Romanos 12–16
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Actitud consecuente del creyente
Por tanto, hermanos, les ruegoa por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santob, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes.
Y no se adapten a este mundo1a, sino transfórmense mediante la renovación de su menteb, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfectoc.
Nuestros deberes cristianos
Porque en virtud de la gracia que me ha sido dadaa, digo a cada uno de1 ustedes que no piense de sí mismo más de lo que debe pensarb, sino que piense con buen juicio2, según la medida de fec que Dios ha distribuido a cada uno.
Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma funcióna,
así nosotros, que somos muchosa, somos un cuerpo en Cristob e individualmente miembros los unos de los otros.
Pero teniendo diferentes dones, según la gracia que nos ha sido dadaa, usémoslos: si el de profecíab, úsese en proporción a la fe;
si el de servicioa, en servir1; o el que enseñab, en la enseñanza;
el que exhorta, en la exhortacióna; el que da, con liberalidad1b; el que dirigec, con diligencia; el que muestra misericordia, con alegríad.
El amor sea sin hipocresíaa; aborreciendo lo malo, aplicándose1 a lo buenob.
Sean afectuosos unos con otros con amor fraternala; con honrab, dándose preferencia unos a otros.
No sean perezosos en lo que requiere diligencia. Sean fervientes en espíritua, sirviendo al Señorb,
gozándose en la esperanzaa, perseverando en el sufrimientob, dedicados a la oraciónc,
contribuyendo para las necesidades de los santosa, practicando1 la hospitalidadb.
Bendigan a los que los1 persiguena. Bendigan, y no maldigan.
Gócense con los que se gozan y lloren con los que llorana.
Tengan el mismo sentira unos con otros. No sean altivos en su pensar, sino condescendiendo con los humildes1b. No sean sabios en su propia opiniónc.
Nunca paguen a nadie mal por mala. Respeten1 lo bueno delante de todos los hombresb.
Si es posible, en cuanto de ustedes dependaa, estén en paz con todos los hombresb.
Amados, nunca tomen venganzaa ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, Yo pagare», dice el Señorb.
«Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonaras sobre su cabezaa».
No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien.
Actitud hacia las autoridades
Sométase toda persona1a a las autoridades que gobiernanb. Porque no hay autoridadc sino de2 Dios, y las que existen, por Dios son constituidas.
Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí mismos.
Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ellaa,
pues es para ti un ministro1 de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme. Porque no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, un vengadora que castiga2 al que practica lo malo.
Por tanto, es necesario someterse, no solo por razón del castigo1, sino también por causa de la concienciaa.
Pues por esto también ustedes pagan impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto.
Paguen a todos lo que debana: al que impuestob, impuesto; al que tributoc, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor.
El amor, cumplimiento de la ley
No deban a nadie nada, sino el amarse unos a otros. Porque el que ama a su prójimo1, ha cumplido la leya.
Porque esto: «No cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarása», y cualquier1 otro mandamiento, en estas palabras se resume: “Amaras a tu projimo como a ti mismob.”
El amor no hace mal1 al prójimo. Por tanto, el amor es el cumplimiento de la leya.
Se acerca el amanecer
Y hagan todo esto, conociendo el tiempo, que ya es horaa de despertarse del sueñob. Porque ahora la salvación está más cerca de nosotros1 que cuando creímos.
La noche está muy avanzadaa, y el día está cercab. Por tanto, desechemos1 las obras de las tinieblasc y vistámonos con las armas de la luzd.
Andemos decentementea, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidiasb.
Antes bien, vístanse del Señor Jesucristoa, y no piensen en proveer para las lujurias de la carneb.
Principios que rigen problemas de conciencia
Aceptena al que es débil en la feb, pero no para juzgar sus opiniones.
Uno tiene fe en que puede comer de todoa, pero el que es débilb solo come legumbres.
El que come no desprecie al que no comea, y el que no come no juzgueb al que come, porque Dios lo ha aceptadoc.
¿Quién eres tú para juzgar al criado1 de otroa? Para su propio amo2 está en pie o cae. En pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie.
Uno juzga que un día es superior a otroa, otro juzga iguales todos los días. Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentirb.
El que guarda cierto1 día, para el Señor lo guarda. El que come, para el Señor come, pues da gracias a Diosa; y el que no come, para el Señor se abstiene2, y da gracias a Dios.
Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismoa.
Pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Por tanto, ya sea que vivamos o que muramosa, del Señor somos.
Porque para esto Cristo murió y resucitó1a, para ser Señorb tanto de los muertos como de los vivos.
Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O también, tú, ¿por qué despreciasa a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Diosb.
Porque está escrito:
«Vivo y, Odice el Señor, que ante Mí se doblará toda rodilla,
Y toda lengua alabará1 a Diosa».
De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismoa.
Por tanto, ya no nos juzguemosa los unos a los otros, sino más bien decidan esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermanob.
Yo sé, y estoy convencido en el Señor Jesús, de que nada es inmundo en sí mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo esa.
Porque si por causa de la comida tu hermano se entristece, ya no andas conforme al amora. No destruyas con tu comida a aquel por quien Cristo muriób.
Portanto, no permitan que se hable mal de1 lo que para ustedes es buenoa.
Porque el reino de Dios no es comida ni bebidaa, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santob.
Porque el que de esta manera sirve a Cristoa, es aceptable a Dios y aprobado por los hombresb.
Así que procuremos lo que contribuye a la paza y a la edificación mutuab.
No destruyas la obra de Dios por causa de la comidaa. En realidad, todas las cosas son limpiasb, pero son malas para el hombre que escandaliza a otro al comerc.
Es mejor1 no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tu hermano tropiecea.
La fe que tú tienes, tenla conforme a tu propia convicción1 delante de Dios. Dichoso el que no se condena a sí mismoa en lo que aprueba.
Pero el que dudaa, si come se condena, porque no lo hace por fe. Todo lo que no procede de fe, es pecado.
Así que, nosotros los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débilesa y no agradarnos a nosotros mismos.
Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para su edificación1a.
Pues ni aun Cristo se agradó a Él mismoa; antes bien, como está escrito: «Los insultos de los que te injuriaban cayeron sobre Míb».
Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribióa, a fin de que por medio de la paciencia1 y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.
Y que el Dios de la paciencia y del consueloa les conceda tener el mismo sentir los unos para con los otrosb conforme a Cristo Jesús,
para que unánimes, a una voz1, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo2a.
El evangelio a los gentiles
Por tanto, acéptense los unos a los otrosa, como también Cristo nos1 aceptó para la gloria de Dios.
Pues les digo que Cristo se hizo servidor de la circuncisióna para demostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas dadas a los padresb,
y para que los gentilesa glorifiquen a Diosb por Su misericordia, como está escrito:
«Por tanto, te confesaré entre los gentiles,
Y a Tu nombre cantaréc».
Y vuelve a decir:
«Regocíjense, Gentiles, con Su puebloa».
Y de nuevo:
«Alaben al Señor todos los gentiles,
Y todos los pueblos Lo alabena».
Y a su vez, Isaías dice:
El que se levanta a regir a los Gentiles;
Los gentiles pondrán en Él su esperanzab».
Y el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paza en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santob.
En cuanto a ustedes, hermanos míos, yo mismo estoy también convencido de que ustedes están llenos de bondada, llenos de todo conocimientob y capaces también de amonestarse los unos a los otros.
Pero les he escrito con atrevimiento sobre algunas cosas1, para así hacer que las recuerden otra vez, por la gracia que me fue dada por Diosa,
para ser ministro de Cristo Jesús a los gentilesa, ministrando a manera de sacerdote1 el evangelio de Diosb, a fin de que la ofrenda que hago de los gentiles sea aceptablec, santificada por el Espíritu Santo.
Por tanto, en Cristo Jesús he hallado razón para gloriarmea en las cosas que se refieren a Diosb.
Porque no me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho1 por medio de mía para la obediencia de los gentiles, en palabra y en obra,
con el poder de señales1 y prodigiosa, en el poder del Espíritub de Dios, De manera que desde Jerusalénc y por los alrededores hasta el Ilíricod he predicado en toda su plenitud2 el evangelio de Cristo.
De esta manera me esforcé en anunciar el evangelioa, no donde Cristo ya era conocido1, para no edificar sobre el fundamento de otrob;
sino como está escrito:
«Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán,
y los que no han oido, entenderána».
Anhelo de Pablo de visitar…
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Footnotes
- 1O siglo.
- 1 que está entre.
- 2O con cordura.
- 1 en el servicio.
- 1O sencillez.
- 1 adhiéranse.
- 1 yendo tras.
- 1Algunos antiguos no incluyen: los.
- 1O adaptándose a cosas humildes.
- 1 Consideren.
- 1 alma.
- 2 por.
- 1O servidor.
- 2 para ira.
- 1 de la ira.
- 1 al otro.
- 1 y si algún.
- 1 no obra mal.
- 1O nuestra salvación está más cerca.
