Marcos 14:26–65
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Después de cantar un himno, salieron para el monte de los Olivosa.
Jesús predice la negación de Pedro
aJesús les dijo*: «Todos ustedes se apartarán1, porque escrito está: “Heriré al pastor, y las ovejas se dispersaránb”.
»Pero después de que Yo haya resucitado, iré delante de ustedes a Galileaa».
«Aunque todos se aparten1, yo, sin embargo, no lo haré», le dijo Pedro.
Jesús le contestó*: «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres vecesa».
Pero Pedro con insistencia repetía: «Aunque tenga1 que morir junto a Ti, no te negaré». Y todos decían también lo mismo.
Jesús en Getsemaní
aLlegaron* a un lugar que se llama Getsemaní, y Jesús dijo* a Sus discípulos: «Siéntense aquí hasta que Yo haya orado».
Tomó* con Él a Pedro, a Jacobo1 y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse muchoa.
«Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte», les dijo*; «quédense aquí y velena».
Adelantándose un poco, se postró1 en tierra y oraba que si fuera posible, pasara de Él aquella2 horaa.
Y decía: «¡Abba, Padrea! Para Ti todas las cosas son posibles; aparta de Mí esta copa, pero no sea lo que Yo quiero, sino lo que Tú quierasb».
Entonces Jesús vino* y los halló* durmiendo, y dijo* a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿No pudiste velar ni por una hora?
»Velen y oren para que no entren en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débila».
Él se fue otra vez y oró, diciendo las mismas palabras1.
Y vino Jesús de nuevo y los halló durmiendo, porque sus ojos estaban muy cargados de sueño; y no sabían qué responder.
Vino* por tercera vez, y les dijo*: «¿Todavía están1 durmiendo y descansando? Basta yaa; ha llegado la hora; miren, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores.
»Levántense, vámonos; ya está cerca el que me entrega».
Arresto de Jesús
aEn ese momento1, mientras Jesús estaba todavía hablando, llegó* Judas, uno de los doce discípulos, acompañado de2 una multitud con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes, de los escribas y de los ancianos.
Y el que lo entregaba les había dado una señal, diciendo: «Al que yo bese, Ese es; lo prenden y se lo llevan con seguridad1»
Cuando llegó Judas, inmediatamente se acercó a Jesús y le dijo: «¡Rabí1a!». Y lo besó.
Entonces ellos echaron mano a Jesús y lo prendieron.
Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó1 la oreja.
Y dirigiéndose1 Jesús a ellos, les dijo: «¿Cómo contra un ladrón han salido con espadas y palos para asegurarse que me arrestaban?
»Cada día estaba con ustedes en el templo enseñandoa, y no me prendieron; pero esto ha sucedido para1 que se cumplan las Escrituras».
Y abandonando a Jesús, todos huyeron.
Un joven sigue a Jesús
Cierto joven seguía a Jesús, vestido sólo con una sábana sobre su cuerpo desnudo; y lo prendieron*;
pero él, dejando la sábana, escapó desnudo.
Jesús ante el Concilio
aLlevaron a Jesús al sumo sacerdote, y se reunieron* todos los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas.
Pedro lo siguió de lejos hasta dentro del patioa del sumo sacerdoteb y se sentó con los guardias1, calentándose al fuego2c.
Y los principales sacerdotes y todo el Concilio1a procuraban obtener algún testimonio para dar muerte a Jesús, pero no lo hallaban.
Porque muchos daban falso testimonio contra Él, pero sus testimonios se contradecían1.
Algunos, levantándose, daban falso testimonio contra Él, diciendo:
«Nosotros le oímos decir: “Yo destruiré este templo1 hecho por manos, y en tres días edificaré otro no hecho por manosa”».
Y ni siquiera en esto coincidía1 el testimonio de ellos.
Entonces el sumo sacerdote levantándose, se puso en medio y preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra Ti?»
Pero Él se quedó calladoa y nada respondía. bLe volvió a preguntar el sumo sacerdote1: «¿Eres Tú el Cristo2, el Hijo del Bendito?»
Jesús le contestó: «Yo soy; y verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Podera y viniendo con las nubes del cielob».
Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus ropasa, dijo*: «¿Qué necesidad tenemos de más testigos?
»Han oído la blasfemia; ¿qué les parece?». Y todos lo condenaron, diciendo que era digno de muertea.
Y algunos comenzaron a escupir a Jesúsa, le cubrían el rostro1b y le daban puñetazos, y le decían: «¡Profetizac!». También los guardias2 lo recibieron3 a bofetadas4.
Notas al pie
- 1O escandalizarán, o caerán.
- 1O escandalicen, o caigan.
- 1 Y si tengo.
- 1O Santiago.
- 1 caía.
- 2 la.
- 1 la misma palabra.
- 1O siguen.
- 1O Inmediatamente.
- 2 y con él.
- 1O bajo guardia.
- 1O Maestro.
- 1 le quitó.
- 1 respondiendo.
- 1O posiblemente, pero dejen.
- 1O sirvientes.
- 2 a la luz.
- 1O Sanedrín.
- 1O no eran idénticos.
- 1O santuario.
- 1O era idéntico.
- 1 y dice.
- 2I.e. el Mesías.
- 1O los ojos.
- 2O sirvientes.
- 3O Lo trataron.
- 4O posiblemente, a garrotazos.
Referencias cruzadas
- aMat. 21:1; 26:30
- aMar. 14:27–31: Mat. 26:31–35
- bZac. 13:7
- aMat. 28:16
- aMat. 26:34; Mar. 14:68, 72; Juan 13:38
- aMar. 14:32–42: Mat. 26:36–46; Luc. 22:40–46
- aMar. 9:15; 16:5, 6
- aMat. 26:38; Juan 12:27
- aMat. 26:45; Mar. 14:41
- aRom. 8:15; Gál. 4:6
- bMat. 26:39
- aMat. 26:41
- aMar. 14:35
- aMar. 14:43–50: Mat. 26:47–56; Luc. 22:47–53; Juan 18:3–11
- aMat. 23:7
- aMar. 12:35; Luc. 19:47; 21:37
- aMar. 14:53–65: Mat. 26:57–68; Juan 18:12, 13, 19–24
- aMar. 14:68
- bMat. 26:3
- cMar. 14:67; Juan 18:18
- aMat. 5:22
- aMat. 26:61; Mar. 15:29; Juan 2:19
- aMat. 26:63
- bMar. 14:61–63: Mat 26:63 y ; Luc 22:67–71
- aSal. 110:1; Mar. 13:26
- bDan. 7:13
- aNúm. 14:6; Mat. 26:65; Hech. 14:14
- aLev. 24:16
- aMat. 26:67; Mar. 10:34
- bEst. 7:8
- cMat. 26:68; Luc. 22:64
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