Ezequiel 9–12
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Visión de la matanza de los culpables
Entonces Dios gritó a mis oídos con gran voz, diciendoa: «Acérquense, verdugos de la ciudad, cada uno con su arma destructora en la mano».
Y seis hombres venían por el camino de la puerta superior que mira al norte, cada uno con su arma destructora en la mano. Entre ellos había un hombre vestido de linoa con una cartera de escribano a la cintura. Y entraron y se pusieron junto al altar de bronce.
Entonces la gloria del Dios de Israel subió del querubín sobre el cual había estado, hacia el umbral del temploa. Y llamó al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escribano a la cintura;
y el Señor le dijo: «Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y pon una señal en la frente de los hombresa que gimen y se lamentan por todas las abominaciones que se cometen en medio de ellab».
Pero oí que a los otros les dijo: «Pasen por la ciudad en pos de él y hieran; no tenga piedad su ojo, no perdonen.
»Maten a viejos, jóvenes, doncellasa, niños y mujeres hasta el exterminio, pero no toquen a ninguno sobre quien esté la señalb. Comenzarán por Mi santuarioc». Comenzaron, pues, con los ancianos que estaban delante del templo.
Entonces les dijo: «Profanen el templo y llenen de muertos los atriosa. ¡Salgan!». Y salieron, y fueron hiriendo por la ciudad.
Mientras herían, quedé yo solo y caí sobre mi rostroa; clamé y dije: «¡Ah, Señor Dios! ¿Destruirás a todo el remanente de Israel derramando Tu furor sobre Jerusalénb?».
Entonces el Señor me respondió: “La iniquidad de la casa de Israel y de Judá es grande en extremo, la tierra está llena de sangre y la ciudad está llena de perversióna; porque dicen: “El Señor ha abandonado la tierra, el Señor nada veb”».
»Pero en cuanto a Mí, tampoco Mi ojo tendrá piedad, ni Yo perdonaréa, sino que haré recaer su conducta sobre sus cabezasb»
Entonces el hombre vestido de lino que tenía la cartera a la cintura, trajo un informe, diciendo: «He hecho tal como me ordenaste»
Visión de la gloria de Dios
Después miré, y en el firmamento que estaba sobre las cabezas de los querubines, vi que apareció sobre ellosa como una piedra de zafiro de apariencia semejante a un tronob.
Y el Señor le dijo al hombre vestido de lino: «Entra en medio de las ruedasa debajo de los querubines, llena tus manos de carbones encendidos de entre los querubines y espárcelos sobre la ciudadb». Y el hombre entró ante mis ojos.
Los querubines estaban de pie a la derecha del temploa cuando el hombre entró, y la nube llenaba el atrio interior.
Entonces la gloria del Señor subió del querubín hacia el umbral del temploa, y el templo se llenó de la nube, y el atrio se llenó del resplandor de la gloria del Señorb.
El ruido de las alas de los querubines se oía hasta el atrio exterior, como la voz del Dios Todopoderoso1 cuando hablaa.
Cuando Él le ordenó al hombre vestido de lino: «Toma fuego de entre las ruedas, de entre los querubines», él entró y se paró junto a una rueda.
El querubín extendió su mano de entre los querubines hacia el fuego que estaba entre ellos, lo tomó y lo puso en las manos del que estaba vestido de lino, el cual lo tomó y salió.
Debajo de sus alas los querubines parecían tener la forma de la mano de un hombre.
aEntonces miré, y vi cuatro ruedas junto a los querubines, cada rueda junto a cada querubín; el aspecto de las ruedas era como el brillo de una piedra de Tarsisb.
En cuanto a su apariencia, las cuatro tenían la misma semejanza, como si una rueda estuviera dentro de la otra rueda.
Cuando andaban, se movían en las cuatro direcciones, sin volverse cuando andaban, sino que seguían la dirección en que ponían el rostro1, sin volverse cuando andabana.
