Lucas 22:21–71
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»aPero, vean, la mano del que me entrega está junto a Mí en la mesa.
»Porque en verdad, el Hijo del Hombre va según se ha determinadoa; pero ¡ay de aquel hombre por quien Él es entregado!».
Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer esto.
Los discípulos discuten sobre quién es el mayor
Surgió también entre ellos una discusión, sobre cuál de ellos debía ser considerado como el mayora.
aY Jesús les dijo: «Los reyes de los gentiles se enseñorean de ellos; y los que tienen autoridad sobre ellos son llamados bienhechores.
»Pero no es así con ustedes; antes, el mayor entre ustedes hágase como el menor1a, y el que dirige como el que sirveb.
»Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta1 a la mesa, o el que sirvea? ¿No lo es el que se sienta1 a la mesa? Sin embargo, entre ustedes Yo soy como el que sirveb.
»Ustedes son los que han permanecido junto a Mí en Mis pruebasa;
y así como Mi Padre me ha otorgado un reinoa, Yo les otorgo
que comana y beban a Mi mesa en Mi reinob; y se sentarán en tronos juzgando a las doce tribus de Israelc.
Jesús predice la negación de Pedro
»Simón, Simón, mira que Satanás los ha reclamado a ustedesa para zarandearlosb como a trigo;
pero Yo he rogado por tia para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanosb».
aY Pedro le dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir adonde vayas, tanto a la cárcel como a la muerte»
Pero Jesús le dijo: «Te digo, Pedro, que el gallo no cantará hoy hasta que tú hayas negado tres veces que me conoces».
Bolsa, alforja y espada
Y Él les dijo a todos: «Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandaliasa, ¿acaso les faltó algo?». «No, nada», contestaron ellos.
Entonces les dijo: «Pero ahora, el que tenga una bolsa, que la lleve consigo, de la misma manera también una alforja, y el que no tenga espada, venda su manto y compre una.
»Porque les digo que es necesario que en Mí se cumpla esto que está escrito: “Y con los transgresores fue contadoa”; pues ciertamente, lo que se refiereb a Mí, tiene su cumplimiento».
Y ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadasa». «Es suficiente», les respondió.
Jesús en Getsemaní
Saliendo Jesús, se encaminó, como de costumbrea, hacia el monte de los Olivosb; y los discípulos también lo siguieron.
aCuando llegó al lugar, les dijo: «Oren para que no entren en tentaciónb».
Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillasa, oraba,
diciendo: «Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copaa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuyab».
Entonces se apareció un ángel del cielo, que lo fortalecíaa.
Y estando en agonía, oraba con mucho fervora; y Su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra.
Cuando se levantó de orar, fue a los discípulos y los halló dormidos a causa de la tristeza,
y les dijo: «¿Por qué duermen? Levántense y oren para que no entren en tentacióna».
Arresto de Jesús
aMientras todavía estaba Él hablando, llegó una multitud, y el que se llamaba Judas, uno de los doce apóstoles, iba delante de ellos, y se acercó para besar a Jesús.
Pero Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?».
Cuando los que rodeaban a Jesús vieron lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿heriremos a espadaa?»
Y uno de ellos hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó1 la oreja derecha.
Pero Jesús dijo: «¡Deténganse! Basta de esto». Y1 tocando la oreja al siervo, lo sanó.
Entonces Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los oficiales del temploa y a los ancianos que habían venido contra Él: «¿Cómo contra un ladrón han salido con espadas y palosb?
»Cuando estaba con ustedes cada día en el templo, no me echaron mano; pero esta hora y el poder de las tinieblas son de ustedes1».
La negación de Pedro
Después de arrestar a Jesús, se lo llevaron y lo condujeron a la casa del sumo sacerdotea; y Pedrolos seguía de lejosb.
aDespués que encendieron una hoguera en medio del patio, y de sentarse juntos, Pedro se sentó entre ellosb.
Una sirvienta, al verlo sentado junto a la lumbre, fijándose en él detenidamente, dijo: «También este estaba con Él»
Pero él lo negó, diciendo: «Mujer, yo no lo conozco»
Un poco después, otro al verlo, dijo: «¡Tú también eres uno de ellosa!». «¡Hombre, no es cierto1!», le dijo Pedro.
