Hechos de los Apóstoles 8:27–38
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Él se levantó y fue. Y había un1 eunuco etíopea, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba encargado de todos sus tesoros, que había venido a Jerusalén para adorarb.
Regresaba a su país sentado en su carruaje, y leía al profeta Isaías.
Y el Espíritu dijoa a Felipe: «Ve y júntate a ese carruaje»
Cuando Felipe se acercó corriendo, le oyó leer al profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiende usted lo que lee?»
El eunuco le respondió: «¿Cómo podré, a menos que alguien me guíe?». E invitó a Felipe a que subiera y se sentara con él.
El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:
«aComo oveja fue llevado al matadero;
Y como cordero, mudo delante del que lo trasquila,
No abre él Su boca.
»En Su humillación no se le hizo justicia1;
¿Quién contará2 su generación3?
Porque Su vida es quitada de la tierra».
El eunuco le dijo a Felipe: «Le ruego que me diga, ¿de quién dice esto el profeta? ¿De sí mismo, o de algún otro?»
Entonces Felipea, comenzando con este pasaje de la Escritura, le anunció el evangeliob de Jesúsc.
Yendo por el camino, llegaron a un lugar donde había agua; y el eunuco dijo*: «Ahí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizadoa?»
Y Felipe le dijo: «Si usted cree con todo su corazón, puede». «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios», respondió el eunuco.
Y mandó parar el carruaje; ambos descendieron al agua, y Felipe lo bautizó.
Footnotes
Cross references
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