2º Samuel 23–24
Nueva Biblia de las AméricasOtras versiones
Español
Alemán
Árabe
Checo
Chino simplificado
Chino tradicional
Coreano
Francés
Hebreo
Húngaro
Inglés
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
Italiano
Latín
Portugués
Ruso
Últimas palabras de David
Estas son las últimas palabras de David:
«Declara David, el hijo de Isaí,
Y declara el hombre que fue exaltadoa,
El ungido del Dios de Jacobb,
El dulce salmista de Israel:
El Espíritu del Señor habló por mía,
Y Su palabra estuvo en mi lengua.
»Dijo el Dios de Israel,
Me habló la Roca de Israela:
“El que con justicia gobierna sobre los hombresb,
Que en el temor de Dios gobiernac,
Es como la luz de la mañana cuando se levanta el sol
En una mañana sin nubes,
Cuando brota de la tierra la tierna hierba
Por el resplandor del sol tras la lluviaa”.
»En verdad, ¿no es así mi casa para con Dios?
Pues Él ha hecho conmigo un pacto eterno,
Ordenado en todo y seguroa.
Porque toda mi salvación y todo mi deseo,
¿No los hará ciertamente germinar?
»Pero los indignos, todos ellos serán arrojadosa como espinos,
Porque no pueden ser tomados con la mano;
Y el hombre que los toque
Ha de estar armado1 con hierro y con asta de lanza,
Y por fuego serán consumidos completamente en su lugar2a».
Los valientes de David
aEstos son los nombres de los valientes que tenía David: Joseb Basebet el tacmonita, principal de los capitanes1; este2 era llamado Adino el eznita, por los 800 que mató una vez.
Y después de él, Eleazar, hijo de Dodo el ahohítaa, uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se habían reunido allí para la batalla y se habían retirado1 los hombres de Israel.
Él se levantó e hirió a los filisteosa hasta que su mano se cansó y1 se quedó pegada a la espada; aquel día el Señor concedió una gran victoria2b. El pueblo volvió en pos de él, pero solo para despojar a los muertos.
Después de él, fue Sama, hijo de Age el araritaa. Los filisteos se habían concentrado en tropa1 donde había un terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido de los filisteos.
Pero él se puso en medio del terreno, lo defendió e hirió a los filisteos; y el Señor le concedió una gran victoria1a.
Descendieron tres de los treinta jefes y fueron a David en la cueva de Adulam al tiempo de la cosechaa, mientras la tropa de los filisteos acampaba en el valle de Refaímb.
David estaba entonces en la fortalezaa, mientras la guarnición de los filisteos estaba en Belén.
David sintió un gran deseo, y dijo: «¡Quién me diera a beber agua del pozo de Belén que está junto a la puertaa!».
Entonces los tres valientes se abrieron paso por el campamento de los filisteos, y sacando agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta, se la llevaron y la trajeron a David. Pero él no quiso beberla, sino que la derramó para el Señora,
y dijo: «Lejos esté de mí, oh Señor, que yo haga esto. ¿Beberé la sangrea de los hombres que fueron con riesgo de sus vidas?». Por eso no quiso beberla. Estas cosas hicieron los tres valientes.
Y Abisai, hermano de Joab, hijo de Sarviaa, era jefe de los treinta1. Y este2 blandió su lanza contra 300 y los mató3, y tuvo tanto renombre como los tresb.
Él era el más distinguido de los treinta, por eso llegó a ser su jefe; pero no igualó a los tres primeros.
Benaía, hijo de Joiadaa, hijo de un valiente de Cabseelb, de grandes hazañas, mató1 a los dos hijos de Ariel2 de Moab. Y él descendió y mató1 a un león en medio de un foso un día que estaba nevando.
También mató1 a un egipcio, un hombre de apariencia impresionante. El egipcio tenía una lanza en la mano, pero Benaía descendió a él con un palo, y arrebatando la lanza de la mano del egipcio, lo mató con su propia lanza.
Estas cosas hizo Benaía, hijo de Joiadaa, y tuvo tanto renombre como los tres valientes.
Fue el más distinguido entre los treinta, pero no igualó a los tres; y David lo puso sobre su guardia.
