Estudio bíblico Logos

2º Reyes 19–21

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Ezequías y el profeta Isaías

aCuando el rey Ezequías oyó esto rasgó sus vestidosb, se cubrió de cilicioc y entró en la casa del Señor.

Envió entonces a Eliaquim, mayordomo de la casa real, con el escriba Sebna y los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicioa, para hablar con el profeta Isaías, hijo de Amozb.

Y ellos le dijeron: «Así dice Ezequías: “Este día es día de angustia, de reprensión y de desprecio, pues hijos están para nacer, pero no hay fuerzas para dar a luz.

”Tal vez el Señor tu Dios oirá todas las palabras del Rabsacesa, a quien su señor, el rey de Asiria, ha enviado para injuriar al Dios vivo, y lo reprenderá por las palabras que el Señor tu Dios ha oídob. Eleva, pues, una oración por el remanente que aún quedac”».

Cuando llegaron los siervos del rey Ezequías ante Isaías,

este les dijo: «Así dirán a su señor: “Así dice el Señor: ‘No temas por las palabras que has oído, con las que los criados del rey de Asiriaa me han blasfemadob.

’Yo pondré en él un espíritu, oirá un rumora y se volverá a su tierra; y en su tierra lo haré caer a espadab’ ”».

Entonces el Rabsaces volvió y halló al rey de Asiria peleando contra Libnaa, pues había oído que el rey había partido de Laquisb.

Y les oyó decir acerca de Tirhaca, rey de Cus1: «Ha salido a pelear contra ti». Entonces envió de nuevo mensajeros a Ezequías, diciendo:

«Así dirán a Ezequías, rey de Judá: “No te engañe tu Dios en quien tú confíasa, diciendo: ‘Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiriab’.

”Tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todas las naciones1, destruyéndolas por completo, ¿y serás tú librado?

”¿Acaso los libraron los dioses de las naciones que mis padres destruyerona, es decir, Gozánb, Haránc, Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasard?

”¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Ivaa?”».

Entonces Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó, y subió a la casa del Señor y la extendió delante del Señora.

Y oró Ezequías delante del Señor, y dijo: «Oh Señor, Dios de Israel, que estás sobre los querubinesa, solo Tú eres Dios de todos los reinos de la tierrab. Tú hiciste los cielos y la tierra.

»Inclina, oh Señor, Tu oído y escucha; abre, oh Señor, Tus ojos y miraa; escucha las palabras que Senaquerib ha enviado para injuriar al Dios vivob.

»En verdad, oh Señor, los reyes de Asiria han asolado las naciones y sus tierras,

y han echado sus dioses al fuego, porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y piedraa; por eso los han destruido.

»Y ahora, oh Señor, Dios nuestro, líbranos, te ruego, de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que solo Túa, oh Señor, eres Diosb».

Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Lo que me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he escuchadoa”.

»Esta es la palabra que el Señor ha hablado contra él:

“Te ha despreciado y se ha burlado de ti

La virgen hija de Sióna;

Ha movido la cabezab a tus espaldas

La hija de Jerusalén.

-”¿A quién has injuriado y blasfemadoa?

¿Y contra quién has alzado la voz

Y levantado con orgullo tus ojos?

¡Contra el Santo de Israelb!

-”Por mano de tus mensajeros has injuriado al Señor,

Y has dicho: ‘Con mis numerosos carros

Subí a las cumbres de los montesa,

A las partes más remotas del Líbano;

Corté sus altos cedros y sus mejores cipreses,

Y entré en su morada más lejana, en su más frondoso bosqueb.

-’Yo cavé pozosa y bebí aguas extranjeras,

Y sequé con la planta de mi pie

Todos los ríos de Egipto’.

”¿No has oído?

Hace mucho tiempo que lo hice,

Desde la antigüedad lo había planeadoa.

Ahora lo he realizadob,

Para que conviertas las ciudades fortificadas

En montones de ruinas.

-”Sus habitantes, faltos de fuerzas,

Fueron desalentados y humillados;

Vinieron a ser como la vegetación del campo

Y como la hierba verde,

Como la hierba en los techos que se quema

Antes de que haya crecidoa.

-”Pero conozco tu sentarte,

Tu salir y tu entrar,

Y tu furor contra Mía.

-”Porque estás lleno de ira contra Mí,

Y porque tu arrogancia1 ha subido hasta Mis oídos,

Pondré, pues, Mi argolla en tu nariza

Y Mi freno en tus labios,

Y te haré volver por el camino por donde vinisteb.

”Esto te será por señala: Este año ustedes comerán lo que crezca espontáneamente; el segundo año lo que nazca de por sí, y en el tercer año siembren, sieguen, planten viñas y coman su fruto.

”Y el remanente de la casa de Judáa que se salve, de nuevo echará raíces por debajo y dará fruto por arriba.

”Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sión sobrevivientesa. El celo del Señor de los ejércitos hará estob.

”Por tanto, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: ‘Él no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ellaa.

’Por el camino que vino, por él se volveráa, y no entrará en esta ciudad’ ”, declara el Señor.

“Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a Mí mismoa y por amor a Mi siervo Davidb”».

Muerte de Senaquerib

Aconteció que aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió a 185,000 en el campamento de los asirios. Cuando los demás se levantaron por la mañana, vieron que todos eran cadáveresa.

Senaquerib, rey de Asiria, salió y regresó a su tierraa, y habitó en Níniveb.

Y mientras él adoraba en la casa de su dios Nisroc, Adramelec y Sarezer lo mataron a espadaa y huyeron a la tierra de Araratb. Y su hijoc Esar Hadón reinó en su lugar.

Enfermedad y curación de Ezequías

aEn aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías, hijo de Amoz, y le dijo: «Así dice el Señor: “Pon tu casa en orden, porque morirás y no vivirásb”».

Entonces él volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor, diciendo:

«Te ruego, oh Señor, que te acuerdesa ahora de cómo yo he andado delante de Ti en verdad y con corazón íntegro, y he hecho lo bueno ante Tus ojosb». Y Ezequías lloró amargamentec.

Y antes que Isaías hubiera salido del patio central, vino a él la palabra del Señor, diciendo:

«Vuelve y dile a Ezequías, príncipe de Mi puebloa: “Así dice el Señor, Dios de tu padre David: ‘He escuchado tu oraciónb y he visto tus lágrimasc; entonces te sanaré. Al tercer día subirás a la casa del Señor.

’Y añadiré quince años a tu vida1, y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria; y defenderé esta ciudad por amor a Mí mismo y por amor a Mi siervo Davida’ ”».

Entonces Isaías dijo: «Tomen una masa de higos». La tomaron y la pusieron sobre la úlcera, y sanó.

Y Ezequías dijo a Isaías: «¿Cuál será la señal de que el Señor me sanará, y de que subiré a la casa del Señor al tercer día?».

Respondió Isaías: «Esta será la señal del Señor para ti, de que el Señor hará lo que ha dichoa: ¿avanzará la sombra diez grados1 o retrocederá diez grados1?».

Y Ezequías respondió: «Es fácil que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados».

El profeta Isaías clamó al Señor, y Él hizo volver atrás la sombra diez grados en las gradas por las que había declinado, en las gradas de Acaza.

Ezequías muestra sus tesoros

aEn aquel tiempo Berodac Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un regalo a Ezequías, porque oyó que Ezequías había estado enfermo.

Y Ezequías los escuchó y les mostró toda su casa del tesoro: la plata y el oro, las especias y el aceite precioso, su arsenal y todo lo que se hallaba en sus tesorosa. No hubo nada en su casa ni en todo su dominio que Ezequías no les mostrara.

Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le dijo: «¿Qué han dicho esos hombres y de dónde han venido a ti?». Y Ezequías respondió: «Han venido de un país lejano, de Babilonia».

Y él dijo: «¿Qué han visto en tu casa?». Y Ezequías respondió: «Han visto todo lo que hay en mi casa; no hay nada entre mis tesoros que yo no les haya mostrado».

Entonces Isaías dijo a Ezequías: «Oye la palabra del Señor:

“Vienen días cuando todo lo que hay en tu casa y todo lo que tus padres han atesorado hasta el día de hoy, será llevado a Babilonia; nada quedará”, dice el Señora.

“Y algunos de tus hijos que saldrán de ti, los que engendrarás, serán llevados, y serán oficiales1 en el palacio del reya de Babiloniab”».

Entonces Ezequías dijo a Isaías: «La palabra del Señor que has hablado es buenaa. Pues pensaba1: ¿No es así, si hay paz y seguridad2 en mis días?».

Los demás hechos de Ezequías y todo su poderío, y cómo hizo el estanquea y el acueducto, y trajo agua a la ciudad, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judáb?

Y durmió Ezequías con sus padres; y su hijo Manasés reinó en su lugara.

Reinado de Manasés

aManasés tenía doce años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. El nombre de su madre era Hepsiba.

Hizo lo maloa ante los ojos del Señor, conforme a las abominaciones de las naciones que el Señor había desposeído delante de los israelitasb.

Porque reedificó los lugares altos que su padre Ezequías había destruidoa; levantó también altares a Baal e hizo una Asera1, como había hecho Acab, rey de Israelb, y adoró a todo el ejército de los cielos y los sirvióc.

Edificó además altares en la casa del Señora, de la cual el Señor había dicho: «En Jerusalén pondré Mi nombreb».

Edificó altares a todo el ejército de los cielosa en los dos atrios de la casa del Señorb.

Hizo pasar por fuego a su hijo, practicó la hechicería, usó la adivinacióna y trató con adivinos y espiritistas. Hizo mucho mal ante los ojos del Señor, provocándolo a irab.

Colocó la imagen tallada de Asera1 que él había hecho, en la casaa de la cual el Señor había dicho a David y a su hijo Salomón: «En esta casa y en Jerusalén, que he escogido de entre todas las tribus de Israel, pondré Mi nombre para siempreb.

