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Job 38:1–41:34

Respuesta de Dios

38 El Señor le respondió a Job desde la tempestad. Le dijo:

«¿Quién es éste, que oscurece mi consejo

con palabras carentes de sentido?

Prepárate a hacerme frente;*

yo voy a interrogarte, y tú me responderás.

»¿Dónde estabas cuando puse las bases de la tierra?

¡Dímelo, si de veras sabes tanto!

¡Seguramente sabes quién estableció sus dimensiones

y quién tendió sobre ella la cinta de medir!

¿Sobre qué están puestos sus cimientos,

o quién puso su piedra angular

mientras cantaban a coro las estrellas matutinas

y todos los ángeles* gritaban de alegría?

»¿Quién encerró el mar tras sus compuertas

cuando éste brotó del vientre de la tierra?

¿O cuando lo arropé con las nubes

y lo envolví en densas tinieblas?

10 ¿O cuando establecí sus límites

y en sus compuertas coloqué cerrojos?

11 ¿O cuando le dije: “Sólo hasta aquí puedes llegar;

de aquí no pasarán tus orgullosas olas”?

12 »¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes a la mañana,

o le has hecho saber a la aurora su lugar,

13 para que tomen la tierra por sus extremos

y sacudan de ella a los malvados?

14 La tierra adquiere forma, como arcilla bajo un sello;

sus rasgos resaltan como los de un vestido.

15 Los malvados son privados de su luz,

y es quebrantado su altanero brazo.

16 »¿Has viajado hasta las fuentes del océano,

o recorrido los rincones del abismo?

17 ¿Te han mostrado los umbrales de la muerte?

¿Has visto las puertas de la región tenebrosa?*

18 ¿Tienes idea de cuán ancha es la tierra?

Si de veras sabes todo esto, ¡dalo a conocer!

19 »¿Qué camino lleva a la morada de la luz?

¿En qué lugar se encuentran las tinieblas?

20 ¿Puedes acaso llevarlas a sus linderos?

¿Conoces el camino a sus moradas?

21 ¡Con toda seguridad lo sabes,

pues para entonces ya habrías nacido!

¡Son tantos los años que has vivido!

22 »¿Has llegado a visitar

los depósitos de nieve de granizo,

23 que guardo para tiempos azarosos,

cuando se libran guerras y batallas?

24 ¿Qué camino lleva adonde la luz se dispersa,

o adonde los vientos del este

se desatan sobre la tierra?

25 ¿Quién abre el canal para las lluvias torrenciales,

y le da paso a la tormenta,

26 para regar regiones despobladas,

desiertos donde nadie vive,

27 para saciar la sed del yermo desolado

y hacer que en él brote la hierba?

28 ¿Acaso la lluvia tiene padre?

¿Ha engendrado alguien las gotas de rocío?

29 ¿De qué vientre nace el hielo?

¿Quién da a luz la escarcha de los cielos?

30 ¡Las aguas se endurecen como rocas,

y la faz del mar profundo se congela!

31 »¿Acaso puedes atar los lazos de las Pléyades,

o desatar las cuerdas que sujetan al Orión?

32 ¿Puedes hacer que las constelaciones salgan* a tiempo?

¿Puedes guiar a la Osa Mayor y a la Menor?*

33 ¿Conoces las leyes que rigen los cielos?

¿Puedes establecer mi* dominio sobre la tierra?

34 »¿Puedes elevar tu voz hasta las nubes

para que te cubran aguas torrenciales?

35 ¿Eres tú quien señala el curso de los rayos?

¿Acaso te responden: “Estamos a tus órdenes”?

36 ¿Quién infundió sabiduría en el ibis,

o dio al gallo* entendimiento?

37 ¿Quién tiene sabiduría para contar las nubes?

¿Quién puede vaciar los cántaros del cielo

38 cuando el polvo se endurece

y los terrones se pegan entre sí?

39 »¿Cazas tú la presa para las leonas

y sacias el hambre de sus cachorros

40 cuando yacen escondidas en sus cuevas

o se tienden al acecho en sus guaridas?

