Estudio bíblico Logos

Lucas 7:1–35

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Jesús sana al siervo del centurión

Cuando Jesús terminó todas sus palabrasa al pueblo que le oía1, bse fue a Capernaúm.

2Y el siervo de cierto centurión, a quien este apreciaba mucho1, estaba enfermo y a punto de morir.

3Al oír hablar de Jesús, el centurióna envió a Él unos ancianos de los judíos, pidiéndole que viniera y salvara1 a su siervo.

4Cuando ellos llegaron a Jesús, le rogaron con insistencia, diciendo: El centurión es digno de que le concedas esto;

5porque él ama a nuestro pueblo1 y fue él quien nos edificó la sinagoga.

6Jesús iba con ellos, pero cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurión envió a unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes más, porque no soy digno de que entres bajo mi techo;

7por eso ni siquiera me consideré digno de ir a ti, tan solo di la1 palabra y mi siervo2 será sanado.

8Pues yo también soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a este: «Ve», y va; y a otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace.

9Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la multitud que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado una fe tan grandea.

10Y cuando los que habían sido enviados regresaron a la casa, encontraron sano al siervo.

Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín

11Aconteció poco después1 que Jesús fue a una ciudad llamada Naín; y sus discípulos iban con Él acompañados por2 una gran multitud.

12Y cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, he aquí, sacaban fuera a un muerto, hijo único de su madre, y ella era viuda; y un grupo numeroso de la ciudad estaba con ella.

13Al verla, el Señora tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores.

14Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús dijo: Joven, a ti te digo: ¡Levántate!

15El que había muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

16El temor se apoderó de todosa, y glorificaban a Diosb, diciendo: Un gran profetac ha surgido entre nosotros, y: Dios ha visitado a su pueblo.

17Y este dicho que se decía de Él, se divulgó por toda Judea y por toda la región circunvecinaa.

Jesús y los discípulos de Juan

18aEntonces los discípulos de Juan le informaron de todas estas cosas.

19Y llamando Juan a dos1 de sus discípulos, los envió al Señora, diciendo: ¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro2?

20Cuando los hombres llegaron a Él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, diciendo: «¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro?».

21En esa misma hora curó a muchos de enfermedadesa y afliccionesb, y malos espíritus, y a muchos ciegos les dio la vista.

22Y respondiendo Él, les dijo: Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos reciben la vista, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelioa.

23Y bienaventurado es el que no se escandaliza de mí.

Jesús habla de Juan el Bautista

24Cuando los mensajeros de Juan se fueron, Jesús comenzó a hablar a las multitudes acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?

25Mas, ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que visten con esplendor y viven en deleites están en los palacios de los reyes.

26Pero, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y uno que es más que un profeta.

27Este es aquel de quien está escrito:

«He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz,

quien preparará tu camino delante de tia».

28Os digo que entre los nacidos de mujer1, no hay nadie mayor que Juan; sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.

29Cuando todo el pueblo y los recaudadores de impuestos1 le oyeron, reconocieron la justiciaa de Dios2, siendo bautizadosb con el bautismo de Juanc.

30Pero los fariseos y los intérpretes de la ley1a rechazaron los propósitos de Dios para con ellos, al no ser bautizados por Juan2.

31¿A qué, entonces, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?

32Son semejantes a los muchachos que se sientan en la plaza y se llaman unos a otros, y dicen: «Os tocamos la flauta, y no bailasteis; entonamos endechas, y no llorasteis».

33Porque ha venido Juan el Bautista, que no come pan, ni bebe vinoa, y vosotros decís: «Tiene un demonio».

34Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad, un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores».

35Pero1 la sabiduría es justificadaa por todos sus hijos.

Leer en Logos

Notas al pie

  1. 1, a oídos del pueblo
  2. 1, para quien él era honorable
  3. 1O, sanara
  4. 1O, nuestra nación
  5. 1, mas habla con una
  6. 2, muchacho
  7. 1Algunos dicen: al día siguiente
  8. 2, y
  9. 1, ciertos dos
  10. 2Algunos de los más antiguos dicen: uno diferente
  11. 1, mujeres
  12. 1O, publicanos; i.e., los que explotaban la recaudación de los impuestos romanos, y así en el vers. 34
  13. 2O, justificaron a Dios
  14. 1I.e., expertos en la ley de Moisés
  15. 2, él
  16. 1, Y

Referencias cruzadas

  1. aMat. 7:28
  2. bLuc. 7:1–10; Mat. 8:5–13
  3. aMat. 8:5
  4. aMat. 8:10; Luc. 7:50
  5. aLuc. 7:19; 10:1; 11:1, 39; 12:42; 13:15; 17:5, 6; 18:6; 19:8; 22:61; 24:34; Juan 4:1; 6:23; 11:2
  6. aLuc. 5:26
  7. bMat. 9:8
  8. cMat. 21:11; Luc. 7:39
  9. aMat. 9:26
  10. aLuc. 7:18–35; Mat. 11:2–19
  11. aLuc. 7:13; 10:1; 11:1, 39; 12:42; 13:15; 17:5, 6; 18:6; 19:8; 22:61; 24:34; Juan 4:1; 6:23; 11:2
  12. aMat. 4:23
  13. bMar. 3:10
  14. aIsa. 35:5; 61:1
  15. aMal. 3:1; Mat. 11:10; Mar. 1:2
  16. aLuc. 7:35
  17. bMat. 21:32; Luc. 3:12
  18. cHech. 18:25; 19:3
  19. aMat. 22:35
  20. aLuc. 1:15
  21. aLuc. 7:29