Asael, hermano de Joaba, estaba entre los treinta; también, Elhanán, hijo de Dodo de Belén,
Sama el haroditaa, Elica el harodita,
Heles el Paltita, Ira, hijo de Iques el tecoítaa,
Abiezer el anatotitaa, Mebunai el husatita,
Salmón el ahohíta, Maharai el netofatitaa,
Heleb, hijo de Baana el netofatitaa, Itai, hijo de Ribai de Guibeá de los benjamitasb,
Benaía el piratonitaa, Hidai de los arroyos de Gaasb,
Abi Albón el arbatita, Azmavet el barhumitaa,
Eliaba el saalbonitaa, los hijos de Jasén, Jonatán,
Sama el araritaa, Ahíam, hijo de Sarar el ararita,
Elifelet, hijo de Ahasbai, hijo de Maacaa, Eliamb, hijo de Ahitofel el gilonitac,
Hezrai el carmelitaa, Paarai el arbita,
Igal, hijo de Natán de Sobaa, Bani el gadita,
Selec el amonita, Naharai el beerotitaa, escuderos de Joab, hijo de Sarvia,
Ira el itritaa, Gareb el itrita,
Urías el hititaa; treinta y siete en total.
Censo del pueblo y castigo de Dios
aDe nuevo la ira del Señor se encendió contra Israel, y provocó a David contra ellos y dijo: «Ve, haz un censo de Israel y de Judáb».
Y el rey dijo a Joab, comandante del ejército, que estaba con él: «Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y haz un censo del pueblo para que yo sepa el número de la gentea».
Pero Joab respondió al rey: «Que el Señor su Dios añada al pueblo cien veces más de lo que sona, mientras todavía vean los ojos de mi señor el rey; pero, ¿por qué se complace mi señor el rey en esto?».
Sin embargo, la palabra del rey prevaleció contra Joab y contra los jefes del ejército. Salieron, pues, Joab y los jefes del ejército de la presencia del rey para hacer el censo del pueblo de Israel.
Pasaron el Jordán y acamparon en Aroer, a la derecha de la ciudad que está en medio del valle de Gada, y en dirección a Jazerb.
Luego fueron a Galaad y a la tierra de Tahtim Hodsi1; fueron a Dan Jaán y doblaron para Sidóna.
Fueron a la fortaleza de Tiroa y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeosb, saliendo finalmente hacia el sur de Judá, a Beersebac.
Habiendo recorrido todo el país, volvieron a Jerusalén después de nueve meses y veinte días.
Joab dio al rey la cifra del censo del puebloa: había en Israel 800,000 hombres valientes que sacaban espadab, y los de Judá eran 500,000 hombres.
Después que David contó el pueblo le pesó en1 su corazóna. Y David dijo al Señor: «He pecado en gran manera por lo que he hechob. Pero ahora, oh Señor, te ruego que quites2 la iniquidad de Tu siervo, porque he obrado muy neciamentec».
Cuando David se levantó por la mañana, la palabra del Señor vino al profeta Gad, videntea de David, diciendo:
«Ve y dile a David: “Así dice el Señor: ‘Te ofrezco tres cosas; escoge para ti una de ellas, para que Yo la haga’ ”».
Así que Gad fue a David y se lo hizo saber, diciéndole: «¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra, o que huyas por tres meses delante de tus enemigos mientras te persiguen, o que haya tres días de pestilencia en tu tierra? Considera ahora, y mira qué respuesta he de dar al que me envióa».
David respondió a Gad: «Estoy muy angustiado. Te ruego que nos dejes caer en manos del Señor porque grandes son Sus misericordiasa, pero no caiga yo en manos de hombre».
Y el Señor envió1 pestilencia sobre Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y desde Dan hasta Beerseba murieron 70,000 hombresa del pueblob.
Cuando el ángel extendió su mano hacia Jerusalén para destruirlaa, el Señor se arrepintió del malb, y dijo al ángel que destruía al pueblo: «¡Basta! ¡Detén ahora tu mano!» Y el ángel del Señor estaba junto a la era de Arauna el jebuseo.
Entonces David habló al Señor, cuando vio al ángel que hería al pueblo, y dijo: «Yo soy el que ha pecado, y yo soy el que ha hecho mala; pero estas ovejas, ¿qué han hechob? Te ruego que Tu mano caiga sobre mí y sobre la casa de mi padre».
Y Gad vino a David aquel día y le dijo: «Sube, edifica un altar al Señor en la era de Arauna el jebuseoa».
David subió conforme a la palabra de Gad, tal como el Señor había ordenado.
Y Arauna miró y vio al rey y a sus siervos que venían hacia él; y saliendo Arauna, se postró rostro en tierra delante del rey.
Entonces Arauna dijo: «¿Por qué ha venido mi señor el rey a su siervo?». Y David respondió: «A comprarte la era para edificar un altar al Señor a fin de detener la plaga del puebloa».
Y Arauna dijo a David: «Tome y ofrezca mi señor el rey lo que parezca bien a sus ojos. Mire, los bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para la leñaa.
