Números 22:30–41
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Y el asna dijo a Balaam: «¿No soy yo tu asna, y sobre mí has cabalgado toda tu vida hasta hoy? ¿He tenido la costumbre de portarme así contigo?». «No», respondió Balaam.
Entonces el Señor abrió los ojos de Balaam, y él vio al ángel del Señor de pie en el camino, con la espada desenvainada en su mano, e inclinándose, se postró rostro en tierraa;
y el ángel del Señor le dijo: «¿Por qué has golpeado a tu asna estas tres veces? Mira, yo he salido como adversario, porque tu camino me era contrarioa;
pero el asna me vio y se apartó de mí estas tres veces. Si no se hubiera apartado de mí, ciertamente yo te hubiera matado ahora mismo, y a ella la hubiera dejado vivir».
Y Balaam dijo al ángel del Señor: «He pecadoa, pues no sabía que tú estabas en el camino para enfrentarte a mí. Pero ahora, si te desagrada, me volveré».
El ángel del Señor respondió a Balaam: «Ve con los hombres, pero hablarás solo la palabra que yo te digaa». Y Balaam se fue con los jefes de Balac.
Al oír Balac que Balaam se acercaba, salió a recibirlo en una ciudad de Moab, que está sobre la frontera del Arnón, al extremo de la frontera.
Entonces Balac dijo a Balaam: «¿No envié a llamarte con urgencia? ¿Por qué no viniste a mí? ¿Acaso no soy capaz de honrarte?».
Balaam respondió a Balac: «Mira, ahora he venido a ti. ¿Hay algo, acaso, que pueda decir? La palabra que Dios ponga en mi boca, esa diréa».
Balaam fue con Balac, y llegaron a Quiriat Huzot.
Balac sacrificó bueyes y ovejas, y envió algunos a Balaam y a los jefes que estaban con él.
Y a la mañana siguiente, Balac tomó a Balaam y lo hizo subir a los lugares altos de Baala, y desde allí vio un extremo del pueblob.
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