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Hebreos 8.8–13

Pero Dios, reprochándoles sus defectos, dijo:

«Vienen días—dice el Señor—,

en que haré un nuevo pacto

con la casa de Israel

y con la casa de Judá.

No será un pacto

como el que hice con sus antepasados

el día en que los tomé de la mano

y los saqué de Egipto,

ya que ellos no permanecieron fieles a mi pacto,

y yo los abandoné

—dice el Señor—.

10 Éste es el pacto que después de aquel tiempo

haré con la casa de Israel—dice el Señor—:

Pondré mis leyes en su mente

y las escribiré en su corazón.

Yo seré su Dios,

y ellos serán mi pueblo.

11 Ya no tendrá nadie que enseñar a su prójimo,

ni dirá nadie a su hermano: “¡Conoce al Señor!”,

porque todos, desde el más pequeño hasta el más grande,

me conocerán.

12 Yo les perdonaré sus iniquidades,

y nunca más me acordaré de sus pecados.»*

13 Al llamar «nuevo» a ese pacto, ha declarado obsoleto al anterior; y lo que se vuelve obsoleto y envejece ya está por desaparecer.

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