Estudio bíblico Logos

Juan 8:2–20

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2Y al amanecer, vino otra vez al templo, y todo el pueblo venía a Él; y sentándose, les enseñabaa.

3Los escribas y los fariseos trajeron* a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio,

4le dijeron*: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio.

5Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeresa; ¿tú, pues, qué dices?

6Decían esto, probándolea, para tener de qué acusarleb. Pero Jesús se inclinó y con el dedo escribía en la tierra.

7Pero como insistían en preguntarle, Jesús se enderezóa y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primerob en tirarle una piedrac.

8E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.

9Pero al oír ellos esto, se fueron retirando uno a uno comenzando por los de mayor edad, y dejaron solo a Jesús y a la mujer que estaba en medio.

10Enderezándosea Jesús, le dijo: Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te ha condenado?

11Y ella respondió: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Yo tampoco te condenoa. Vete; desde ahora no peques másb.

Jesús, la luz del mundo

12Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundoa; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luzb de la vida.

13Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero1a.

14Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonioa de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque yo sé de dónde he venido y adónde voyb; pero vosotros no sabéis de dónde vengoc ni adónde voy.

15Vosotros juzgáis según la carne1a; yo no juzgo a nadieb.

16Pero si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el Padre que1 me envióa.

17Aun en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero1a.

18Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mía.

19Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Jesús respondió: No me conocéis a mí ni a mi Padre. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padrea.

20Estas palabras las pronunció en el lugar del tesoroa, cuando enseñaba en el templob; y nadie le prendió, porque todavía no había llegado su horac.

Leer en Logos
Juan 8:11: “NINGUNO, SEÑOR,” RESPONDIÓ ELLA. ENTONCES JESÚS LE DIJO: “YO TAMPOCO TE CONDENO. VETE; Y DESDE AHORA NO PEQUES MÁS.”

Notas al pie

  1. 1O, válido
  2. 1I.e., según un criterio carnal
  3. 1Algunos antiguos dicen: yo y el que
  4. 1O, válido

Referencias cruzadas

  1. aMat. 26:55; Juan 8:20
  2. aLev. 20:10; Deut. 22:22, 23
  3. aMat. 16:1; 19:3; 22:18, 35; Mar. 8:11; 10:2; 12:15; Luc. 10:25; 11:16
  4. bMar. 3:2
  5. aJuan 8:10
  6. bDeut. 17:7
  7. cMat. 7:1; Rom. 2:1
  8. aJuan 8:7
  9. aJuan 3:17
  10. bJuan 5:14
  11. aJuan 1:4; 9:5; 12:35
  12. bMat. 5:14
  13. aJuan 5:31
  14. aJuan 18:37; Apoc. 1:5; 3:14
  15. bJuan 8:42; 13:3; 16:28
  16. cJuan 7:28; 9:29
  17. a1 Sam. 16:7; Juan 7:24
  18. bJuan 3:17
  19. aJuan 5:30
  20. aDeut. 17:6; 19:15; Mat. 18:16
  21. aJuan 5:37; 1 Jn. 5:9
  22. aJuan 7:28; 8:55; 14:7, 9; 16:3
  23. aMar. 12:41, 43; Luc. 21:1
  24. bJuan 7:14; Juan 8:2
  25. cJuan 7:30