Logos Bible Study

1º Reyes 19–20

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Elías huye de Jezabel

Acab le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho y cómo1 había matado a espada a todos los profetasa.

Entonces Jezabel envió un mensajero a Elías, diciendo: «Así me hagan los dioses y aun me añadana, si mañana a estas horas yo no he puesto tu vida como la vida de uno de ellos».

Elías tuvo miedo1, y se levantó y se fue para salvar su vida; y vino a Beersebaa de Judá y dejó allí a su criado,

y anduvo por el desierto un día de camino, y vino y se sentó bajo un arbusto1; pidió morirsea y dijo: «Basta ya, Señor, toma mi vida porque yo no soy mejor que mis padres».

Y acostándose bajo el arbusto, se durmió; pero un ángel lo tocóa y le dijo: «Levántate, come».

Entonces vio que en su cabecera había una torta cocida sobre piedras calientes y una vasija de agua. Comió y bebió, y volvió a acostarse.

El ángel del Señor volvió por segunda vez, lo tocó y le dijo: «Levántate, come, porque es muy largo el camino para ti».

Se levantó, pues, y comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta nochesa hasta Horeb, el monte de Diosb.

Elías se encuentra con Dios

Allí entró en una cueva y pasó en ella la noche; y vino a él la palabra del Señora, y Él le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?».

Y él respondió: «He tenido mucho celo por el Señora, Dios de los ejércitos; porque los israelitas han abandonado Tu pacto, han derribado Tus altares y han matado a espada a Tus profetas. He quedado yo solob y buscan mi vida para quitármelac».

Entonces el Señor le dijo: «Sal y ponte en el monte delante del Señora». En ese momento el Señor pasaba, y un grande y poderoso vientob destrozaba los montes y quebraba las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto.

Después del terremoto, un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego, el susurro de una brisa apaciblea.

Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostroa con su manto, y salió y se puso a la entrada de la cueva. Y una voz vino a él y le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elíasb?».

Entonces él respondió: «He tenido mucho celo por el Señor, Dios de los ejércitos; porque los israelitas han abandonado Tu pacto, han derribado Tus altares y han matado a espada a Tus profetas. He quedado yo solo y buscan mi vida para quitármelaa».

Y el Señor le dijo: «Ve, regresa por tu camino al desierto de Damasco y cuando hayas llegado, ungirás a Hazaela por rey sobre Aram;

y a Jehú, hijo de Nimsia, ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo, hijo de Safatb de Abel Mehola, ungirás por profeta en tu lugar.

»Al que escape de la espada de Hazaela, Jehú lo mataráb, y al que escape de la espada de Jehú, Eliseo lo matará.

»Pero dejaré 7,000 en Israel, todas las rodillas que no se han doblado ante Baala y toda boca que no lo ha besadob».

Llamamiento de Eliseo

Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas de bueyes delante de él, y él estaba con la última. Elías pasó adonde él estaba y le echó su manto encimaa.

Dejando él los bueyes, corrió tras Elías, y dijo: «Permítame besar a mi padre y a mi madre, entonces lo seguiréa». Y él le dijo: «Ve, vuélvete, pues, ¿qué te he hecho yo?».

Entonces se volvió, dejando de seguirlo, tomó un par de bueyes y los sacrificó, y con los aparejos de los bueyes coció su carnea, y la dio a la gente y ellos comieron. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.

Guerra contra Ben Adad

Entonces Ben Adad, rey de Arama, reunió todo su ejército, y tenía con él treinta y dos reyes con caballos y carrosb; y subió, sitió a Samariac y peleó contra ella.

Envió mensajeros a la ciudad, a Acab, rey de Israel, diciéndole: «Así dice Ben Adad:

“Tu plata y tu oro son míos; míos son también tus mujeres y tus hijos más hermosos”».

El rey de Israel le respondió: «Sea conforme a tu palabra, oh rey, señor mío; tuyo soy yo y todo lo que tengo».

Después volvieron los mensajeros y dijeron: «Así dice Ben Adad: “Por cierto que envié a decirte: ‘Me darás tu plata, tu oro, tus mujeres y tus hijos’

”Pero mañana como a esta hora te enviaré mis siervos, y registrarán tu casa y las casas de tus siervos; y todo lo que sea agradable a tus ojos lo tomarán en su mano y se lo llevarán”».

El rey de Israel llamó a todos los ancianos del país, y les dijo: «Miren cómo este solo busca hacer dañoa; pues él envió a pedirme mis mujeres, mis hijos, mi plata y mi oro, y no se los negué».

Y todos los ancianos y todo el pueblo le dijeron: «No escuche ni consienta».