Y todo su cuerpo, sus espaldas, sus manos, sus alas y las ruedas estaban llenos de ojos alrededora, las ruedas de los cuatrob.
A las ruedas se les llamó «torbellino», y yo lo oí.
Y cada uno de los querubines tenía cuatro caras. La primera cara era la cara de un querubín; la segunda, la cara de un hombre; la tercera, la cara de un león; y la cuarta, la cara de un águilaa.
Entonces los querubines se levantaron. Estos eran los seres vivientes que yo había visto en el río Quebara.
Cuando los querubines andaban, las ruedas andaban a su lado; y cuando los querubines alzaban sus alas para elevarse del suelo, las ruedas no se apartaban de su lado.
Cuando los querubines se detenían, las ruedas se detenían, y cuando se levantaban, las ruedas se levantaban con ellos, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en ellasa.
Entonces la gloria del Señor salió de sobre el umbral del templo y se puso sobre los querubinesa.
Cuando los querubines alzaron sus alas y se elevaron del suelo ante mis ojos salieron con las ruedas a su lado, y se detuvieron a la entrada de la puerta oriental de la casa del Señor. Y la gloria del Dios de Israel estaba por encima, sobre ellosa.
Estos eran los seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel junto al río Quebara; entonces supe que eran querubinesb.
Cada uno tenía cuatro caras y cada uno cuatro alas, y había una semejanza de manos de hombre debajo de sus alasa.
En cuanto a la forma de sus caras, eran las mismas caras cuya apariencia yo había visto junto al río Quebar. Cada uno caminaba derecho hacia adelante.
Castigo de los gobernantes
Entonces el Espíritu me levantó y me llevó a la puerta oriental de la casa del Señor que mira al orientea. Y a la entrada de la puerta había veinticinco hombres, y entre ellos vi a Jaazanías, hijo de Azur, y a Pelatías, hijo de Benaíab, jefes del pueblo.
Y Dios me dijo: «Hijo de hombre, estos son los hombres que traman iniquidad y dan malos consejos en esta ciudada,
los cuales dicen: “¿No está cerca el tiempo de edificar casas? Esta ciudad es la olla y nosotros la carnea”
»Por tanto, profetiza contra ellos, profetiza, hijo de hombrea».
Entonces el Espíritu del Señor cayó sobre mí, y me ordenó que dijera: «Así dice el Señor: “Así han dicho ustedes, casa de Israel, Yo conozco sus pensamientos1a.
”Han multiplicado sus muertos en esta ciudad, han llenado sus calles de muertosa”.
»Por tanto, así dice el Señor Dios: “Sus muertos, los que han dejado en medio de la ciudad, son la carne, y ella es la ollaa; pero Yo los sacaré de ellab.
”Han temido la espada, y espada traeré sobre ustedesa”, declara el Señor Dios.
“Los sacaré de en medio de la ciudad, los entregaré en manos de extrañosa y traeré juicios contra ustedesb.
”A espada caerána; en los confines de Israel los juzgaré; y sabrán que Yo soy el Señorb.
”Esta ciudad no será olla para ustedes, ni ustedes serán carne en medio de ellaa; hacia los confines de Israel los juzgaré.
”Así sabrán que Yo soy el Señor; porque no han andado en Mis estatutos ni han cumplido Mis ordenanzasa, sino que han obrado conforme a las costumbres de las naciones que los rodeanb.”».
Y mientras yo profetizaba, Pelatías, hijo de Benaíaa, murió. Entonces caí sobre mi rostro, y clamé a gran voz: «¡Ah, Señor Dios! ¿Vas a acabar por completo con el remanente de Israelb?».
Entonces vino a mí la palabra del Señor:
«Hijo de hombre, tus hermanos, tus parientes, los hombres en el destierro contigo y toda la casa de Israel, todos ellos, son aquellos a quienes los habitantes de Jerusalén han dicho: “Aléjense del Señor; a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesióna”.
