Estudio bíblico Logos

Mateo 14–28

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Muerte de Juan el Bautista

aPor aquel tiempo1, Herodes el tetrarcab oyó la fama de Jesús,

y dijo a sus sirvientes: «Este es Juan el Bautistaa. Él ha resucitado de entre los muertos, y por eso es que poderes milagrosos actúan en él»

Porque antes aHerodes había prendido a Juan, y lo había atado1 y puesto en la cárcelb por causa de Herodíasc, mujer de su hermano Felipe;

porque Juan le decía: «No te es lícito tenerlaa»

Y aunque Herodes quería matarlo, tenía miedo al pueblo1, porque consideraban2 a Juan como un profetaa.

Pero cuando llegó1 el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías2a danzó ante3 ellos y agradó a b Herodes.

Por lo cual le prometió con juramento darle lo que ella pidiera.

Ella, instigada por su madre, dijo*: «Dame aquí, en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista»

Y aunque el rey se entristeció, a causa de sus1 juramentos y de sus invitados2, ordenó que se la dieran;

y mandó decapitar a Juan en la cárcel.

Trajeron su cabeza en una bandeja y se la dieron a la muchacha1, y ella se la llevó a su madre.

Los discípulos de Juan1 llegaron y recogieron el cuerpo y lo sepultaron; y fueron y se lo comunicaron a Jesús.

Alimentación de los cinco mil

aAl oír esto, Jesús se fue de allí en una barca, solo, a un lugar desierto; y cuando las multitudes lo supieron1, lo siguieron a pie desde las ciudades.

Cuando Jesús desembarcó, vio una gran multituda, y tuvo compasión de ellos y sanó a sus enfermosb.

Al atardecer se acercaron los discípulos, diciendo: «El lugar está desierto y la hora ya es avanzada; despide, pues, a las multitudes para que vayan a las aldeas y se compren alimentos»

Pero Jesús les dijo: «No hay necesidad de que se vayan; denles ustedes de comer».

Entonces ellos dijeron*: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos pecesa»

«Traigan acá los panes y los peces», les dijo.

Y ordenando a la muchedumbre que se sentara sobre la hierba, Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo los alimentosa. Después partió los panes y se los dio a los discípulos y los discípulos a la multitud.

Todos comieron y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos: doce cestas llenasa.

Y los que comieron fueron unos 5,000 hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Jesús anda sobre el mar

aEnseguida Jesús hizo que los discípulos1 subieran a la barca y fueran delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud.

Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orara; y al anochecer, estaba allí solo.

Pero la barca ya estaba muy lejos1 de tierra, y era azotada2 por las olas, porque el viento era contrario.

A la cuarta vigiliaa de la noche (3 a 6 a.m.), Jesús vino a ellos andando sobre el mar.

Y los discípulos, al ver a Jesús andar sobre el mar, se turbaron, y decían: «¡Es un fantasmaa!». Y de miedo, se pusieron a gritar.

Pero enseguida Jesús les dijo: «Tengan ánimo, soy Yoa; no temanb.”

Y Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame que vaya a Ti sobre las aguas»

«Ven», le dijo Jesús. Y descendiendo Pedro de la barca, caminó sobre las aguas, y fue hacia Jesús.

Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo, y empezando a hundirse gritó: «¡Señor, sálvame!»

Al instante Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo*: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudastea?».

Cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó.

Entonces los que estaban en la barca lo adoraron, diciendo: «En verdad eres Hijo de Diosa»

aTerminada la travesía, bajaron a1 tierra en Genesaretb.

Y cuando los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús, enviaron a decirlo por toda aquella región de alrededor y le trajeron todos los que tenían algún mal.

Y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de Su mantoa; y todos los que lo tocaban quedaban curadosb.

Discusión con algunos escribas y fariseos

aEntonces se acercaron* a Jesús algunos escribas y fariseosb de Jerusalén, diciendo:

«¿Por qué Tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pana»

Jesús les preguntó: «¿Por qué también quebrantan ustedes el mandamiento de Dios a causa de su tradición?

