Estudio bíblico Logos

Marcos 6:45–8:26

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Jesús anda sobre el mar

aEnseguida Jesús hizo que Sus discípulos subieran a la barcab y fueran delante de Él al otro lado, a Betsaidac, mientras Él despedía a la multitud.

Después de despedirse de ellosa, se fue al monte a orarb.

Al anochecer, la barca estaba en medio del mar, y Él estaba solo en tierra.

Y al verlos remar fatigados, porque el viento les era contrario, como a la cuarta vigilia de la nochea1, fue* hacia ellos andando sobre el mar, y quería pasarlos de largo.

Pero cuando ellos lo vieron andando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar;

porque todos lo vieron y se turbaron. Pero enseguida Él habló con ellos y les dijo*: «¡Tengan ánimoa; soy Yo, no temanb!».

Subió con ellos a la barcaa, y el viento se calmó; y ellos estaban asombrados en gran manera,

porque no habían entendido lo de1 los panes, sino que su mente estaba embotada2a.

Jesús en Genesaret

aTerminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret, y atracaron en la orilla.

Cuando salieron de la barca, la gente enseguida reconoció a Jesús,

y recorrieron apresuradamente toda aquella región, y comenzaron a traer a los enfermos en sus camillas adonde oían decir que Él estaba.

Dondequiera que Él entraba en aldeas, ciudades o campos, ponían a los enfermos en las plazas, y le rogaban que les permitiera tocara siquiera el borde de Su mantob; y todos los que lo tocaban quedaban curados1.

Lo que contamina al hombre

aLos fariseos, y algunos de los escribas que habían venido de Jerusalénb, se reunieron alrededor de Él;

y vieron que algunos de Sus discípulos comían el pan con manos inmundasa, es decir, sin lavar.

(Porque los fariseos y todos los judíos no comen a menos de que se laven las manos cuidadosamente1, observando así la tradición de los ancianosa.

Cuando vuelven de la plaza, no comen a menos de que se laven1; y hay muchas otras cosas que han recibido para observarlas, como el lavamiento2 de los vasosa, de los cántaros y de las vasijas de cobre.)

Así que los fariseos y los escribas le preguntaron*: «¿Por qué Tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianosa, sino que comen1 con manos inmundas2b?»

Jesús les respondió: “Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, como está escrito:

‘Este pueblo con los labios Me honra,

pero su corazon esta muy lejos de Mia.

”Mas en vano Me rinden culto,

Enseñando como doctrinas preceptos de hombresa”.

»Dejando el mandamiento de Dios, ustedes se aferran a la tradición de los hombresa».

También les decía: «Astutamente1 ustedes violan el mandamiento de Dios para guardar su tradicióna.

»Porque Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madrea”; y: “El que hable mal de su padre o de su madre, que muera1b”.

»Pero ustedes dicen: “Si un hombre dice al padre o a la madre: ‘Cualquier cosa mía con que pudieras beneficiarte es corbána (es decir, ofrenda1 a Dios)’ ”,

ya no le dejan hacer nada en favor de su padre o de su madre;

invalidando así la palabra de Dios por la tradicióna de ustedes, la cual han transmitido, y hacen muchas cosas semejantes a estas».

Llamando de nuevo a la multitud, Jesús les decía: «Escuchen todos lo que les digo y entiendan:

no hay nada fuera del hombre que al entrar en él pueda contaminarlo; sino que lo que sale de adentro del hombre es lo que contamina al hombre.

»1Si alguno tiene oídos para oír, que oiga».

Cuando Jesús dejó a la multitud y entró en casaa, Sus discípulos le preguntaron acerca de la parábolab.

«¿También ustedes son tan faltos de entendimiento?», les dijo*. «¿No comprenden que todo lo que de afuera entra al hombre no lo puede contaminar,

porque no entra en su corazón, sino en el estómago1, y se elimina2?». Jesús declaró así limpiosa todos los alimentosb.

También decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombrea.

»Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones1, robos, homicidios, adulterios,

avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia1a, calumnia, orgullo2 e insensatez.

»Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre».

La mujer sirofenicia

aLevantándose de allí, Jesús se fue a la región de Tiro1b, y entrando en una casa, no quería que nadie lo supiera, pero2 no pudo pasar inadvertido;

sino que enseguida, al oír hablar de Él, una mujer cuya hijita tenía un espíritu inmundo, fue y se postró a Sus pies.

La mujer era gentil1, sirofenicia de nacimiento; y le rogaba que echara al demonio fuera de su hija.

Y Jesús le decía: «Deja que primero los hijos se sacien, pues no está bien1 tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos».