»Por tanto, di: ‘Así dice el Señor Dios: ‘Aunque los había echado lejos entre las naciones, y aunque Yo los había dispersado por las tierras, sin embargo fui para ellos un santuarioa por poco tiempo en las tierras adonde habían ido’ ”.
»Por tanto di: ‘Así dice el Señor Dios: ‘Yo los recogeré de entre los pueblos y los reuniré de las tierras entre las cuales han sido dispersados, y les daré la tierra de Israela’ ”.
»Cuando lleguen allí, quitarán de ella todas sus cosas detestables y todas sus abominacionesa.
»Yo les daré un solo corazón y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos. Y quitaré de su carne el corazón de piedraa y les daré un corazón de carneb,
para que anden en Mis estatutos, guarden Mis ordenanzasa y los cumplan. Entonces serán Mi pueblo y Yo seré su Diosb.
»Pero en cuanto a aquellos cuyo corazón va detrás de sus cosas detestables y abominacionesa, haré recaer su conducta sobre su cabeza», declara el Señor Diosb.
Entonces los querubines alzaron sus alas con las ruedas a su ladoa, y la gloria del Dios de Israel estaba por encima, sobre ellosb.
La gloria del Señor se elevó de en medio de la ciudada, y se detuvo sobre el monte que está al oriente de la ciudadb.
Y el Espíritu me levantóa y me llevó a Caldea1, a los desterrados, en visión por el Espíritu de Dios. Y se alejó de mí la visión que había vistob.
Entonces hablé a los desterrados de todas las cosas que el Señor me había mostradoa.
Destierro del príncipe
Entonces vino a mí la palabra del Señor:
«Hijo de hombrea, tú habitas en medio de la casa rebeldeb; tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyenc, porque son una casa rebelde.
»Y tú, hijo de hombre, prepárate el equipaje del destierro y sal al destierro de día, ante sus ojos; sal al destierro desde tu lugar a otro lugar, ante sus ojos. Quizá entiendan, aunque son una casa rebeldea.
»Saca tu equipaje como equipaje del destierro, de día, ante sus ojos. Entonces sal tú por la tarde, ante sus ojos, como los que salen al destierroa.
»Ante sus ojos haz un hueco en el muro y sal por él.
»Ante sus ojos carga el equipaje sobre los hombros y sácalo en la oscuridad. Cúbrete el rostro para no ver la tierraa, porque te he puesto por señal a la casa de Israelb».
Yo hice tal como se me había mandadoa. Saqué mi equipaje de día como el equipaje de un desterrado. Entonces al atardecer cavé con mis manos a través del muro; salí en la oscuridad y cargué el equipaje sobre los hombros, a la vista de ellosb.
Por la mañana vino a mí la palabra del Señor:
«Hijo de hombre, ¿no te ha dicho la casa de Israel, esa casa rebeldea: “¿Qué estás haciendob?”.