»Porque Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madrea”, y: “Quien hable mal de su padre o de su madre, que muera1b”.

»Pero ustedes dicen: “Cualquiera que diga a su padre o a su madre: ‘Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado’,

no necesitará más honrar1 a su padre o a su madre2”. Y así ustedes invalidaron la palabra3 de Dios por causa de su tradición.

»¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de ustedes cuando dijo:

“Este pueblo con los labios Me honra,

Pero su corazón está muy lejos de Mía.

”Pues en vano Me rinden culto,

Enseñando como doctrinas preceptos de hombresa”».

Lo que contamina al hombre

Llamando junto a Él a la multitud, Jesús les dijo: «Oigan y entiendan:

no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contaminaa al hombre».

Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron*: «¿Sabes que los fariseos se escandalizaron1 cuando oyeron Tus palabras2?»

Pero Él contestó: «Toda planta que Mi Padre celestial no haya plantado, será desarraigadaa.

»Déjenlos; son ciegos guías de ciegos1a. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyob».

Entonces Pedro dijo a Jesús: «Explícanos la parábolaa»

Jesús les dijo: «¿También están ustedes aún faltos de entendimiento?

»¿No entienden que todo lo que entra en la boca va al estómago1 y luego se elimina2?

»Pero lo que sale de la boca proviene del corazóna, y eso es lo que contamina al hombre.

»Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumniasa.

»Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre».

Jesús sana a la hija de una cananea

aSaliendo Jesús de allí, se retiró a la región de Tiro y de Sidónb.

Entonces una mujer cananea que había salido de aquella región, comenzó a gritar: «Señor, Hijo de Davida, ten misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniadab»

Pero Él no le contestó nada. Y acercándose Sus discípulos, le rogaban: «Atiéndela1, pues viene gritando tras nosotros»

Y Jesús respondió: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israela».

Pero acercándose ella, se postró1 ante Éla, diciendo: «¡Señor, ayúdame!»

Y El le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos».

Ella respondió: «Sí, Señor; pero1 también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos»

Entonces Jesús le dijo: «Oh mujer, grande es tu fea; que te suceda como deseas». Y su hija quedó sana desde aquel momento1.

Jesús sana a muchos junto al mar de Galilea

aPasando Jesús de allí, vino junto al mar de Galileab, y subiendo al monte, se sentó allí.

Y vinieron a Él grandes multitudes trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos y los pusieron a Sus pies y Él los sanóa;

de modo que la muchedumbre se maravilló al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban restaurados1, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israela.

Alimentación de los cuatro mil

aEntonces Jesús, llamando junto a Él a Sus discípulos, les dijo: «Tengo compasión de la multitudb, porque ya hace tres días que están aquí y no tienen qué comer; y no quiero despedirlos sin comer, no sea que desfallezcan en el camino».

Y los discípulos le dijeron*: «¿Dónde podríamos conseguir en el desierto tantos panes para saciar a una multitud tan grande?»

«¿Cuántos panes tienen?», les preguntó* Jesús. Ellos respondieron: «Siete, y unos pocos pececillos».

Y Él mandó a la multitud que se sentara en el suelo;

tomó los siete panes y los peces, y después de dar graciasa, los partió y empezó a darlos a los discípulos, y los discípulos a las multitudes.

Comieron todos y se saciaron; y recogieron de lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenasa.

Los que comieron fueron 4,000 hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Después de despedir a la muchedumbre, subió a la barcaa y se fue a la región de Magadán1b.

Fariseos y saduceos piden señal

aEntonces los fariseos y los saduceosb se acercaron, y poniendo a prueba1 a Jesús, le pidieron que les mostrara una señal2 del cieloc.

Pero Él les dijo: «1Al caer la tarde ustedes dicen: “Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizoa.”

»Y por la mañana: “Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador”. ¿Saben ustedes discernir el aspecto1 del cielo, pero no pueden discernir las señales de los tiemposa?

»Una generación perversa y adúlteraa busca una señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás». Y dejándolos, se fue.

La levadura de los fariseos y saduceos

Los discípulos, al pasar al otro lado, se habían olvidado de tomar panes.