«Es cierto, Señor», le dijo* ella; «pero aun los perrillos debajo de la mesa comen las migajas de los hijos»

Jesús le dijo: «Por esta respuesta1, vete; ya el demonio ha salido de tu hija».

Cuando ella volvió a su casa, halló que la niña estaba acostada1 en la cama, y que el demonio había salido.

Curación de un sordomudo

aVolviendo Jesús a salir de la región de Tirob, pasó por Sidónb y llegó al mar de Galileac, atravesando la región de Decápolisd.

Y le trajeron* a uno que era sordo y tartamudo, y le rogaron* que pusiera la mano sobre éla.

Entonces Jesús, tomándolo aparte de la multitud, a solas, le metió los dedos en los oídos, y escupiendoa, le tocó la lengua con la saliva;

y levantando los ojos al cielo, suspiró profundamentea y le dijo*: «¡Effatá!», esto es, «¡Abrete!».

Al instante se abrieron sus oídos, y desapareció1 el impedimento2 de su lengua, y hablaba con claridad.

Jesús les ordenó que a nadie se lo dijerana; pero mientras más se lo ordenaba, tanto más ellos lo proclamabanb.

Y estaban asombrados en gran manera, y decían: «Todo lo ha hecho bien; aun a los sordos hace oír y a los mudos hablar»

Alimentación de los cuatro mil

En aquellos días, cuando había de nuevo una gran multitud que no tenía qué comer, aJesús llamó a Sus discípulos y les dijo*:

«Tengo compasión de la multitud porque ya hace tres días que están junto a Mí y no tienen qué comera;

y si los despido sin comer a sus casas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos».

Sus discípulos le respondieron: «¿Dónde podrá alguien encontrar lo suficiente para saciar de pan1 a estos aquí en el desierto?»

«¿Cuántos panes tienen?», les preguntó1 Jesús. Ellos respondieron: «Siete».

Entonces mandó* a la multitud que se recostara en el suelo; y tomando los siete panes, después de dar gracias, los partió y los iba dando a Sus discípulos para que los pusieran delante de la gente; y ellos los sirvieron a1 la multitud.

También tenían unos pocos pececillos; y después de bendecirlosa, mandó que estos también los sirvieran1.

Todos comieron y se saciaron; y recogieron de lo que sobró de los pedazos, siete canastasa.

Los que comieron eran unos 4,000. Jesús los despidió,

y subiendo enseguida a la barca con Sus discípulos, se fue a la región de Dalmanutaa.

Los fariseos buscan señal

aEntonces salieron los fariseos y comenzaron a discutir con Él, buscando de Él una señal1 del cielob para poner2 a prueba a Jesús.

Suspirando profundamentea en Su espíritu1, dijo*: «¿Por qué pide señal2b esta generación? En verdad les digo que no se le dará señal3 a esta generación».

Y dejándolos, se embarcó otra vez y se fue al otro lado del lago.

La levadura de los fariseos

Los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no tenían consigo en la barca sino solo un pan.

Jesús les encargaba1 diciendo: «¡Tengan cuidado! Cuídense de la levadura de los fariseosa y de la levadura de Herodesb».

Y ellos discutían entre sí que no tenían panes.

Dándose cuenta Jesús, les dijo*: «¿Por qué discuten que no tienen panes? ¿Aún no comprenden ni entienden? ¿Tienen el corazón endurecido1a?

»Teniendo ojos, ¿no ven? Y teniendo oídos, ¿no oyena? ¿No recuerdan

cuando partí los cinco panes entre los cinco mila? ¿Cuántas cestas llenas de pedazos recogieron?». «Doceb», le respondieron*.

«Y cuando partí los siete panes entre los cuatro mila, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogieron?». «Sieteb», le dijeron*.

Entonces les dijo1: «¿Aún no entiendena?».

El ciego de Betsaida

Llegaron* a Betsaidaa, y trajeron* a Jesús un ciego y le rogaron* que lo tocarab.

Tomando al ciego de la mano, lo sacó fuera de la aldea; y después de escupira en sus ojos y de poner las manos sobre élb, le preguntó: «¿Ves algo?».

Y levantando1 la vista, dijo: «Veo a los hombres, pero los veo2 como árboles que caminan»

Entonces Jesús puso otra vez las manos sobre sus ojos, y él miró fijamente y fue restaurado; y veía todo con claridad.

Y lo envió a su casa diciendo: «Ni aun en la aldea entresa».