Pasada como una hora, otro insistía, diciendo: «Ciertamente este también estaba con Él, pues él también es galileoa»
Pero Pedro dijo: «Hombre, yo no sé de qué hablas». Al instante, estando él todavía hablando, cantó un gallo.
El Señora se volvió y miró a Pedro. Entonces Pedro recordó la palabra del Señor, de cómo le había dicho: «Antes que el gallo cante hoy, me negarás tres vecesb».
Y saliendo fuera, lloró amargamente.
Jesús escarnecido
Los hombres que tenían a Jesús bajo custodia, se burlaban de Él y lo golpeabana;
Le vendaron los ojos, y le preguntaban: «Adivina1, ¿quién es el que te ha golpeadoa?»
También decían muchas otras cosas contra Él, blasfemandoa.
Jesús ante el Concilio
Cuando se hizo de día, se reunió el Concilio1 de los ancianosa del pueblo, tanto los principales sacerdotes como los escribas, y llevaron a Jesúsb ante su Concilioc, diciendo:
«Si Tú eres el Cristo1a, dínoslo». Pero Él les dijo: «Si se los digo, no creerán;
y si les pregunto, no responderán.
“Pero de ahora en adelante, el Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Diosa.”
Dijeron todos: «Entonces, ¿Tú eres el Hijo de Diosa?». «Ustedes dicen que Yo soyb», les respondió Jesús.
Y ellos dijeron: «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonio? Pues nosotros mismos lo hemos oído de Su propia boca»
Footnotes
Cross references
- aLuc. 22:21–23: Mat. 26:21–24; Mar. 14:18–21; Sal. 41:9; Juan 13:18, 21, 22, 26
- aHech. 2:23; 4:28; 10:42; 17:31
- aMar. 9:34; Luc. 9:46
- aLuc. 22:25–27: Mat. 20:25–28; Mar. 10:42–45
- aMat. 23:11; Mar. 9:35; 1Ped. 5:5
- bLuc. 9:48
- aLuc. 12:37
- bMat. 20:28; Juan 13:12–15
- aHeb. 2:18; 4:15
- aMat. 5:3; 2Tim. 2:12
- aLuc. 22:16
- bMat. 5:3; 2Tim. 2:12
- cMat. 19:28
- aJob 1:6–12; 2:1–6; Mat. 4:10
- bAmós 9:9
- aJuan 17:9, 15
- bJuan 21:15–17
- aLuc. 22:33, 34: Mat. 26:33–35; Mar. 14:29–31; Juan 13:37, 38
- aMat. 10:9, 10; Mar. 6:8; Luc. 9:3 y ; 10:4
- aIsa. 53:12
- bJuan 17:4; 19:30
- aLuc. 22:36, 49
- aLuc. 21:37
- bMat. 21:1; 26:30; Mar. 14:26; Juan 18:1
- aLuc. 22:40–46: Mat. 26:36–46; Mar. 14:32–42
- bMat. 6:13; Luc. 22:46
- aMat. 26:39; Mar. 14:35; Luc. 18:11
- aMat. 20:22
- bMat. 26:39
- aMat. 4:11
- aHeb. 5:7
- aLuc. 22:40
- aLuc. 22:47–53: Mat 26:47–56; Mar 14:43–50; Juan 18:3–11
- aLuc. 22:38
- aLuc. 22:4
- bLuc. 22:37
- aMat. 26:57; Mar. 14:53
- bMat. 26:58; Mar. 14:54; Juan 18:15
- aLuc. 22:55–62: Mat. 26:69–75; Mar. 14:66–72; Juan 18:16–18, 25–27
- bMat. 26:3
- aJuan 18:26
- aMat. 26:73; Mar. 14:70
- aLuc. 7:13
- bLuc. 22:34
- aMat. 26:67, 68; Mar. 14:65; Juan 18:22, 23
- aMat. 26:68; Mar. 14:65
- aMat. 27:39
- aHech. 22:5
- bMat. 27:1, 2; Mar. 15:1; Juan 18:28
- cMat. 5:22
- aMat. 26:63–66; Mar. 14:61–63; Luc. 22:67–71; Juan 18:19–21
- aSal. 110:1; Mat. 26:64; Mar. 14:62; 16:19; Hech. 7:55, 56; Rom. 8:34; Ef. 1:20; Col. 3:1
- aMat. 4:3
- bMat. 26:64; 27:11; Luc. 23:3
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