2º Reyes 9:24–10:11
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Pero Jehú disparó su arco e hirió a Jorán por la espalda. La flecha le atravesó el corazón y cayó desplomado en su carro. Entonces Jehú ordenó a su asistente Bidcar:
— Bájalo y tíralo en el campo de Nabot, el de Jezrael. Recuerda que cuando tú y yo cabalgábamos juntos con su padre Ajab, el Señor pronunció este oráculo contra él: “Ayer vi la sangre de Nabot y la sangre de sus hijos. Pues en este mismo campo te daré tu merecido —oráculo del Señor—”. Así que, bájalo y arrójalo a la heredad de Nabot, como dijo el Señor.
ASESINATO DE OCOZÍAS DE JUDÁ
Cuando Ocozías, el rey de Judá, vio lo que pasaba, salió huyendo en dirección a Ben Hagán. Pero Jehú lo persiguió y ordenó:
— Mátenlo también a él.
Lo hirieron sobre su carro en la cuesta de Gur, cerca de Jibleán; pero él logró huir hasta Meguido, donde murió. Sus oficiales lo llevaron en carro a Jerusalén y lo enterraron con sus antepasados en la ciudad de David. Jorán había comenzado a reinar en Judá el año undécimo de Jorán, el hijo de Ajab.
MUERTE DE JEZABEL
Jezabel se enteró de que Jehú llegaba a Jezrael. Entonces se pintó los ojos, se arregló el pelo y se asomó a la ventana. Cuando Jehú entraba a la ciudad, Jezabel le dijo:
— ¿Cómo estás, Zimrí, asesino de su señor?
Jehú miró a la ventana y preguntó:
— A ver, ¿quién está conmigo?
Se asomaron dos o tres cortesanos a los que Jehú ordenó:
— ¡Tírenla abajo!
La tiraron y su sangre salpicó sobre las paredes y los caballos, que la pisotearon. Jehú entró a comer y a beber y luego ordenó:
— Ocúpense de esa maldita y entiérrenla, pues es hija de reyes.
Cuando fueron a enterrarla sólo encontraron su cráneo, sus pies y sus manos. Volvieron a informar a Jehú, y él comentó:
— Así se cumple la palabra que el Señor pronunció por medio de su siervo Elías, el de Tisbé: “Los perros devorarán el cuerpo de Jezabel en los campos de Jezrael, su cadáver será como estiércol sobre el campo y nadie podrá reconocerla”.
MATANZA DE LA FAMILIA REAL DE ISRAEL
Ajab tenía setenta hijos en Samaría. Jehú escribió cartas y las envió a Samaría, a los notables de Israel, a los ancianos y a los tutores de los hijos de Ajab. En ellas decía: “Ya que tienen con ustedes a los hijos de su señor, carros y caballos, una ciudad fortificada y armamento, cuando reciban esta carta, disciernan cuál es el mejor y el más recto entre los hijos de su señor, siéntenlo en el trono de su padre y defiendan la dinastía de su señor”.
Ellos quedaron aterrorizados y dijeron:
— Si dos reyes no han podido resistírsele, ¿cómo podremos nosotros?
Así que el mayordomo del palacio, el gobernador de la ciudad, los ancianos y los preceptores mandaron a decir a Jehú:
— Somos tus servidores y haremos todo lo que nos digas, pero no proclamaremos a nadie rey. Haz lo que te parezca mejor.
Entonces Jehú les escribió otra carta que decía: “Si están conmigo y quieren obedecerme, vengan a verme mañana a estas horas a Jezrael, trayendo las cabezas de los descendientes de su señor”.
Los setenta hijos del rey vivían con los nobles de la ciudad, que se encargaban de criarlos. Cuando recibieron la carta, mataron a los setenta hijos del rey, pusieron sus cabezas en cestos y se las enviaron a Jezrael. Cuando llegó el mensajero, le comunicó:
— Ya han traído las cabezas de los hijos del rey.
Entonces Jehú ordenó:
— Déjenlas en dos montones a la entrada de la ciudad hasta mañana.
A la mañana siguiente, Jehú salió y, puesto en pie, dijo a todo el pueblo:
— Ustedes son inocentes. He sido yo quien ha conspirado contra mi señor y lo ha matado. Pero, ¿quién ha matado a todos estos? Sepan, pues, que ninguna de las palabras que el Señor pronunció contra la dinastía de Ajab caerá en saco roto. El Señor ha realizado lo que anunció por medio de su siervo Elías.
Jehú mató a todos los supervivientes de la familia de Ajab en Jezrael y a todas sus autoridades, parientes y sacerdotes, hasta no dejar ni uno vivo.
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