Jeremías 35–38
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Ejemplo de los recabitas
Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor en los días de Joacim, hijo de Josías, rey de Judáa:
«Ve a la casa de los recabitasa, habla con ellos, llévalos a la casa del Señor, a una de las cámarasb, y dales a beber vino».
Entonces tomé a Jaazanías, hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, y a sus hermanos, a todos sus hijos y a toda la casa de los recabitas,
y los llevé a la casa del Señor, a la cámara de los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, hombre de Diosa. Esta cámara estaba cerca de la cámara de los oficiales, que estaba encima de la cámara de Maasías, hijo de Salum, guarda del umbralb.
Entonces puse delante de los hombres1 de la casa de los recabitas jarras y tazas llenas de vinoa, y les dije: «Beban vino»
Pero ellos dijeron: «No beberemos vino, porque Jonadab, hijo de Recaba, nuestro padre, nos ordenó: “No beberán vino jamás, ni ustedes ni sus hijosb.
”Tampoco edificarán casa, ni sembrarán simiente, ni plantarán viña, ni poseerán ninguna, sino que habitarán en tiendasa todos sus días, para que vivan muchos días en la tierrab donde son peregrinosc”
»Y nosotros hemos obedecido la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en todo lo que él nos mandóa de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas,
y de no edificarnos casa en donde morar, y de no tener viña, ni campo, ni siembraa.
»Hemos habitado solamente en tiendasa, y hemos obedecido y hecho conforme a todo lo que nos mandó nuestro padre Jonadabb.
»Pero sucedió que cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra la tierraa, dijimos: “Vengan y huyamosb a Jerusalén ante el ejército de los caldeos y ante el ejército de los arameos”. Por eso habitamos en Jerusalén»
Entonces vino palabra del Señor a Jeremías:
«Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Ve y dile a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ‘¿No aprenderán a escuchar Mis palabras?’, declara el Señora.
‘Las palabras de Jonadab, hijo de Recab, que mandó a sus hijos de no beber vino, son guardadas. Por eso no beben vino hasta hoy, porque han obedecido el mandato de su padrea. Pero Yo he hablado a ustedes repetidas veces1, con todo no me han escuchadob.
’También les he enviado a todos Mis siervos los profetas, enviándolos repetidas veces1, a decirles: “Vuélvase ahora cada uno de su mal camino, enmienden sus obras y no vayan tras otros dioses para adorarlosa, y habitarán en la tierra que les he dado, a ustedes y a sus padresb; pero no me prestaron atención, ni me escucharonc.
”Ciertamente los hijos de Jonadab, hijo de Recab, han guardado el mandato que su padre les ordenó, pero este pueblo no me ha escuchadoa” ’ ”.
»Por tanto así dice el Señor, Dios de los ejércitos, el Dios de Israel: “Ciertamente traigo sobre Judá y sobre todos los habitantes de Jerusalén toda la calamidad que he pronunciado contra ellosa, porque les hablé, pero no escucharon, y los llamé, pero no respondieronb”».
Entonces Jeremías dijo a la casa de los recabitas: «Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Por cuanto han obedecido el mandato de su padre Jonadab, guardando todos sus mandatosa y haciendo conforme a todo lo que él les ordenó,
por tanto, así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘A Jonadab, hijo de Recab, no le faltará hombrea que esté delante de Míb todos los días’ ”».
El rollo de Jeremías leído en el templo
En el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra a Jeremías de parte del Señora:
«Toma un rollo1a y escribe en él todas las palabras que te he habladob acerca de Israel, acerca de Judác y acerca de todas las naciones, desde el día que te habléd, desde los días de Josías, hasta hoye.
»Tal vez la casa de Judá oiga toda la calamidad que pienso traer sobre ellos, y se vuelva cada uno de su mal caminoa; entonces perdonaréb su iniquidad y su pecadoc»
Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y Baruc escribió al dictado1 de Jeremías, en un rollo2a, todas las palabras que el Señor le había habladob.
Entonces Jeremías dio órdenes a Baruc: «Estoy detenido1a; no puedo entrar en la casa del Señor.
»Ve, pues, y lee en el rollo que has escrito al dictado mío1, las palabras del Señor a oídos dela pueblo, en la casa del Señor un día de ayuno. También las leerás a oídos de todos los de Judá que vienen de sus ciudadesb.