Leer en Logos

Notas al pie

  1. 1I.e. 3 a 6 a.m.
  2. 1 sobre.
  3. 2 corazón…endurecido.
  4. 1 salvados.
  5. 1 con el puño.
  6. 1O se rocíen. Algunos dicen: se bauticen.
  7. 2 bautismo.
  8. 1 comen pan.
  9. 2O impuras.
  10. 1 Bien.
  11. 1 muera a muerte.
  12. 1O donativo.
  13. 1Los más antiguos no incluyen este
  14. 1 vientre.
  15. 2 va a dar a la letrina.
  16. 1I.e. actos de inmoralidad sexual.
  17. 1 un ojo maligno.
  18. 2O arrogancia.
  19. 1Algunos antiguos agregan: y de Sidón.
  20. 2 y.
  21. 1 Griega.
  22. 1O no es justo.
  23. 1 palabra.
  24. 1 echada.
  25. 1 se desató.
  26. 2O la atadura.
  27. 1 panes.
  28. 1 preguntaba.
  29. 1 los pusieron delante de.
  30. 1 pusieran delante.
  31. 1O un milagro.
  32. 2 poniendo.
  33. 1O en sí mismo.
  34. 2O milagro.
  35. 3 si una señal se dará.
  36. 1O mandaba.
  37. 1O insensible, o embotado.
  38. 1 decía.
  39. 1O recobrando.
  40. 2O me parecen.

Referencias cruzadas

  1. aMar. 6:45–51: Mat. 14:22–32; Juan 6:15–21
  2. bMar. 6:32
  3. cMat. 11:21; Mar. 8:22
  4. aHech. 18:18, 21; 2Cor. 2:13
  5. bMat. 14:23
  6. aMat. 24:43; Mar. 13:35
  7. aMat. 9:2
  8. bMat. 14:27
  9. aMar. 6:32
  10. aMar. 8:17 y ; Rom. 11:7
  11. aMar. 6:53–56: Mat. 14:34–36; Juan 6:24, 25
  12. aMar. 3:10
  13. bMat. 9:20
  14. aMar. 7:1–23: Mat. 15:1–20
  15. bMat. 15:1
  16. aMat. 15:2; Mar. 7:5; Luc. 11:38; Hech. 10:14, 28; 11:8; Rom. 14:14; Heb. 10:29; Apoc. 21:27
  17. aMar. 7:5, 8, 9, 13; Gál. 1:14
  18. aMat. 23:25
  19. aMar. 7:3, 8, 9, 13; Gál. 1:14
  20. bMar. 7:2
  21. aIsa. 29:13
  22. aIsa. 29:13
  23. aMar. 7:3, 5, 9, 13; Gál. 1:14
  24. aMar. 7:3, 5, 8, 13; Gál. 1:14
  25. aEx. 20:12; Dt. 5:16
  26. bEx. 21:17; Lev. 20:9
  27. aLev. 1:2; Mat. 27:6
  28. aMar. 7:3, 5, 8, 9; Gál. 1:14
  29. aMar. 2:1; 3:20; 9:28
  30. bMat. 15:15
  31. aLuc. 11:41; Hech. 10:15; 11:9
  32. bRom. 14:1–12; Col. 2:16
  33. aMat. 15:18; Mar. 7:23
  34. aMat. 6:23; 20:15
  35. aMar. 7:24–30: Mat. 15:21–28
  36. bMat. 11:21; Mar. 7:31
  37. aMat. 15:29–31; Mar. 7:31–37
  38. bMat. 11:21; Mar. 7:24
  39. cMat. 4:18
  40. dMat. 4:25; Mar. 5:20
  41. aMar. 5:23
  42. aMar. 8:23
  43. aMar. 8:12
  44. aMat. 8:4
  45. bMar. 1:45
  46. aMar. 8:1–9: Mat. 15:32–39; Mar. 6:34–44
  47. aMat. 9:36; Mar. 6:34
  48. aMat. 14:19
  49. aMat. 15:37; Mar. 8:20
  50. aMat. 15:39
  51. aMar. 8:11–21: Mat. 16:1–12
  52. bMat. 12:38
  53. aMar. 7:34
  54. bMat. 12:39
  55. aMat. 16:6; Luc. 12:1
  56. bMat. 14:1; 22:16
  57. aMar. 6:52
  58. aJer. 5:21; Ezq. 12:2; Mar. 4:12
  59. aMar. 6:41–44
  60. bMat. 14:20
  61. aMar. 8:6–9
  62. bMar. 8:8
  63. aMar. 6:52
  64. aMat. 11:21; Mar. 6:45
  65. bMar. 3:10
  66. aMar. 7:33
  67. bMar. 5:23
  68. aMar. 8:23