Entonces él respondió a los mensajeros de Ben Adad: «Digan a mi señor el rey: “Haré todo lo que mandaste a tu siervo la primera vez, pero esto otro no lo puedo hacer”». Se fueron los mensajeros y le llevaron la respuesta.

Y Ben Adad envió a decirle: «Así me hagan los dioses y aun me añadana, si el polvo de Samaria bastará para llenar las manos de todo el pueblo que me sigue».

Respondió el rey de Israel: «Díganle: “No se jactea el que se pone las armas como el que se las quita”».

Cuando Ben Adad oyó esta palabra, estaba bebiendoa con1 los reyes en las tiendas, y dijo a sus siervos: «Tomen posiciones». Y tomaron posiciones contra la ciudad.

Y un profeta se acercó a Acab, rey de Israel, y le dijo: «Así dice el Señor: “¿Has visto toda esta gran multitud? Hoy la entregaré en tu mano, y sabrás que Yo soy el Señora”».

Acab le preguntó: «¿Por medio de quién?». Y él dijo: «Así dice el Señor: “Por medio de los jóvenes de los jefes de las provincias”». Entonces Acab dijo: «¿Quién comenzará1 la batalla?». Y él respondió: «Tú».

Entonces pasó revista a los jóvenes de los jefes de las provincias y eran 232; después de ellos, pasó revista a todo el pueblo, es decir, todos los israelitas, 7,000.

Salieron al mediodía, mientras Ben Adad estaba bebiendo hasta emborracharse en las tiendasa junto con1 los treinta y dos reyes que lo ayudaban.

Los jóvenes de los jefes de las provincias salieron primero; y envió Ben Adad mensajeros que le avisaron, diciendo: «Han salido hombres de Samaria».

Entonces dijo: «Si en paz han salido, préndanlos vivos; o si en guerra han salido, préndanlos vivosa».

Salieron, pues, aquellos de la ciudad, los jóvenes de los jefes de las provincias y el ejército que los seguía.

Y mató cada uno a su hombre; los arameos huyeron e Israel los persiguió, y Ben Adad, rey de Aram, escapó a caballo con algunos jinetes.

El rey de Israel salió y atacó los caballos y los carros, y derrotó a los arameos causándoles gran matanza.

Entonces el profeta se acercó al rey de Israela, y le dijo: «Vaya, fortalézcase, y entienda bien lo que tiene que hacer; porque a la vuelta del añob el rey de Aram subirá contra usted».

Y los siervos del rey de Aram le dijeron: «Sus dioses son dioses de los montesa, por eso fueron más fuertes que nosotros; mejor peleemos contra ellos en la llanura, pues ¿no seremos más fuertes que ellos?

»Haga, pues, esto: quite a los reyes, cada uno de su puesto, y ponga capitanes en su lugar.

»Aliste un ejército como el ejército que perdió, caballo por caballo y carro por carro. Entonces pelearemos contra ellos en la llanura, pues ¿no seremos más fuertes que ellos?». Él escuchó su consejo1 y lo hizo así.

A la vuelta del añoa, Ben Adad alistó a los arameos y subió a Afecb para pelear contra Israel.

Y los israelitas fueron alistados y provistos de raciones, y salieron a su encuentro. Los israelitas acamparon delante de ellos como dos rebaños pequeños de cabras pero los arameos llenaban la tierraa.

Entonces un hombre de Diosa se acercó y habló al rey de Israel, y dijo: «Así dice el Señor: “Porque los arameos han dicho: ‘El Señor es un dios de los montesb, pero no es un dios de los valles; por tanto, entregaré a toda esta gran multitud en tu mano, y sabrás que Yo soy el Señorc’ ”».

Acamparon unos frente a otros por siete días. Al séptimo día comenzó la batalla, y los israelitas mataron de los arameos a 100,000 hombres de a pie en un solo día.

Los demás huyeron a Afeca, a la ciudad, y el muro cayó sobre los 27,000 hombres que quedaban. También Ben Adad huyó y se refugió en la ciudad en un aposento interiorb.

Y sus siervos le dijerona: «Hemos oído que los reyes de la casa de Israel son reyes misericordiosos; le rogamos que nos deje poner cilicio en nuestros lomosb y cuerdas sobre nuestras cabezas, y salgamos al rey de Israel; quizás él salve su vida».

Se ciñeron cilicio en sus lomos, pusieron cuerdas sobre sus cabezas y vinieron al rey de Israela, y dijeron: «Su siervo Ben Adadb dice: “Te ruego que me perdones la vida”». Y él dijo: «¿Vive todavía? Es mi hermano».

Y los hombres tomaron esto como señal1, y tomando de él la palabra prestamente dijeron: «Tu hermano Ben Adad vive». Y él dijo: «Vayan y tráiganlo». Entonces Ben Adad salió a él, y él le hizo subir en el carro.