»Tal vez su súplica llegue1 delante del Señor, y todos se vuelvan de su mal camino, porque grande es la ira y el furor que el Señor ha pronunciado contra este puebloa».
Baruc, hijo de Nerías, hizo conforme a todo lo que el profeta Jeremías le había mandado, y leyó en el libro las palabras del Señor, en la casa del Señora.
Y en el año quinto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judáa, en el mes novenob, todo el pueblo en Jerusalén y todo el pueblo que vino de las ciudades de Judá a Jerusalén proclamaron ayunoc delante del Señord.
Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías a oídos de todo el pueblo en la casa del Señora, en la cámara de Gemarías, hijo del escriba Safánb, en el atrio superiorc, a la entrada de la puerta Nueva de la casa del Señord.
Al oír Micaías, hijo de Gemarías, hijo de Safán, todas las palabrasa del Señor que estaban en el libro,
descendió a la casa del rey, a la cámara del escriba. Y estaban sentados allí todos los oficiales: el escriba Elisamaa, Delaía, hijo de Semaías, Elnatán, hijo de Acborb, Gemaríasc, hijo de Safán, Sedequías, hijo de Ananías, y todos los demás oficiales.
Micaías les declaró todas las palabras que había oído cuando Baruc leyó en el libroa a oídos del pueblo.
Entonces todos los oficiales enviaron a Jehudí, hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, a decir a Baruc: «Toma en tu mano el rolloa en el que has leído a oídos del pueblo y ven». Y Baruc, hijo de Nerías, tomó el rollo en su mano y fue a ellos.
Y le dijeron: «Siéntate ahora, y léenoslo». Y Baruc se lo leyóa.
Cuando oyeron todas las palabrasa, se miraron unos a otros atemorizados, y dijeron a Baruc: «Ciertamente haremos saber al rey todas estas palabrasb»
Y le preguntarona a Baruc: «Cuéntanos ahora cómo escribiste todas estas palabras. ¿Fue al dictado suyo1?»
Baruc les respondió: «Él me dictó todas estas palabras, y yo las escribí con tinta en el libroa»
Entonces los oficiales dijeron a Baruc: «Ve, escóndete, tú y Jeremías, y que nadie sepa donde estána»
El rollo quemado y escrito de nuevo
Después de haber depositado el rollo en la cámara del escriba Elisamaa, los oficiales entraron al atrio donde estaba el rey, y contaron a oídos del rey todas las palabras.
Entonces el rey envió a Jehudí a buscar el rollo, y este lo tomó de la cámara del escriba Elisama, y Jehudí lo leyó al reya y a todos los oficiales que estaban junto al rey.
El rey estaba sentado en la casa de inviernoa (en el mes novenob), y había un brasero encendido delante de él.
Y sucedía que después que Jehudí había leído tres o cuatro columnas, el rey lo cortaba con el cuchillo del escriba y lo echaba al fuegoa que estaba en el brasero, hasta consumir todo el rollo en el fuego que estaba en el brasero.
Ni el rey ni ninguno de sus siervos que oyeron todas estas palabras tuvieron temora ni rasgaron sus vestidurasb.
Y aunque Elnatán y Delaía y Gemarías rogaron al rey que no quemara el rollo, él no les hizo casoa.
Luego el rey ordenó a Jerameel, hijo del rey, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que prendierana al escriba Baruc y al profeta Jeremías, pero el Señor los escondiób.
Entonces vino la palabra del Señor a Jeremías, después que el rey había quemado el rolloa y las palabras que Baruc había escrito al dictado de Jeremíasb:
«Vuelve a tomar otro rollo y escribe en él todas las palabrasa que antes había en el primer rollo que quemób Joacim, rey de Judá.
»Y a Joacim, rey de Judá, le dirása: “Así dice el Señor: ‘Tú has quemado este rollo, diciendo: “¿Por qué has escrito en él que1 ciertamente vendrá el rey de Babiloniab y destruirá esta tierrac, y hará desaparecer de ella a hombres y animales?” ’.
”Por tanto, así dice el Señor acerca de Joacim, rey de Judá: ‘No tendrá quien se siente sobre el trono de Davida, y su cadáver quedará tirado al calor del día y a la escarcha de la nocheb.