»Todo, oh rey, Arauna lo da al rey». Y Arauna dijo al rey: «Que el Señor su Dios le sea propicioa».
Pero el rey dijo a Arauna: «No, sino que ciertamente por precio te lo compraré, pues no ofreceré al Señor mi Dios holocausto que no me cueste nada1a». Y David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos (570 gramos) de platab.
Y allí edificó David un altar al Señor, y ofreció holocaustos y ofrendas de paz. El Señor escuchó la súplica por la tierraa y la plaga fue detenida en Israel.
Notas al pie
- 1 lleno de.
- 2 asentamiento.
- 1O de los tres.
- 2 él.
- 1 subido.
- 1 y su mano.
- 2O salvación.
- 1Posiblemente, en Lehí.
- 1O salvación.
- 1Así en dos y en la versión siriaca; en el , tres.
- 2 él.
- 3 trescientos muertos.
- 1 hirió.
- 2O dos héroes como leones.
- 1 hirió.
- 1O Cades, en la tierra de los hititas.
- 1 lo hirió.
- 2 hagas desaparecer.
- 1 dio.
- 1 gratuitamente.
Referencias cruzadas
- a2 Sam. 7:8, 9; Sal. 78:70, 71
- b1 Sam. 16:12, 13; Sal. 89:20
- aMat. 22:43; 2 Ped. 1:21
- a2 Sam. 22:2, 3, 32
- bSal. 72:1–3; Isa. 11:1–5
- c2 Crón. 19:7, 9
- aJue. 5:31; Sal. 72:6
- a2 Sam. 7:12–16; Sal. 89:29; Isa. 55:3
- aMat. 13:41
- aMat. 3:10; 13:30; Heb. 6:8
- a2 Sam. 23:8–39: 1 Crón. 11:11–41
- a1 Crón. 8:4; 27:4
- a1 Crón. 11:13
- b1 Sam. 11:13; 19:5
- a2 Sam. 23:33
- a2 Sam. 23:10
- a1 Sam. 22:1
- b2 Sam. 5:18
- a1 Sam. 22:4, 5
- a1 Crón. 11:17
- aGn. 35:14; 1 Crón. 11:18
- aLev. 17:10
- a2 Sam. 10:10, 14; 18:2
- b1 Crón. 11:20, 21
- a2 Sam. 8:18; 20:23
- bJos. 15:21
- a2 Sam. 23:20
- a2 Sam. 2:18; 1 Crón. 27:7
- aJue. 7:1; 1 Crón. 11:27
- a2 Sam. 14:2
- aJos. 21:18
- a2 Rey. 25:23
- a1 Crón. 11:30
- bJos. 18:28
- aJue. 12:13, 15
- bJos. 24:30
- a2 Sam. 3:16
- aJos. 19:42
- a2 Sam. 23:11
- a2 Sam. 10:6, 8; 20:14
- b2 Sam. 11:3
- c2 Sam. 15:12
- aJos. 15:55; 1 Crón. 11:37
- a2 Sam. 8:3
- a2 Sam. 4:2
- a1 Crón. 2:53
- a2 Sam. 11:3, 6
- a2 Sam. 24:1–25: 1 Crón. 21:1–26; 1 Crón. 27:23, 24
- b2 Sam. 21:1, 2
- aJue. 20:1; 2 Sam. 3:10
- aDt. 1:11
- aDt. 2:36; Jos. 13:9, 16
- bNúm. 21:32; 32:35
- aJos. 19:28; Jue. 1:31
- aJos. 19:29
- bJos. 11:3; Jue. 3:3
- cGn. 21:22–33
- aNúm. 1:44–46
- b1 Crón. 21:5
- a1 Sam. 24:5
- b1 Sam. 13:13; 2 Crón. 16:9
- c2 Sam. 12:13
- a1 Sam. 9:9; 22:5; 1 Crón. 29:29
- a1 Crón. 21:12; Ezq. 14:21
- aSal. 51:1; 130:4, 7
- a1 Crón. 21:14; 27:24
- b2 Sam. 24:2
- aEx. 12:23; 2 Rey. 19:35; Hech. 12:23
- bEx. 32:14; 1 Sam. 15:11
- a2 Sam. 24:10
- b2 Sam. 7:8; Sal. 74:1
- a1 Crón. 21:18
- aNúm. 16:44–50
- a1 Sam. 6:14; 1 Rey. 19:21
- aEzq. 20:40, 41
- aMal. 1:13, 14
- b1 Crón. 21:24, 25
- a2 Sam. 21:14
Copyright 2005 por The Lockman Foundation