1º Reyes 22:2–35
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aAl tercer año, Josafat, rey de Judá, descendió a visitar al rey de Israelb.
El rey de Israel dijo a sus siervos: «¿Saben que Ramot de Galaada nos pertenece, y no estamos haciendo nada para quitarla de mano del rey de Aram?».
Y le preguntó a Josafat: «¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad?». Respondió Josafat al rey de Israel: «Yo soy como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballosa».
Josafat dijo además al rey de Israel: «Te ruego que consultes primero1 la palabra del Señor».
Entonces el rey de Israel reunió a los profetasa, unos 400 hombres, y les dijo: «¿Debo ir a pelear contra Ramot de Galaad o debo desistir?». Y ellos respondieron: «Suba porque el Señor la entregará en manos del rey».
Pero Josafat dijo: «¿No queda aún aquí algún profeta del Señor, para que lo consultemosa?».
Y el rey de Israel dijo a Josafat: «Todavía queda un hombre por medio de quien podemos consultar al Señor, pero lo aborrezco, porque no profetiza lo bueno en cuanto a mí, sino lo malo. Es Micaías, hijo de Imla». Pero Josafat dijo: «No hable el rey así».
Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: «Trae pronto a Micaías, hijo de Imla».
El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono, vestidos con sus mantos reales, en la era a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetasa estaban profetizando delante de ellos.
Y Sedequías, hijo de Quenaana, se había hecho unos cuernosa de hierro y decía: «Así dice el Señor: “Con éstos acornearás a los Arameos hasta acabarlosb”».
Y todos los profetas profetizaban así: «Suba a Ramot de Galaad y tendrá éxito, pues el Señor la entregará en manos del rey».
Y el mensajero que fue a llamar a Micaías le dijo: «Mira, las palabras de los profetas son unánimes en favor del rey. Te ruego que tu palabra sea como la palabra de uno de ellos, y que hables favorablemente».
Pero Micaías dijo: «Vive el Señora que lo que el Señor me diga, eso hablaréb».
Cuando llegó al rey, este le dijo: «Micaías, ¿iremos a Ramot de Galaad a pelear, o debemos desistir?». Y él le respondió: «Suba, y tendrá éxito, y el Señor la entregará en manos del reya».
Entonces el rey le dijo: «¿Cuántas veces he de tomarte juramento de que no me digas más que la verdad en el nombre del Señor?».
Micaías respondió:
«Vi a todo Israel
Esparcido por los montes,
Como ovejas sin pastor;
Y el Señor dijo: “Estos no tienen señor,
Que cada uno vuelva a su casa en paza”».
Entonces el rey de Israel dijo a Josafat: «¿No te dije que no profetizaría lo bueno acerca de mí, sino lo maloa?».
Respondió Micaías: «Por tanto, escuche la palabra del Señor. Yo vi al Señor sentado en Su tronoa, y todo el ejército de los cielos estaba junto a Élb, a Su derecha y a Su izquierda.
»Y el Señor dijo: “¿Quién persuadirá a Acab para que suba y caiga en Ramot de Galaad?”. Y uno decía de una manera, y otro de otra.
»Entonces un espíritu se adelantó, y se puso delante del Señor, y dijo: “Yo lo persuadiré”.
»El Señor le preguntó: “¿Cómo?”. Y él respondió: “Saldré y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetasa”. Entonces Él dijo: “Lo persuadirás y también prevalecerás. Ve y hazlo así”.
»Y ahora el Señor ya ha puesto un espíritu de mentira en boca de todos estos sus profetas; pues el Señor ha decretado el mal contra usteda».
Entonces se acercó Sedequías, hijo de Quenaanaa, y golpeó a Micaías en la mejilla y dijo: «¿Cómo es que el Espíritu del Señor pasó de mí para hablarte a tib?».
Respondió Micaías: «Tú mismo lo verás aquel día en que entres en un aposento interior para escondertea».
Entonces el rey de Israel dijo: «Toma a Micaías y llévaselo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey,
y dile: “Así dice el rey: ‘Echen a este a la cárcel, y aliméntenlo con poco pan y poca agua1 hasta que yo vuelva en paza’ ”».
Micaías le respondió: «Si en verdad vuelves en paz, el Señor no ha hablado por mía». Y añadió: «Oigan, pueblos todosb».
El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron contra Ramot de Galaada.
Y el rey de Israel dijo a Josafat: «Yo me disfrazaré para entrar en la batallaa, pero tú ponte tus ropas reales». El rey de Israel se disfrazó y entró en la batalla.
Pero el rey de Aram había ordenado a los treinta y dos capitanes de sus carros, diciendo: «No peleen contra chico ni contra grande, sino solo contra el rey de Israela».
Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: «Ciertamente este es el rey de Israel», y se desviaron para pelear contra él, pero Josafat gritó.
Al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, dejaron de perseguirlo.
Muerte de Acab
Un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre la juntura de la armadura. Y él dijo a su cochero: «Da la vuelta1 y sácame de la batalla, pues estoy gravemente heridoa».
Pero la batalla arreció aquel día, y el rey fue sostenido en su carro frente a los arameos y al atardecer murió. La sangre de la herida corría hasta el fondo del carro.
Footnotes
Cross references
- a1 Rey. 22:2–40: 2 Crón. 18:2–34
- b1 Rey. 15:24
- aDt. 4:43; Jos. 21:38; 1 Rey. 4:13
- a2 Rey. 3:7
- a1 Rey. 18:19
- a2 Rey. 3:11
- a1 Rey. 22:6
- aZac. 1:18–21
- bDt. 33:17
- a1 Rey. 18:10, 15
- bNúm. 22:18; 24:13
- a1 Rey. 22:12
- aNúm. 27:17; 1 Rey. 22:34–36; 2 Crón. 18:16; Mat. 9:36; Mar. 6:34
- a1 Rey. 22:8
- aIsa. 6:1; Ezq. 1:26–28; Dan. 7:9, 10
- bJob 1:6; 2:1; Sal. 103:20, 21; Dan. 7:10; Mat. 18:10; Heb. 1:7, 14
- aJue. 9:23; 1 Sam. 16:14; 18:10; 19:9; Ezq. 14:9; 2 Tes. 2:11
- aEzq. 14:9
- a1 Rey. 22:11; Mat. 5:39; Hech. 23:2, 3
- b2 Crón. 18:23
- a1 Rey. 20:30
- a2 Crón. 16:10; 18:25–27
- aDt. 18:22
- bMiq. 1:2
- a1 Rey. 22:3, 4
- a2 Crón. 35:22
- a1 Rey. 20:1, 16, 24; 2 Crón. 18:30
- a2 Crón. 35:23
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