- 1O despojémonos de.
- 1O siervo.
- 2O señor.
- 1 el.
- 2 no come.
- 1 volvió a vivir.
- 1O confesará.
- 1 se blasfeme.
- 1 bueno.
- 1 conforme a ti mismo.
- 1 para lo que es bueno para edificación.
- 1O perseverancia.
- 1 con una boca.
- 2I.e. el Mesías.
- 1Muchos dicen: los.
- 1 Estará.
- 1O sobre algunos puntos.
- 1I.e. oficiar, ejercer el culto sagrado.
- 1O de nada que Cristo no haya logrado.
- 1O milagros.
- 2 he cumplido.
- 1 nombrado.
Cross references
- a1Cor. 1:10; 2Cor. 10:1–4; Ef. 4:1; 1Ped. 2:11
- bRom. 6:13, 16, 19; 1Cor. 6:20; Heb. 13:15; 1Ped. 2:5
- aMat. 13:22; Gál. 1:4; 1Ped. 1:14; 1Jn. 2:15
- bEf. 4:23; Tito 3:5
- cEf. 5:10, 17; Col. 1:9
- aRom. 1:5; 15:15; 1Cor. 3:10; 15:10; Gál. 2:9; Ef. 3:7, 8
- bRom. 11:20; 12:16
- c1Cor. 7:17; 2Cor. 10:13; Ef. 4:7; 1Ped. 4:11
- a1Cor. 12:12–14; Ef. 4:4, 16
- a1Cor. 10:33
- b1Cor. 10:17; 12:20, 27; Ef. 4:12, 25
- aRom. 12:3; 1Cor. 7:7; 12:4; 1Ped. 4:10
- bHech. 13:1; 1Cor. 12:10
- aHech. 6:1; 1Cor. 12:5, 28
- bHech. 13:1; 1Cor. 12:28; 14:26
- aHech. 4:36; 11:23; 13:15
- b2Cor. 8:2; 9:11, 13
- c1Cor. 12:28; 1Tim. 5:17
- d2Cor. 9:7
- a2Cor. 6:6; 1Tim. 1:5
- b1Tes. 5:21, 22
- aJuan 13:34; 1Tes. 4:9; Heb. 13:1; 2Ped. 1:7
- bRom. 13:7; Fil. 2:3; 1Ped. 2:17
- aHech. 18:25
- bHech. 20:19
- aRom. 5:2
- bHeb. 10:32, 36
- cHech. 1:14
- aRom. 15:25; 1Cor. 16:15; 2Cor. 9:1; Heb. 6:10
- bMat. 25:35; 1Tim. 3:2
- aMat. 5:44; Luc. 6:28; 1Cor. 4:12
- aJob 30:25; Heb. 13:3
- aRom. 15:5; 2Cor. 13:11; Fil. 2:2; 4:2; 1Ped. 3:8
- bRom. 11:20; 12:3
- cPrv. 3:7; Rom. 11:25
- aPrv. 20:22; 24:29; Rom. 12:19
- b2Cor. 8:21
- aRom. 1:15
- bMar. 9:50; Rom. 14:19
- aPrv. 20:22; 24:29; Rom. 12:17
- bDt. 32:35; Sal. 94:1; 1Tes. 4:6; Heb. 10:30
- a2Rey. 6:22; Prv. 25:21, 22; Mat. 5:44; Luc. 6:27
- aTito 3:1; 1Ped. 2:13, 14
- bHech. 2:41
- cDan. 2:21; 4:17; Juan 19:11
- a1Ped. 2:14
- a1Tes. 4:6
- aEcl. 8; 1Ped. 2:13–19
- aMat. 22:21; Mar. 12:17; Luc. 20:25
- bLuc. 20:22; 23:2
- cMat. 17:25
- aMat. 7:12; 22:39, 40; Juan 13:34; Rom. 13:10; Gál. 5:14; Sant. 2:8
- aEx. 20:13 y ; Dt. 5:17 y
- bLev. 19:18; Mat. 19:19
- aMat. 7:12; 22:39, 40; Juan 13:34; Rom. 13:8; Gál. 5:14; Sant. 2:8
- a1Cor. 7:29, 30; 10:11; Sant. 5:8; 1Ped. 4:7; 2Ped. 3:9, 11; 1Jn. 2:18; Apoc. 1:3; 22:10
- bMar. 13:37; 1Cor. 15:34; Ef. 5:14; 1Tes. 5:6