41 ¿Eres tú quien alimenta a los cuervos

cuando sus crías claman a mí*

y andan sin rumbo y sin comida?

39 »¿Sabes cuándo los íbices tienen sus crías?

¿Has visto el parto de las gacelas?

¿Has contado los meses de su gestación?

¿Sabes cuándo dan a luz?

Al tener sus crías se encorvan,

y allí terminan sus dolores de parto.

Crecen sus crías, y en el bosque se hacen fuertes;

luego se van y ya no vuelven.

»¿Quién deja sueltos a los asnos salvajes?

¿Quién les desata las cuerdas?

Yo les di el páramo por morada,

el yermo por hábitat.

Se burlan del ajetreo de la ciudad;

no prestan atención a los gritos del arriero.

Recorren los cerros en busca de pastos,

en busca de verdes prados.

»¿Crees tú que el toro salvaje se prestará a servirte?

¿Pasará la noche en tus establos?

10 ¿Puedes mantenerlo en el surco con el arnés?

¿Irá en pos de ti labrando los valles?

11 ¿Pondrás tu confianza en su tremenda fuerza?

¿Echarás sobre sus lomos tu pesado trabajo?

12 ¿Puedes confiar en él para que acarree tu grano

y lo junte en el lugar donde lo trillas?

13 »El avestruz bate alegremente sus alas,

pero su plumaje no es como el de la cigüeña.*

14 Pone sus huevos en la tierra,

los deja empollar en la arena,

15 sin que le importe aplastarlos con sus patas,

o que las bestias salvajes los pisoteen.

16 Maltrata a sus polluelos como si no fueran suyos,

y no le importa haber trabajado en vano,

17 pues Dios no le dio sabiduría

ni le impartió su porción de buen juicio.

18 Pero cuando extiende sus alas y corre,

se ríe de jinetes y caballos.

19 »¿Le has dado al caballo su fuerza?

¿Has cubierto su cuello con largas crines?

20 ¿Eres tú quien lo hace saltar como langosta,

con su orgulloso resoplido que infunde terror?

21 Patalea con furia, regocijándose en su fuerza,

y se lanza al galope hacia la llanura.

22 Se burla del miedo; a nada le teme;

no rehuye hacerle frente a la espada.

23 En torno suyo silban las flechas,

brillan las lanzas y las jabalinas.

24 En frenética carrera devora las distancias;

al toque de trompeta no es posible refrenarlo.

25 En cuanto suena la trompeta, resopla desafiante;

percibe desde lejos el fragor* de la batalla,

los gritos de combate y las órdenes de ataque.

26 »¿Es tu sabiduría la que hace que el halcón vuele

y que hacia el sur extienda sus alas?

27 ¿Acaso por tus órdenes remonta el vuelo el águila

y construye su nido en las alturas?

28 Habita en los riscos; allí pasa la noche;

en escarpadas grietas tiene su baluarte.

29 Desde allí acecha la presa;

sus ojos la detectan desde lejos.

30 Sus polluelos se regodean en la sangre;

donde hay un cadáver, allí está el halcón.»

40 El Señor dijo también a Job:

«¿Corregirá al Todopoderoso quien contra él contiende?

¡Que le responda a Dios quien se atreve a acusarlo!»

Entonces Job le respondió:

«¿Qué puedo responderte, si soy tan indigno?

¡Me tapo la boca con la mano!

Hablé una vez, y no voy a responder;

hablé otra vez, y no voy a insistir.»

El Señor le respondió a Job desde la tempestad. Le dijo:

«Prepárate a hacerme frente.

Yo te cuestionaré, y tú me responderás.

»¿Vas acaso a invalidar mi justicia?

¿Me harás quedar mal para que tú quedes bien?

¿Tienes acaso un brazo como el mío?

¿Puede tu voz tronar como la mía?

10 Si es así, cúbrete de gloria y esplendor;

revístete de honra y majestad.

