Hechos de los Apóstoles 8:1–9:2
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Y Saulo estaba de completo acuerdo con ellos en su muertea.
Saulo persigue a la iglesia
En aquel día se desató una gran persecución en contra de la iglesiab en Jerusalén, y todos fueron esparcidosc por las regiones de Judea y Samariad, excepto los apóstoles.
Algunos hombres piadosos sepultaron a Esteban y lloraron a gran voz1 por él.
Pero Saulo hacía estragos en la iglesiaa entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en1 la cárcelb.
Predicación de Felipe en Samaria
Así que los que habían sido esparcidosa iban predicando la palabrab.
Felipea, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo1.
Y las multitudes unánimes prestaban atención a lo que Felipe decía, al oír y ver las señales1 que hacía.
Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, estos salían de ellosa gritando a gran voz; y muchos que habían sido paralíticos y cojos eran sanadosb.
Y había gran regocijoa en aquella ciudad.
Simón el mago
Hacía tiempo que cierto hombre llamado Simón, estaba ejerciendo la magiaa en la ciudad y asombrando a la gente de Samaria, pretendiendo ser un gran personajeb;
y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención, y decían: «Este es el que se llama el Gran Poder de Diosa»
Le prestaban atención porque por mucho tiempo los había asombrado con sus artes mágicasa.
Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba las buenas nuevas1 del reino de Diosa y el nombre de Cristo Jesús, se bautizabanb, tanto hombres como mujeres.
Y aun Simón mismo creyó; y después de bautizarse, continuó con Felipe, y estaba atónito al ver las señalesa y los grandes milagrosb que se hacían.
Pedro y Juan en Samaria
Cuando los apóstoles que estaban en Jerusaléna oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juanb,
quienes descendieron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santoa.
Porque todavía no había descendido el Espíritu Santo sobre ninguno de ellosa; solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesúsb.
Entonces Pedro y Juan les imponíana las manos, y recibían el Espíritu Santob.
Cuando Simón vio que el Espíritu se daba por la imposición de las manos de los apóstoles, les ofreció dinero,
y les dijo: «Denme también a mí esta autoridad, de manera que todo aquel sobre quien ponga mis manos reciba el Espíritu Santo»
Entonces Pedro le contestó: «Que tu plata perezca1 contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dineroa.
»No tienes parte ni suertea en este asunto1, porque tu corazón no es recto delante de Diosb.
»Por tanto, arrepiéntete de esta tu maldad, y ruega al Señor que si es posible se te perdone el intento de tu corazóna.
»Porque veo que estás en hiel de amargura y en cadena1 de iniquidada»
Pero Simón respondió: «Rueguen ustedes al Señor por mí, para que no me sobrevenga nada de lo que han dicho»
Y ellos, después de haber testificado solemnementea y hablado la palabra del Señorb, iniciaron el regreso a Jerusalén anunciando el evangelioc en muchas aldeas de los samaritanosd.
Felipe y el etíope eunuco
Un ángel del Señora le dijo a Felipeb: «Levántate y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalén a Gazac». Este es un camino desierto1.
Él se levantó y fue. Y había un1 eunuco etíopea, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba encargado de todos sus tesoros, que había venido a Jerusalén para adorarb.
Regresaba a su país sentado en su carruaje, y leía al profeta Isaías.
Y el Espíritu dijoa a Felipe: «Ve y júntate a ese carruaje»
Cuando Felipe se acercó corriendo, le oyó leer al profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiende usted lo que lee?»
El eunuco le respondió: «¿Cómo podré, a menos que alguien me guíe?». E invitó a Felipe a que subiera y se sentara con él.
El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:
«aComo oveja fue llevado al matadero;
Y como cordero, mudo delante del que lo trasquila,
No abre él Su boca.
»En Su humillación no se le hizo justicia1;
¿Quién contará2 su generación3?
Porque Su vida es quitada de la tierra».
El eunuco le dijo a Felipe: «Le ruego que me diga, ¿de quién dice esto el profeta? ¿De sí mismo, o de algún otro?»
Entonces Felipea, comenzando con este pasaje de la Escritura, le anunció el evangeliob de Jesúsc.