Y Ben Adada le dijo al rey: «Devolveré las ciudades que mi padre tomó de tu padre, y te harás calles en Damasco, como mi padre hizo en Samaria. “Y yo”, dijo Acab, con este pacto te dejaré ir». Hizo, pues, pacto con él y lo dejó ir.

Y cierto hombre de los hijos de los profetasa dijo a otro por palabra del Señorb: «Te ruego que me hieras». Pero el hombre se negó a herirlo.

Entonces le dijo: «Porque no has atendido a la voz del Señor, tan pronto como te apartes de mí, un león te mataráa». Y tan pronto se apartó de él, un león lo encontró y lo mató.

Entonces halló a otro hombre y le dijo: «Te ruego que me hieras». Y el hombre le dio un golpe, hiriéndolo.

Y el profeta se fue y esperó al rey en el camino; se había disfrazadoa con una venda sobre los ojos.

Cuando el rey pasaba, clamó al rey y dijo: «Su siervo fue al centro de la batalla; y allí, un hombre se apartó de las filas y me trajo a uno, y me dijo: “Guarda a este hombre; si por alguna razón llega a faltar, entonces tu vida responderá por su vidaa o pagarás 34 kilos de plata”.

»Mientras su siervo estaba ocupado aquí y allá, él desapareció». Y el rey de Israel le dijo: «Así será tu sentencia; tú mismo lo has decidido».

Entonces él se apresuró a quitarse la venda de los ojos, y el rey…

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Footnotes

  1. 1Así en algunas versiones antiguas; en el , y todo lo que.
  2. 1Así en muchos ; en el , Y él vio.
  3. 1O una retama o enebro.
  4. 1 él y.
  5. 1 ligará.
  6. 1 él y.
  7. 1 voz.
  8. 1 adivinaron.

Cross references

  1. a1 Rey. 18:40
  2. aRut 1:17; 1 Rey. 20:10; 2 Rey. 6:31
  3. aGn. 21:31
  4. aNúm. 11:15; Jer. 20:14–18; Jon. 4:3, 8
  5. aGn. 28:12
  6. aEx. 24:18; 34:28; Dt. 9:9–11, 18; Mat. 4:2
  7. bEx. 3:1; 4:27
  8. aEx. 33:21, 22
  9. aEx. 20:5; 34:14
  10. b1 Rey. 18:22
  11. cRom. 11:3, 4
  12. aEx. 19:20; 24:12, 18
  13. bEzq. 1:4
  14. aJob 4:16; Zac. 4:6
  15. aEx. 3:6
  16. b1 Rey. 19:9
  17. a1 Rey. 19:10
  18. a2 Rey. 8:8–15
  19. a2 Rey. 9:1–10
  20. b1 Rey. 19:19–21; 2 Rey. 2:9, 15
  21. a2 Rey. 8:12; 13:3, 22
  22. b2 Rey. 9:14–10:25
  23. aRom. 11:4
  24. bOs. 13:2
  25. a1 Sam. 28:14; 2 Rey. 2:8, 13, 14
  26. aMat. 8:21, 22; Luc. 9:61, 62; Hech. 20:37
  27. a2 Sam. 24:22
  28. a1 Rey. 15:18, 20; 2 Rey. 6:24
  29. b1 Rey. 22:31
  30. c1 Rey. 16:24; 2 Rey. 6:24
  31. a2 Rey. 5:7
  32. a1 Rey. 19:2; 2 Rey. 6:31
  33. aPrv. 27:1
  34. a1 Rey. 16:9; Prv. 31:4, 5
  35. a1 Rey. 18:36; 20:28
  36. a1 Rey. 16:9; 20:12; Prv. 20:1
  37. a2 Rey. 14:8–12
  38. a1 Rey. 20:13
  39. b2 Sam. 11:1; 1 Rey. 20:26
  40. a1 Rey. 14:23; Jer. 16:19–21; Rom. 1:21–23
  41. a1 Rey. 20:22
  42. b2 Rey. 13:17
  43. aJue. 6:3–5; 1 Sam. 13:5–8
  44. a1 Rey. 17:18
  45. b1 Rey. 20:23
  46. c1 Rey. 20:13
  47. a1 Rey. 20:26
  48. b1 Rey. 22:25; 2 Crón. 18:24
  49. a1 Rey. 20:23–26
  50. bGn. 37:34; 2 Sam. 3:31
  51. a1 Rey. 20:31
  52. b1 Rey. 20:3–6
  53. a1 Rey. 15:20
  54. a2 Rey. 2:3–7
  55. b1 Rey. 13:17, 18
  56. a1 Rey. 13:24
  57. a1 Rey. 14:2
  58. a2 Rey. 10:24