Mateo 16:16–27
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- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
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- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristoa, el Hijob del Dios vivientec»
Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonása, porque esto no te lo reveló carne ni sangreb, sino Mi Padre que está en los cielos.
»Yo también te digo que tú eres Pedro1a, y sobre esta roca2 edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades3b no prevalecerán contra ella.
»Yo te daré las llaves del reino de los cielosa; y lo que ates en la tierra, será1 atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será1 desatado en los cielosb».
Entonces ordenó a los discípulosa que a nadie dijeran que Él era el Cristob.
Jesús anuncia Su muerte y resurrección
aDesde entonces Jesucristo comenzó a declarar1 a Sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianosb, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día.
Tomando aparte a Jesús, Pedro lo reprendió: «¡No lo permita Dios1, Señor! Eso nunca te acontecerá2»
Pero volviéndose Él, dijo a Pedro: «¡Quítate de delante de Mí1, Satanása! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres».
Condiciones para seguir a Jesús
Entonces Jesús dijo a Sus discípulos: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruza y que Me siga.
»Porque el que quiera salvar su vida1, la perderá; pero el que pierda su vida1 por causa de Mí, la hallaráa.
»Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?
»Porque el Hijo del Hombrea ha de venir en la gloria de Su Padreb con Sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conductac.
Notas al pie
Referencias cruzadas
- aMat. 1:16; 16:20; Juan 11:27
- bMat. 4:3
- cSal. 42:2; Mat. 26:63; Hech. 14:15; Rom. 9:26; 2Cor. 3:3; 6:16; 1Tes. 1:9; 1Tim. 3:15; 4:10; Heb. 3:12; 9:14; 10:31; 12:22; Apoc. 7:2
- aJuan 1:42; 21:15–17
- b1Cor. 15:50; Gál. 1:16; Ef. 6:12; Heb. 2:14
- aMat. 4:18
- bMat. 11:23
- aIsa. 22:22; Apoc. 1:18; 3:7
- bMat. 18:18; Juan 20:23
- aMat. 8:4; Mar. 8:30; Luc. 9:21
- bMat. 1:16; 16:16; Juan 11:27
- aMat. 16:21–28: Mar. 8:31–9:1; Luc. 9:22–27
- bMat. 12:40; 17:9, 12, 22, 23; 20:18, 19; 27:63; Mar. 9:12, 31; Luc. 17:25; 18:32; 24:7; Juan 2:19
- aMat. 4:10
- aMat. 10:38; Luc. 14:27
- aMat. 10:39
- aMat. 8:20
- bMat. 10:23; 24:3, 27, 37, 39; 26:64; Mar. 8:38; 13:26; Luc. 21:27; Juan 21:22; Hech. 1:11; 1Cor. 15:23; 1Tes. 1:10; 4:16; 2Tes. 1:7, 10; 2:1, 8; Sant. 5:7, 8; 2Ped. 1:16; 3:4, 12; 1Jn. 2:28; Apoc. 1:7
- cSal. 62:12; Prv. 24:12; Rom. 2:6; 14:12; 1Cor. 3:13; 2Cor. 5:10; Ef. 6:8; Col. 3:25; Apoc. 2:23; 20:12; 22:12
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