11 Da rienda suelta a la furia de tu ira;

mira a los orgullosos, y humíllalos;

12 mira a los soberbios, y somételos;

aplasta a los malvados donde se hallen.

13 Entiérralos a todos en el polvo;

amortaja sus rostros en la fosa.

14 Yo, por mi parte, reconoceré

que en tu mano derecha está la salvación.

15 »Mira a Behemot,* criatura mía igual que tú,

que se alimenta de hierba, como los bueyes.

16 ¡Cuánta fuerza hay en sus lomos!

¡Su poder está en los músculos de su vientre!

17 Su rabo se mece como un cedro;

los tendones de sus muslos se entrelazan.

18 Sus huesos son como barras de bronce;

sus piernas parecen barrotes de hierro.

19 Entre mis obras ocupa el primer lugar,

sólo yo, su Hacedor, puedo acercármele con la espada.

20 Los montes le brindan sus frutos;

allí juguetean todos los animales salvajes.

21 Debajo de los lotos se tiende a descansar;

se oculta entre los juncos del pantano.

22 Los lotos le brindan su sombra;

los álamos junto al río lo envuelven.

23 No se alarma si brama el río;

vive tranquilo aunque el Jordán le llegue al hocico.

24 ¿Quién ante sus ojos se atreve a capturarlo?

¿Quién puede atraparlo y perforarle la nariz?

41 »¿Puedes pescar a Leviatán con un anzuelo,

o atarle la lengua con una cuerda?

¿Puedes ponerle un cordel en la nariz,

o perforarle la quijada con un gancho?

¿Acaso amablemente va a pedirte

o suplicarte que le tengas compasión?

¿Acaso va a comprometerse

a ser tu esclavo de por vida?

¿Podrás jugar con él como juegas con los pájaros,

o atarlo para que tus niñas se entretengan?

¿Podrán los mercaderes ofrecerlo como mercancía,*

o cortarlo en pedazos para venderlo?

¿Puedes atravesarle la piel con lanzas,

o la cabeza con arpones?

Si llegas a ponerle la mano encima,

¡jamás te olvidarás de esa batalla,

y no querrás repetir la experiencia!

Vana es la pretensión de llegar a someterlo;

basta con verlo para desmayarse.*

10 No hay quien se atreva siquiera a provocarlo;

¿quién, pues, podría hacerle frente?

11 ¿Y quién tiene alguna cuenta que cobrarme?

¡Mío es todo cuanto hay bajo los cielos!

12 »No puedo dejar de mencionar sus extremidades,

su fuerza y su elegante apariencia.

13 ¿Quién puede despojarlo de su coraza?

¿Quién puede acercarse a él y ponerle un freno?

14 ¿Quién se atreve a abrir el abismo de sus fauces,

coronadas de terribles colmillos?

15 Tiene el lomo* recubierto de hileras de escudos,

todos ellos unidos en cerrado tejido;

16 tan juntos están uno al otro

que no dejan pasar ni el aire;

17 tan prendidos están uno del otro,

tan unidos entre sí, que no pueden separarse.

18 Resopla y lanza deslumbrantes relámpagos;

sus ojos se parecen a los rayos de la aurora.

19 Ascuas de fuego brotan de su hocico;

chispas de lumbre salen disparadas.

20 Lanza humo por la nariz,

como olla hirviendo sobre un fuego de juncos.

21 Con su aliento enciende los carbones,

y lanza fuego por la boca.

22 En su cuello radica su fuerza;

ante él, todo el mundo pierde el ánimo.

23 Los pliegues de su piel son un tejido apretado;

firmes son, e inconmovibles.

24 Duro es su pecho, como una roca;

sólido, cual piedra de molino.

25 Cuando se yergue, los poderosos tiemblan;

cuando se sacude, emprenden la huida.

26 La espada, aunque lo alcance, no lo hiere,

ni lo hieren tampoco los dardos,

ni las lanzas y las jabalinas.

27 Al hierro lo trata como a paja,

y al bronce como a madera podrida.

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