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Lev 11–15-El código de pureza. Los capítulos 11–15, conocidos como el código de pureza para Israel, contienen regulaciones para la pureza y la impureza ritual. En la cultura contemporánea la religión es individualista; no hay manera de ser “no apto” para la adoración o para la comunidad. Sin embargo, en Levítico, la participación en la comunidad y en la adoración depende de la búsqueda de santidad intencional y colectiva. El libro demuestra un continuo para la santidad o la impureza tanto de las personas como de las cosas.
La lista de los animales limpios e inmundos proporciona alguna correlación con las personas sagradas. Cada animal que se menciona como limpio debe tener todas las características distintivas de esa clase de animal. Por ejemplo, si el animal es acuático, debe tener aletas y escamas y hacer lo que los animales acuáticos hacen. Lo mismo se aplica a los animales terrestres. Douglas asevera que el escritor rechaza a los que “viven en dos mundos” (Douglas, Implicit Meanings, 284). Así mismo Israel debe ser de una sola mente para permanecer limpio. Sus afectos deben tener su base dentro del campamento de Israel.
Abrazar la impureza equivale a abrazar la muerte; una muerte de Edén, que si no se trata el problema, destruye las relaciones y proporciona un entorno torcido para la adoración. Milgrom sostiene que la impureza ritual era equivalente a la muerte, la experiencia humana común que involucra a todos los sistemas de impurezas (Milgrom, Leviticus 1–16, 46ss). En levítico, cada impureza señala a la muerte, la cual amenazaba a Israel. La lista de sustancias abominables en Lev 11–15 se relaciona con temas de vida o muerte, pero no se consideran pecaminosas. Por ejemplo, la sangre de la menstruación, las emisiones corporales, la piel “leprosa” o “con apariencia de llaga de lepra” y los cadáveres no son pecaminosos pero son impuros en el sentido de que están conectados de alguna manera a la muerte.
La adoración de Israel siempre apartó a las personas de la muerte para atraerlas a la santidad que da vida. Los que participan en el culto del sacrificio deben tener la conducta de un individuo redimido con necesidad del poder sustentador de Dios. La adoración del pacto asume que los que adoran desean la presencia de Dios, entienden su pecaminosidad y buscan la reconciliación.
Sin embargo, el código de pureza, parece como una inserción incómoda que interrumpe la narrativa entre Lev 10 y 16 (Noth, Gerstenberger). Sin embargo, su posición es tanto lógica como explicativa. La muerte de los dos sacerdotes dio como resultado profanación. El escritor toma esta oportunidad para clarificar la noción de la impureza demostrando que las ocasiones diarias de impurezas también daban como resultado profanación. La idea de impureza parecía indicar una profanación casera. Los pecados “graves” de Israel—la idolatría, el derramamiento de sangre, y los pecados sexuales—cargaban una fuerza de profanación del pacto. Profanaron incluso la tierra (Klawans, Impurity and Sin in Ancient Judaism, 115). Para Israel, la impureza significaba la muerte. La muerte era una constante para la humanidad y un recordatorio constante del riesgo de la humanidad de profanarse a sí misma y al lugar sagrado. La manera de salir de la muerte para Israel radicaba en una búsqueda intencional y constante de la vida por medio de actos persistentes de purificación del pecado.
Lev 11:1–47 suministra regulaciones sobre lo que Israel debe comer. El texto identifica los animales que se permiten para el consumo según los siguientes criterios:
1. “pezuña partida en dos” (NVI), pezuña hendida
2. Que rumian
3. Los que viven en las aguas que tienen aletas y escamas
4. Todo insecto alado que tuviere piernas además de sus patas
Incluso el tocar a un animal impuro dejaría al individuo impuro hasta la noche (el final oficial del día y el comienzo del siguiente). Además, el contacto entre un animal muerto y los objetos inanimados dejaba a los dos impuros y con necesidad de purificación. Los que llevaban los huesos de un animal muerto debían lavar las ropas que utilizaron para transportar los restos del animal (Lev 11:28). Cualquier objeto que tocaba los huesos de un animal quedaba impuro hasta la noche, y luego se purificaba siempre y cuando hubiera sido mantenido en agua hasta la noche (Lev 11:32). Los contenedores de agua en los cuales los sumergían debían ser destruidos.
Lev 12:1–8 trata los temas sobre la purificación del pecado luego de dar a luz. La mujer es impura por períodos específicos de tiempo debido a la pérdida masiva de sangre al dar a luz: 33 días luego de dar a luz a un varón (Lev 12:2–4) y 66 días luego de dar a luz a una niña (Lev 12:5). Probablemente la distinción entre varón y mujer recién nacidos se debe a la posibilidad existente de que el cuerpo de la niña pueda experimentar sangrado (ver Wenham, The Book of Leviticus; Milgrom, Leviticus 1–16).
Lev 13:1–14:57 trata los temas relacionados con erupciones, enfermedades de la piel e infecciones. El término “lepra” se aplica a diversas clases de enfermedades de la piel, y no es un sinónimo de la enfermedad moderna de la lepra. El sacerdote determina la naturaleza del problema de la piel y declara impuro al individuo. Luego de esto, el individuo impuro se debe apartar de la comunidad hasta que sea declarado limpio (Lev 13:45–46). Luego que el sacerdote declara limpio al individuo, este se reincorpora a la sociedad de una manera progresiva por medio de un complejo ritual de purificación (Lev 14).
En el rito de purificación de una persona leprosa, el sacerdote usa dos aves para purificar al individuo. Este elemento se asemeja al rito del “chivo expiatorio” de Lev 16. El sacerdote mata a la primera ave y luego salpica con su sangre a la persona que había estado enferma. Luego sumerge a la segunda ave, junto con los otros elementos incluidos en el rito, en la sangre de la primera ave y deja en libertad a la segunda. Luego el sacerdote ofrece una ofrenda de purificación del pecado y un holocausto y ofrendas de grano para la expiación del individuo. La legislación se adecua a los que no pueden presentar la ofrenda típica.
El capítulo 15 suministra regulaciones relacionadas con las descargas corporales que resultan en la impureza de la persona. Estos intereses legislativos aparecen en forma quiástica.
A-Caso severo de descarga masculina (Lev 15:2–15)
B-Flujo de semen (Lev 15:16–17)
C-Relaciones sexuales (Lev 15:18)
B1-Menstruación (Lev 15:19–24)
A1-Caso severo de descarga femenina (Lev 15:25–30)
Estos elementos de impureza se pueden trasferir a otros por medio del contacto con objetos sobre los cuales se sienta o a los cuales toca la persona infectada. Esta sección de legislación incluye una advertencia seria de muerte debido a la profanación del tabernáculo de Dios, proveyendo una conexión clara entre la persona y el espacio sagrado y la amenaza de muerte que acarrea la impureza.
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