’Lo castigaré, a él, a su descendencia1a y a sus siervos por su iniquidad, y traeré sobre ellos, sobre los habitantes de Jerusalén y sobre los hombres de Judá toda la calamidad que les he anunciado, sin que ellos escucharanb’ ”».
Entonces Jeremías tomó otro rollo y se lo dio al escriba Baruc, hijo de Nerías, y este escribió en él al dictado de Jeremías todas las palabras del libro que Joacim, rey de Judá, había quemado en el fuegoa, y aun se le añadieron muchas palabras semejantes1.
Jeremías encarcelado
Sedequías, hijo de Josías, a quien Nabucodonosor, rey de Babilonia, había hecho rey en la tierra de Judáa, reinó en lugar de Conías, hijo de Joacimb.
Pero ni él, ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra escucharon las palabras que el Señor había hablado por medio1 del profeta Jeremíasa.
Sin embargo, el rey Sedequías envió a Jucal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasíasa, a decir al profeta Jeremíasb: «Ruega ahora por nosotros al Señor nuestro Diosc».
Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo, porque todavía no lo habían puesto en la cárcela.
Entretanto, el ejército de Faraón había salido de Egiptoa, y cuando los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén oyeron la noticia acerca de ellos, levantaron el sitio de Jerusalénb.
Entonces vino la palabra del Señor al profeta Jeremías:
«Así dice el Señor, Dios de Israel: “Así dirán al rey de Judá, que los envió a Mí para consultarmea: ‘El ejército de Faraón que salió para ayudarles a ustedes, volverá a su tierra de Egiptob.
’Y los caldeos volverán y pelearán contra esta ciudad, la capturarán y le prenderán fuegoa’ ”.
»Así dice el Señor: ‘No se engañena, diciendo: ‘Ciertamente los caldeos se apartarán de nosotros’, porque no se apartarán.
”Pues aunque ustedes hubieran derrotado a todo el ejército de los caldeos que…
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Footnotes
Cross references
- a2 Rey. 23:34–36; 24:1; 2 Crón. 36:5–7; Jer. 1:3; 27:20; Dan. 1:1
- a2 Rey. 10:15; 1 Crón. 2:55
- b1 Rey. 6:5, 8; 1 Crón. 9:26, 33
- aDt. 33:1; Jos. 14:6; 1 Rey. 12:22; 2 Rey. 1:9–13
- b1 Crón. 9:18, 19
- aAmós 2:12
- a2 Rey. 10:15, 23; 1 Crón. 2:55
- bLev. 10:9; Núm. 6:2–4; Jue. 13:7, 14; Luc. 1:15
- aGn. 25:27; Heb. 11:9
- bEx. 20:12; Ef. 6:2, 3
- cGn. 36:7
- aPrv. 1:8, 9; 4:1, 2, 10; 6:20; Ef. 6:1; Col. 3:20
- aSal. 37:16; Jer. 35:7; 1 Tim. 6:6
- aJer. 35:7
- bJer. 35:6
- a2 Rey. 24:1, 2; Dan. 1:1, 2
- bJer. 4:5–7; 8:14
- aIsa. 28:9–12; Jer. 5:3; 6:8–10; 32:33
- aJer. 35:6–10
- b2 Crón. 36:15; Isa. 30:9; 50:2; Jer. 7:13, 25; 11:7; 25:3, 4
- aDt. 6:14; Jer. 7:6; 13:10; 25:6
- bIsa. 1:16, 17; Jer. 4:1; 7:7; 18:11; 25:5, 6; Ezq. 18:30–32; Hech. 26:20