»Y haré que nunca más los pies de Israel vaguen fuera de la tierra que di a sus padres, con tal de que cuiden de hacer conforme a todo lo que les he mandado, y conforme a toda la ley que Mi siervo Moisés les ordenóa».

Pero ellos…

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Notas al pie

  1. 1O Etiopía.
  2. 1 tierras.
  3. 1 complacencia.
  4. 1 tus días.
  5. 1O gradas, y así en los 10 y 11.
  6. 1O eunucos.
  7. 1 dijo.
  8. 2O verdad.
  9. 1 deidad femenina.
  10. 1 deidad femenina.

Referencias cruzadas

  1. a2 Rey. 19:1–37: Isa. 37:1–38; 2 Crón. 32:20–22
  2. b2 Rey. 18:37
  3. c1 Rey. 21:27
  4. a2 Sam. 3:31
  5. bIsa. 1:1; 2:1
  6. aJos. 14:12; 2 Sam. 16:12
  7. b2 Rey. 18:35
  8. cIsa. 1:9
  9. a2 Rey. 18:17
  10. b2 Rey. 18:22–25, 30–35
  11. a2 Rey. 7:6
  12. b2 Rey. 19:37
  13. aJos. 10:29
  14. b2 Rey. 18:14
  15. a2 Rey. 18:5
  16. b2 Rey. 18:30
  17. a2 Rey. 18:33
  18. b2 Rey. 17:6
  19. cGn. 11:31
  20. dIsa. 37:12
  21. a2 Rey. 18:34
  22. aIsa. 37:14
  23. aEx. 25:22; Isa. 37:16
  24. b2 Rey. 5:15
  25. a1 Rey. 8:29; 2 Crón. 6:40
  26. b2 Rey. 19:4; Sal. 31:2; Isa. 37:17
  27. aIsa. 44:9–20; Hech. 17:29
  28. a1 Rey. 8:42, 43
  29. b2 Rey. 19:15
  30. a2 Rey. 20:5
  31. aJer. 14:17; Lam. 2:13
  32. bSal. 109:25; Mat. 27:39
  33. a2 Rey. 19:4, 6
  34. bIsa. 5:24; 30:11–15
  35. a2 Rey. 18:17
  36. b2 Crón. 26:10; Isa. 10:18
  37. aIsa. 19:6
  38. aIsa. 45:7
  39. bIsa. 10:5
  40. aSal. 129:6
  41. aSal. 139:1
  42. aEzq. 19:9; 29:4
  43. b2 Rey. 19:33, 36
  44. aEx. 3:12; 2 Rey. 20:8, 9
  45. a2 Rey. 19:4; 2 Crón. 32:22, 23
  46. aIsa. 10:20
  47. bIsa. 9:7
  48. aIsa. 8:7–10
  49. a2 Rey. 19:28
  50. a2 Rey. 20:6; Isa. 31:5
  51. b1 Rey. 11:12, 13
  52. a2 Sam. 24:16; 2 Crón. 32:21
  53. a2 Rey. 19:7, 28, 33
  54. bJon. 1:2
  55. a2 Rey. 19:17, 31
  56. bGn. 8:4; Jer. 51:27
  57. cEsd. 4:2
  58. a2 Rey. 20:1–11: Isa. 38:1–8; 2 Crón. 32:24–26
  59. b2 Sam. 17:23
  60. aNeh. 5:19; 13:14, 22, 31
  61. b2 Rey. 18:3–6
  62. c2 Sam. 12:21, 22
  63. a1 Sam. 9:16; 10:1
  64. b2 Rey. 19:20
  65. cSal. 39:12
  66. a2 Rey. 19:34
  67. aIsa. 38:7
  68. aJos. 10:12–14; Isa. 38:8
  69. a2 Rey. 20:12–19: Isa. 39:1–8; 2 Crón. 32:27–31
  70. a2 Crón. 32:27
  71. a2 Rey. 24:13; 25:13–15; 2 Crón. 36:10; Jer. 52:17–19
  72. aDan. 1:3–7
  73. b2 Rey. 24:12; 2 Crón. 33:11
  74. a1 Sam. 3:18
  75. aNeh. 3:16
  76. b2 Crón. 32:32
  77. a2 Crón. 32:33
  78. a2 Rey. 21:1–9: 2 Crón. 33:1–9
  79. aJer. 15:4
  80. b2 Rey. 16:3
  81. a2 Rey. 18:4
  82. b1 Rey. 16:31–33
  83. cDt. 17:2–5; 2 Rey. 17:16; 23:5
  84. a2 Rey. 16:10–16
  85. b2 Sam. 7:13; 1 Rey. 8:29
  86. a2 Rey. 23:4, 5
  87. b1 Rey. 7:12; 2 Rey. 23:12
  88. aLev. 19:26, 31; Dt. 18:10–14
  89. bLev. 18:21; 2 Rey. 16:3; 17:17
  90. aDt. 16:21; 2 Rey. 23:6
  91. b1 Rey. 8:29; 9:3; 2 Crón. 7:12, 16
  92. a2 Sam. 7:10; 2 Rey. 18:11, 12