Salmo 10:1–12:8
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- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Oración pidiendo la caída de los impíos
¿Por qué, oh Señor, te mantienes alejadoa,
Y te escondesb en tiempos de tribulación?
Con arrogancia el impío acosa al afligidoa;
¡Que sea atrapado en las trampas que ha preparadob!
Porque del deseo de su corazóna se gloría el impíob,
Y el codicioso maldice y desprecia al Señorc.
El impío, en la arrogancia de su rostro, no busca a Diosa.
Todo su pensamiento es: «No hay Diosb».
Sus caminos prosperan en todo tiempoa;
Tus juicios, oh Dios, están en lo alto, lejos de su vistab;
A todos sus adversarios los desprecia.
Dice en su corazón: «No hay quien me muevaa;
Por todas las generaciones no sufriré adversidadb».
Llena está su boca de blasfemiaa, engaño y opresiónb;
Bajo su lengua hay malicia e iniquidadc.
Se sienta al acecho en las aldeasa,
En los escondrijos mata al inocenteb;
Sus ojos espían al desvalidoc.
Acecha en el escondrijo como león en su guaridaa;
Acechab para atrapar al afligidoc,
Y atrapa al afligido arrastrándolo a su redd.
Se agazapa, se encoge,
Y los desdichados caen en sus garras.
El impío dice en su corazón: «Dios se ha olvidado;
Ha escondido Su rostro; nunca verá nadaa».
Levántate, oh Señor; alza, oh Dios, Tu manoa.
No te olvides de los pobresb.
¿Por qué ha despreciado el impío a Diosa?
Ha dicho en su corazón: «Tú no le pedirás cuentas».
Tú lo has visto, porque has contemplado la malicia y el maltratoa, para hacer justicia con Tu mano.
A Ti se acoge el desvalidob;
Tú has sido amparo del huérfanoc.
Quiébrale el brazo al impío y al malvadoa;
Persigue su maldad hasta que desaparezcab.
El Señor es Rey eternamente y para siemprea;
Las naciones han perecido de Su tierrab.
Oh Señor, Tú has oído el deseo de los humildesa;
Tú fortalecerás su corazónb e inclinarás Tu oídoc
Para hacer justicia al huérfanoa y al afligidob;
Para que no vuelva a causar terror el hombre que es de la tierrac.
Salmo 11
El Señor, refugio y defensa
Para el director del coro. Salmo de David.
En el Señor me refugioa;
¿Cómo es que ustedes le dicen a mi alma: «Huye como ave al monteb?
»Porque, los impíos tensan el arcoa,
Preparan su flecha sobre la cuerdab
Para disparar en lo oscuro a los rectos de corazónc.
»Si los fundamentos son destruidosa;
¿Qué puede hacer el justo?».
El Señor está en Su santo temploa, el trono del Señor está en los cielosb;
Sus ojos contemplanc, Sus párpados examinan a los hijos de los hombres.
El Señor prueba al justoa y al impío,
Y Su alma aborrece al que ama la violenciab.
Sobre los impíos hará llover carbones encendidosa;
Fuego, azufreb y viento abrasadorc será la porción de su copad.
Pues el Señor es justoa; Él ama la justiciab;
Los rectos contemplarán Su rostroc.
Salmo 12
Dios, protector del justo
Para el director del coro; sobre una lira de ocho cuerdas. Salmo de David.
Salva, Señor, porque el piadoso deja de sera;
Porque los fieles desaparecen de entre los hijos de los hombres.
Falsedad habla cada uno a su prójimoa;
Hablan con labios lisonjerosb y con doblez de corazón.
Corte el Señor todo labio lisonjero,
La lengua que habla con exageracióna;
A los que han dicho: «Con nuestra lengua prevaleceremos,
Nuestros labios nos defienden; ¿quién es señor sobre nosotrosa?».
«Por la desolación del afligidoa, por los gemidos del menesteroso,
Me levantaré ahora», dice el Señorb; «lo pondré en la seguridad que anhelac».
Las palabras del Señor son palabras purasa,
Plata probadab en un crisol en la tierra, siete veces refinada.
Tú, Señor, los guardarás;
De esta generación los preservarás para siemprea.
Por todas partes se pasean los impíosa,
Cuando la maldad es exaltadab entre los hijos de los hombres.
Referencias cruzadas
- aSal. 22:1
- bSal. 13:1; 55:1
- aSal. 73:6, 8
- bSal. 7:16; 9:16
- aSal. 49:6; 94:3, 4
- bSal. 112:10
- cSal. 10:13
- aSal. 10:13; Sal. 36:2
- bSal. 14:1; 36:1
- aSal. 52:7
- bSal. 28:5
- aSal. 49:11; Ecl. 8:11
- bApoc. 18:7
- aRom. 3:14
- bSal. 73:8
- cJob 20:12; Sal. 140:3
- aSal. 11:2
- bSal. 94:6
- cSal. 72:12
- aSal. 17:12
- bSal. 59:3; Miq. 7:2
- cSal. 10:2
- dSal. 140:5
- aSal. 10:4
- aSal. 17:7; Miq. 5:9
- bSal. 9:12
- aSal. 10:3
- aSal. 10:7
- bSal. 22:11
- cSal. 68:5
- aSal. 37:17
- bSal. 140:11
- aSal. 29:10
- bDt. 8:20
- aSal. 9:18
- b1 Crón. 29:18
- cSal. 34:15
- aSal. 146:9
- bSal. 9:9; 74:21
- cIsa. 29:20
- aSal. 2:12
- bSal. 121:1
- aSal. 7:12; 37:14
- bSal. 64:3
- cSal. 64:4
- aSal. 82:5; 87:1; 119:152
- aSal. 18:6; Miq. 1:2; Hab. 2:20
- bSal. 103:19; Isa. 66:1; Mat. 5:34; Apoc. 4:2
- cSal. 33:18; 34:15, 16
- aGn. 22:1; Sal. 34:19; Sant. 1:12
- bSal. 5:5
- aSal. 18:13, 14
- bGn. 19:24; Ezq. 38:22
- cJer. 4:11, 12
- dSal. 75:8
- aSal. 7:9, 11
- bSal. 33:5; 45:7
- cSal. 16:11; 17:15
- aIsa. 57:1; Miq. 7:2
- aSal. 10:7; 41:6
- bSal. 28:3; 55:21; Jer. 9:8; Rom. 16:18
- aDan. 7:8; Apoc. 13:5
- aSal. 73:8, 9
- aSal. 9:9; 10:18
- bIsa. 33:10
- cSal. 34:6; 35:10
- a2 Sam. 22:31; Sal. 18:30; 19:8, 10; 119:140
- bPrv. 30:5
- aSal. 37:28; 97:10
- aSal. 55:10, 11
- bIsa. 32:5
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