después tampoco estarán contentos con él, porque también esto es pura ilusión y vano afán.
EXCESOS RELIGIOSOS
Cuando vayas al Templo, vigila tus pasos: si te acercas, hazlo para escuchar y no para ofrecer sacrificios propios de necios que ignoran que obran mal.
Copyright 2011 Sociedad Bíblica de España