- a1Cor. 7:29, 30; 10:11; Sant. 5:8; 1Ped. 4:7; 2Ped. 3:9, 11; 1Jn. 2:18; Apoc. 1:3; 22:10
- bHeb. 10:25; 1Jn. 2:8; Apoc. 1:3; 22:10
- cEf. 5:11
- d2Cor. 6:7; 10:4; Ef. 6:11, 13; 1Tes. 5:8
- a1Tes. 4:12
- bLuc. 21:34; Gál. 5:21; Ef. 5:18; 1Ped. 4:3
- aJob 29:14; Gál. 3:27; Ef. 4:24; Col. 3:10, 12
- bGál. 5:16; 1Ped. 2:11
- aHech. 28:2; Rom. 11:15; 14:3; 15:7
- bRom. 14:2; 15:1; 1Cor. 8:9 y ; 9:22
- aRom. 14:14
- bRom. 14:1; 15:1; 1Cor. 8:9 y ; 9:22
- aLuc. 18:9; Rom. 14:10
- bRom. 14:10, 13; Col. 2:16
- cHech. 28:2; Rom. 11:15; 14:1; 15:7
- aRom. 9:20; Sant. 4:12
- aGál. 4:10
- bLuc. 1:1; Rom. 4:21; 14:23
- aMat. 14:19; 15:36; 1Cor. 10:30; 1Tim. 4:3, 4
- aRom. 8:38, 39; 2Cor. 5:15; Gál. 2:20; Fil. 1:20, 21
- aLuc. 20:38; Fil. 1:20; 1Tes. 5:10; Apoc. 14:13
- aApoc. 1:18; 2:8
- bMat. 28:18; Juan 12:24; Fil. 2:11; 1Tes. 5:10
- aLuc. 18:9; Rom. 14:3
- bRom. 2:16; 2Cor. 5:10
- aIsa. 45:23; Fil. 2:10, 11
- aMat. 12:36; 16:27; 1Ped. 4:5
- aMat. 7:1; Rom. 14:3
- b1Cor. 8:13
- aHech. 10:15; Rom. 14:2, 20; 1Cor. 8:7
- aEf. 5:2
- bRom. 14:20; 1Cor. 8:11
- a1Cor. 10:30; Tito 2:5
- a1Cor. 8:8
- bRom. 15:13; Gál. 5:22
- aRom. 16:18
- b2Cor. 8:21; Fil. 4:8; 1Ped. 2:12
- aSal. 34:14; Rom. 12:18; 1Cor. 7:15; 2Tim. 2:22; Heb. 12:14
- bRom. 15:2; 1Cor. 10:23; 14:3, 4, 26; 2Cor. 12:19; Ef. 4:12, 29
- aRom. 14:15
- bHech. 10:15; Rom. 14:2, 14
- c1Cor. 8:9–12
- a1Cor. 8:13
- a1Jn. 3:21
- aRom. 14:5
- aRom. 14:1; Gál. 6:2; 1Tes. 5:14
- aRom. 14:19; 1Cor. 9:22; 10:23, 24, 33; 14:3, 4, 26; 2Cor. 12:19; 13:9; Ef. 4:12, 29
- a2Cor. 8:9
- bSal. 69:9
- aRom. 4:23, 24; 2Tim. 3:16
- a2Cor. 1:3
- bRom. 12:16
- aApoc. 1:6
- aRom. 14:1
- aMat. 15:24; Hech. 3:26
- bRom. 4:16; 2Cor. 1:20
- aRom. 3:29; 11:30, 31
- bMat. 9:8
- c2Sam. 22:50; Sal. 18:49
- aDt. 32:43
- aSal. 117:1
- aApoc. 5:5; 22:16
- bIsa. 11:10; Mat. 12:21
- aRom. 14:17
- bRom. 15:19; 1Cor. 2:4; 1Tes. 1:5
- aEf. 5:9; 2Tes. 1:11
- b1Cor. 1:5; 8:1, 7, 10; 12:8; 13:2
- aRom. 12:3
- aHech. 9:15; Rom. 11:13
- bRom. 1:1; 15:19, 20
- cRom. 12:1; Ef. 5:2; Fil. 2:17
- aFil. 3:3
- bHeb. 2:17; 5:1
- aHech. 15:12; 21:19; Rom. 1:5; 2Cor. 3:5
- aJuan 4:48
- bRom. 15:13; 1Cor. 2:4; 1Tes. 1:5
- cHech. 22:17–21
- dHech. 20:1, 2
- aRom. 1:15; 10:15; 15:16
- b1Cor. 3:10; 2Cor. 10:15, 16
- aIsa. 52:15
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