»Diles: “Así dice el Señor Dios: ‘Esta carga1 (Este oráculo) se refiere al príncipe en Jerusalén y a toda la casa de…
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Footnotes
Cross references
- aIsa. 6:8
- aLev. 16:4
- aEzq. 10:4; 11:22, 23
- aEx. 12:7, 13; Ezq. 9:6; 2 Cor. 1:22; 2 Tim. 2:19; Apoc. 7:2, 3; 9:4; 14:1
- bSal. 119:53, 136; Jer. 13:17; Ezq. 6:11; 21:6
- a2 Crón. 36:17
- bEx. 12:23; Apoc. 9:4
- cJer. 25:29; Amós 3:2; Luc. 12:47
- a2 Crón. 36:17; Ezq. 7:20–22
- a1 Crón. 21:16
- bEzq. 11:13; Amós 7:2–6
- a2 Rey. 21:16; Jer. 2:34; Ezq. 7:3, 23; 22:2, 3, 29; Miq. 3:1–3
- bJob 22:13; Sal. 10:11; 94:7; Isa. 29:15; Ezq. 8:12
- aIsa. 65:6; Ezq. 8:18; 24:14
- bEzq. 7:4; 11:21; Os. 9:7
- aEx. 24:10; Ezq. 1:22, 26
- bApoc. 4:2, 3
- aEzq. 1:15–21; 10:13
- bSal. 18:10–13; Isa. 6:6; Ezq. 1:13; Apoc. 8:5
- aEzq. 8:3, 16
- aEzq. 9:3; 11:22, 23
- bEx. 40:34, 35; Isa. 6:1–4
- aJob 40:9; Ezq. 1:24; Apoc. 10:3
- aEzq. 10:9–13: Ezq. 1:15–21
- bDan. 10:6; Apoc. 21:20
- aEzq. 1:17
- aApoc. 4:6, 8
- bEzq. 1:18
- a1 Rey. 7:29, 36; Ezq. 1:6, 10; 10:21; Apoc. 4:7
- aEzq. 1:3, 5
- aEzq. 1:21
- aSal. 18:10
- aEzq. 11:22
- aEzq. 1:1
- bEzq. 1:5, 22, 26; 10:15
- aEzq. 1:6, 8; 10:14; 41:18, 19
- aEzq. 3:12, 14; 8:3; 11:24; 43:5
- bEzq. 11:13
- aSal. 2:1, 2; 52:2; Isa. 30:1; Jer. 5:5; Miq. 2:1
- aJer. 1:13; Ezq. 11:7, 11; 24:3, 6
- aEzq. 3:4, 17
- aJer. 11:20; 17:10; Ezq. 38:10
- aIsa. 1:15; Ezq. 7:23; 22:2–6, 9, 12, 27
- aEzq. 24:3–13; Miq. 3:2, 3
- b2 Rey. 25:18–22; Jer. 52:24–27; Ezq. 11:9
- aJob 3:25; Prv. 10:24; Isa. 24:17, 18; 66:4
- aDt. 28:36, 49, 50; Sal. 106:41
- bEzq. 5:8; 16:41
- aJer. 52:9, 10
- b2 Rey. 14:25
- aEzq. 11:3, 7; 24:3, 6
- aEzq. 18:8, 9
- bEzq. 8:10, 14, 16
- aEzq. 11:1
- bEzq. 9:8
- aEzq. 33:24
- aSal. 31:20; 90:1; 91:9; Isa. 8:14; Jer. 29:7, 11
- aIsa. 11:11–16; Jer. 3:12, 18; 24:5; Ezq. 20:41, 42; 28:25
- aEzq. 5:11; 7:20; 37:23
- aZac. 7:12; Rom. 2:4, 5
- bJer. 24:7; 32:39; Ezq. 18:31; 36:26; 2 Cor. 3:3
- aSal. 105:45; Ezq. 36:27
- bEzq. 14:11
- aJer. 16:18; Ezq. 11:18
- bEzq. 9:10; 16:43
- aEzq. 10:19
- bEzq. 43:2
- aEzq. 8:4
- bZac. 14:4
- aEzq. 8:3; 11:1; 37:1; 2 Cor. 12:2–4
- bHech. 10:16
- aEzq. 2:7; 3:4, 17, 27
- aIsa. 6:5
- bSal. 78:40; Isa. 1:23; Ezq. 2:7, 8
- cIsa. 6:9, 10; 43:8; Jer. 5:21; Mat. 13:13, 14; Mar. 4:12; 8:18; Luc. 8:10; Juan 9:39–41; 12:40; Hech. 28:26, 27; Rom. 11:8
- aJer. 26:3; 36:3, 7; Luc. 20:13; 2 Tim. 2:25
- a2 Rey. 25:4; Jer. 39:4; Ezq. 12:12
- a1 Sam. 28:8; Ezq. 12:12, 13
- bIsa. 8:18; 20:3; Ezq. 4:3; 12:11; 24:24
- aEzq. 24:18; 37:7, 10
- bEzq. 12:3–6
- aEzq. 2:5–8; 12:1–3
- bEzq. 17:12; 20:49; 24:19
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