Hechos de los Apóstoles 16:25–34
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Conversión del carcelero
Como a medianoche, Pablo y Silasa oraban y cantabanb himnos a Dios, y los presos los escuchaban.
De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidosa. Al instante se abrieron todas las puertasb y las cadenas de todos se soltaronc.
Al despertar el carceleroa y ver abiertas todas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se iba a matarb, creyendo que los prisioneros se habían escapado.
Pero Pablo clamó a gran voz, diciendo: «No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí»
Entonces él pidió luz y se precipitó adentro, y temblando, se postró ante Pablo y Silasa,
y después de sacarlos, dijo: «Señores, ¿qué debo hacera para ser salvo?».
Ellos respondieron: «Cree en el Señor Jesús, y serás salvoa, tú y toda tu casab».
Y le hablaron la palabra del Señor1 a él y a todos los que estaban en su casa.
El carcelero los tomó en aquella misma hora de la nochea y les lavó las heridas, y enseguida fue bautizado con todos los suyos.
Llevándolos a su hogar, les dio de comer1, y se regocijó grandemente por haber creído en Dios con todos los suyos2a.
Footnotes
Cross references
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