- cJer. 7:24–26; 11:8; 17:23; 25:4; 26:5; 29:19; 32:33; 34:14
- aJer. 35:14; Mal. 1:6
- aJos. 23:15; Jer. 19:3, 15; 21:4–10; Miq. 3:12
- bPrv. 1:24, 25; Isa. 65:12; 66:4; Jer. 7:13, 26, 27; 26:5; Luc. 13:34, 35; Rom. 10:21
- aEx. 20:12; Ef. 6:1–3
- a1 Crón. 2:55; Jer. 33:17
- bJer. 15:19; Luc. 21:36
- a2 Rey. 24:1; 2 Crón. 36:5–7; Jer. 25:1, 3; 45:1; 46:2; Dan. 1:1
- aEx. 17:14; Isa. 8:1; Jer. 36:6, 23, 28; Zac. 5:1, 2
- bJer. 1:9, 10; 30:2; Hab. 2:2
- cJer. 3:3–10; 23:13, 14; 32:30–32
- dJer. 1:5, 10; 25:9–29; 47–51
- eJer. 1:2, 3; 25:3
- aJer. 26:3; 36:7; Ezq. 12:3
- bDt. 30:2, 8; 1 Sam. 7:3; Isa. 55:7; Jer. 18:8, 11; 35:15; Jon. 3:8
- cJon. 3:10; Mar. 4:12; Hech. 3:19
- aJer. 36:14; Ezq. 2:9
- bJer. 32:12; 36:18; 43:3; 45:1
- aJer. 32:2; 33:1; 2 Cor. 11:23
- aJer. 36:4, 8
- bJer. 36:9; Zac. 8:19
- aDt. 28:15; 31:16, 17; 1 Rey. 8:33; 2 Rey. 22:13, 17; 2 Crón. 33:12, 13; Lam. 4:11; Jer. 4:4; 21:5; 26:3; 36:3
- aJer. 1:17; 36:6
- aJer. 36:1
- bJer. 36:22
- cJer. 36:6
- dJue. 20:26; 1 Sam. 7:6; 2 Crón. 20:3; Est. 4:16; Joel 1:14; 2:15; Jon. 3:5
- aJer. 35:4
- bJer. 36:11, 25
- c2 Sam. 8:17; Jer. 52:25
- dJer. 26:10
- aJer. 36:13
- aJer. 36:20
- bJer. 26:22
- cJer. 36:25
- a2 Rey. 22:10
- aJer. 36:2, 21; Ezq. 2:7–10
- aJer. 36:21
- aJer. 36:24; Hech. 24:25
- bJer. 13:18; Amós 7:10, 11
- aJuan 9:10, 15, 26
- aJer. 36:4
- a1 Rey. 17:3; 18:4, 10; Jer. 26:20–24; 36:26
- aJer. 36:12
- a2 Rey. 22:10; 2 Crón. 34:18; Ezq. 2:4, 5
- aJue. 3:20; Amós 3:15
- bJer. 36:9
- a1 Rey. 22:8, 27; Prv. 1:30; Isa. 5:18, 19; 28:14, 22; Jer. 36:29
- aSal. 36:1; 64:5; Jer. 36:16
- bGn. 37:29, 34; 2 Sam. 1:11; 1 Rey. 21:27; 2 Rey. 19:1, 2; 22:11, 19; Isa. 36:22; 37:1; Jon. 3:6
- aGn. 37:22, 26, 27; Hech. 5:34–39
- a1 Rey. 19:1–3, 10, 14; Mat. 23:34, 37
- bSal. 91:1
- aJer. 36:23
- bJer. 36:4, 18
- aZac. 1:5, 6
- bJer. 36:4, 23
- aDt. 29:19; Job 15:24, 25; Isa. 45:9
- bIsa. 29:21; 30:10; Jer. 26:9; 32:3
- cJer. 25:9–11
- a2 Rey. 24:12–15; Jer. 22:30
- bJer. 22:19
- aJer. 23:34
- bDt. 28:15; Prv. 29:1; Jer. 19:15; 35:17
- aEx. 4:15, 16; 34:1; Jer. 36:4, 18, 23
- a2 Rey. 24:17; 1 Crón. 3:15; 2 Crón. 36:10; Ezq. 17:12–21
- b2 Rey. 24:12; 1 Crón. 3:16; 2 Crón. 36:9, 10; Jer. 22:24, 28; 24:1; 52:31
- a2 Rey. 24:19, 20; 2 Crón. 36:12–16; Prv. 29:12
- aJer. 21:1, 2
- bJer. 29:25; 52:24
- c1 Rey. 13:6; Jer. 2:27; 15:11; 21:1, 2; 42:1–4, 20; Hech. 8:24
- aJer. 32:2, 3; 37:15
- a2 Rey. 24:7; Jer. 37:7; Ezq. 17:15
- bJer. 37:11
- a2 Rey. 22:18; Jer. 21:1, 2; 37:3
- bIsa. 30:1–3; 31:1–3; Jer. 2:18, 36; Lam. 4:17; Ezq. 17:17
- aJer. 34:22; 38:23; 39:2–8
- aJer. 29:8; Abd. 3; Mat. 24:4, 5; Ef. 5:6
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