Entonces Jesús les dijo: «Estén atentos y cuídensea de la levadura de los fariseos y saduceosb».

Y ellos discutían entre sí, diciendo: «Lo dice porque no tomamos panes»

Pero Jesús, dándose cuenta, dijo: «Hombres de poca fea, ¿por qué discuten entre ustedes que no tienen pan?

»¿Todavía no entienden ni recuerdan los cinco panes para los cinco mil, y cuántas cestas recogierona?

»¿Ni los siete panes para los cuatro mil, y cuántas canastas recogierona?

»¿Cómo es que no entienden que no les hablé de los panes? Pero cuídensea de la levadura de los fariseos y saduceosb».

Entonces entendieron que Él no les había dicho que se cuidaran de la levadura de los panes, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceosa.

La confesión de Pedro

aCuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipob, preguntó a Sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombrec?».

Y ellos respondieron: «Unos, Juan el Bautistaa; y otros, Elíasb; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas»

“Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?», les preguntó* Jesús.

Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristoa, el Hijob del Dios vivientec»

Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonása, porque esto no te lo reveló carne ni sangreb, sino Mi Padre que está en los cielos.…

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Notas al pie

  1. 1O aquella ocasión.
  2. 1O encadenado.
  3. 1O a la multitud.
  4. 2 tenían.
  5. 1 ocurrió.
  6. 2I.e. Salomé.
  7. 3 en medio de.
  8. 1 los.
  9. 2 de los que se reclinaban a la mesa con él.
  10. 1I.e. Salomé.
  11. 1 Y sus discípulos.
  12. 1 oyeron.
  13. 1 obligó a los discípulos que.
  14. 1 muchos estadios. Un estadio 180 metros.
  15. 2 atormentada.
  16. 1 llegaron a la.
  17. 1 muera a muerte.
  18. 1I.e. en el sentido de socorrer.
  19. 2Algunos antiguos no incluyen: o a su madre.
  20. 3Algunos antiguos dicen: la ley.
  21. 1O fueron ofendidos.
  22. 2 la palabra.
  23. 1Varios antiguos no incluyen: de ciegos.
  24. 1 vientre.
  25. 2 se echa en la letrina.
  26. 1 Despídela.
  27. 1O adoró.
  28. 1 porque.
  29. 1 desde aquella hora.
  30. 1O sanos.
  31. 1Algunos posteriores dicen: Magdala.
  32. 1 tentándole.
  33. 2O un milagro.
  34. 1Los más antiguos no incluyen el resto del 2 y el 3.
  35. 1 la faz.