Yendo por el camino, llegaron a un lugar donde había agua; y el eunuco dijo*: «Ahí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizadoa?»
Y Felipe le dijo: «Si usted cree con todo su corazón, puede». «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios», respondió el eunuco.
Y mandó parar el carruaje; ambos descendieron al agua, y Felipe lo bautizó.
Al salir ellos del agua, el Espíritu del Señor arrebatóa a Felipe; y no lo vio más el eunuco, que continuó su camino gozoso.
Pero Felipe se encontró1 en Azoto2a, y por donde pasaba, anunciaba el evangelio en todas las ciudadesb, hasta que llegó a Cesareac.
Conversión de Saulo
Sauloa, respirando todavía amenazas1 y muerte contra los discípulos del Señorb, fue al sumo sacerdote,
y le pidió cartas para las sinagogasa de Damascob, para que si encontraba algunos que pertenecieran al Caminoc, tanto hombres como mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalénd.
Footnotes
- 1 e hicieron gran lamentación.
- 1 entregaba a.
- 1I.e. el Mesías.
- 1O los milagros.
- 1O el evangelio.
- 1 sea para perdición.
- 1O esta enseñanza.
- 1O grillos, o, esclavitud.
- 1O Esta ciudad está desierta.
- 1 un hombre.
- 1 su justicia fue quitada.
- 2O describirá.
- 3O familia, u origen.
- 1O fue hallado.
- 2En el Antiguo Testamento, Asdod.
- 1 amenaza.
Cross references
- aHech. 7:58; 22:20; 26:10
- bHech. 9:31
- cHech. 8:4; 11:19
- dHech. 1:8; 8:5, 14; 9:31
- aHech. 9:1, 13, 21; 22:4, 19; 26:10, 11; 1Cor. 15:9; Gál. 1:13; Fil. 3:6; 1Tim. 1:13
- bSant. 2:6
- aHech. 8:1
- bHech. 8:12; 15:35
- aHech. 6:5; 8:26, 30
- aMar. 16:17
- bMat. 4:24
- aJuan 4:40–42; Hech. 8:39
- aHech. 8:11; 13:6
- bHech. 5:36
- aHech. 14:11; 28:6
- aHech. 8:9; 13:6
- aHech. 1:3; 8:4
- bHech. 2:38
- aHech. 8:6
- bHech. 19:11
- aHech. 8:1
- bLuc. 22:8
- aHech. 2:38; 19:2
- aHech. 19:2
- bMat. 28:19; Hech. 2:38
- aMar. 5:23; Hech. 6:6
- bHech. 2:4
- a2Rey. 5:16; Isa. 55:1; Dan. 5:17; Mat. 10:8; Hech. 2:38
- aDt. 10:9; 12:12; Ef. 5:5
- bSal. 78:37
- aIsa. 55:7
- aIsa. 58:6
- aLuc. 16:28
- bHech. 13:12
- cHech. 8:40
- dMat. 10:5
- aHech. 5:19; 8:29
- bHech. 8:5
- cGn. 10:19
- aSal. 68:31; 87:4; Isa. 56:3 y
- b1Rey. 8:41, 42; Juan 12:20
- aHech. 8:39; 10:19; 11:12; 13:2; 16:6, 7; 20:23; 21:11; 28:25; Heb. 3:7
- aIsa. 53:7, 8
- aMat. 5:2
- bLuc. 24:27; Hech. 17:2; 18:28; 28:23
- cHech. 5:42
- aHech. 10:47
- a1Rey. 18:12; 2Rey. 2:16; Ezq. 3:12, 14; 8:3; 11:1, 24; 43:5; 2Cor. 12:2
- aJos. 11:22; 1Sam. 5:1
- bHech. 8:25
- cHech. 9:30; 10:1, 24; 11:11; 12:19; 18:22; 21:8, 16; 23:23, 33; 25:1, 4, 6, 13
- aHech. 9:1–22; 22:3–16; 26:9–18
- bHech. 8:3; 9:13–21
- aMat. 10:17
- bGn. 14:15; 2Cor. 11:32; Gál. 1:17
- cJuan 14:6; Hech. 18:25, 26; 19:9, 23; 22:4; 24:14, 22
- dHech. 9:14, 21; 22:5; 26:10
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