Referencias cruzadas

  1. aMat. 14:1, 2: Luc. 9:7–9; Mat. 14:1–12: Mar. 6:14–29
  2. bMar. 8:15; Luc. 3:1, 19; 8:3; 13:31; 23:7, 8, 11, 12, 15; Hech. 4:27; 12:1
  3. aMat. 16:14; Mar. 6:14; Luc. 9:7
  4. aMat. 14:1–12: Mar. 6:14–29; Mar. 8:15; Luc. 3:1, 19; 8:3; 13:31; 23:7, 8, 11, 12, 15; Hech. 4:27; 12:1
  5. bMat. 4:12; 11:2
  6. cMat. 14:6; Mar. 6:17, 19, 22; Luc. 3:19, 20
  7. aLev. 18:16; 20:21
  8. aMat. 11:9
  9. aMat. 14:3; Mar. 6:17, 19, 22; Luc. 3:19
  10. bMat. 14:1–12: Mar. 6:14–29; Mar. 8:15; Luc. 3:1, 19; 8:3; 13:31; 23:7, 8, 11, 12, 15; Hech. 4:27; 12:1
  11. aMat. 14:13–21: Mar. 6:32–44; Luc. 9:10–17; Juan 6:1–13; Mat. 15:32–38
  12. aMat. 9:36
  13. bMat. 4:23
  14. aMat. 16:9
  15. a1Sam. 9:13; Mat. 15:36; 26:26; Mar. 6:41; 8:7; 14:22; Luc. 24:30; Hech. 27:35; Rom. 14:6
  16. aMat. 16:9; Mar. 6:43; 8:19; Luc. 9:17; Juan 6:13
  17. aMat. 14:22–33: Mar. 6:45–51; Juan 6:15–21
  18. aMar. 6:46; Luc. 6:12; 9:28; Juan 6:15
  19. aMat. 24:43; Mar. 13:35
  20. aLuc. 24:37
  21. aMat. 9:2
  22. bMat. 17:7; 28:5, 10; Mar. 6:50; Luc. 1:13, 30; 2:10; 5:10; 12:32; Juan 6:20; Apoc. 1:17
  23. aMat. 6:30; 8:26; 16:8
  24. aMat. 4:3
  25. aMat. 14:34–36: Mar. 6:53–56; Juan 6:24, 25
  26. bMar. 6:53; Luc. 5:1
  27. aMat. 9:20
  28. bMat. 9:21; Mar. 3:10; 6:56; 8:22; Luc. 6:19
  29. aMat. 15:1–20: Mar. 7:1–23
  30. bMar. 3:22; 7:1; Juan 1:19; Hech. 25:7
  31. aLuc. 11:38
  32. aEx. 20:12; Dt. 5:16
  33. bEx. 21:17; Lev. 20:9
  34. aIsa. 29:13
  35. aCol. 2:22
  36. aMat. 15:18; Hech. 10:14, 15; 1Tim. 4:3
  37. aIsa. 60:21; 61:3; Juan 15:2; 1Cor. 3:9
  38. aMat. 23:16, 24
  39. bLuc. 6:39
  40. aMat. 13:36
  41. aMat. 12:34; Mar. 7:20
  42. aGál. 5:19 y
  43. aMat. 15:21–28: Mar. 7:24–30
  44. bMat. 11:21
  45. aMat. 9:27
  46. bMat. 4:24
  47. aMat. 10:6
  48. aMat. 8:2
  49. aMat. 9:22
  50. aMat. 15:29–31; Mar. 7:31–37
  51. bMat. 4:18
  52. aMat. 4:23
  53. aMat. 9:8
  54. aMat. 15:32–39: Mar. 8:1–10; Mat. 14:13–21
  55. bMat. 9:36
  56. aMat. 14:19; 26:27; Luc. 22:17, 19; Juan 6:11, 23; Hech. 27:35; Rom. 14:6
  57. aMat. 16:10; Mar. 8:8, 20; Hech. 9:25
  58. aMar. 3:9
  59. bMar. 8:10
  60. aMat. 16:1–12: Mar. 8:11–21
  61. bMat. 3:7; 16:6, 11, 12
  62. cMat. 12:38; Luc. 11:16
  63. aLuc. 12:54, 55
  64. aLuc. 12:56
  65. aMat. 12:39; Luc. 11:29
  66. aMat. 16:11; Mar. 8:15; Luc. 12:1
  67. bMat. 3:7; 16:1, 11, 12
  68. aMat. 6:30; 8:26; 14:31
  69. aMat. 14:17–21
  70. aMat. 15:34–38
  71. aMat. 16:6; Mar. 8:15; Luc. 12:1
  72. bMat. 3:7; 16:6, 12
  73. aMat. 3:7; 5:20; 16:6, 11
  74. aMat. 16:13–16: Mar. 8:27–29; Luc. 9:18–20
  75. bMar. 8:27
  76. cMat. 8:20; 16:27, 28
  77. aMat. 14:2
  78. bMat. 17:10; Mar. 6:15; Luc. 9:8; Juan 1:21
  79. aMat. 1:16; 16:20; Juan 11:27
  80. bMat. 4:3
  81. cSal. 42:2; Mat. 26:63; Hech. 14:15; Rom. 9:26; 2Cor. 3:3; 6:16; 1Tes. 1:9; 1Tim. 3:15; 4:10; Heb. 3:12; 9:14; 10:31; 12:22; Apoc. 7:2
  82. aJuan 1:42; 21:15–17
  83. b1Cor. 15:50; Gál. 1:16; Ef. 6:12; Heb. 2:14