Hechos de los Apóstoles 3–6
La Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Greek
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
Capitulo 3
Curación de un cojo
Y cierto día Pedro y Juana subían al templo a la hora novena1, la de la oraciónb.
2Y había un hombre, cojo desde su nacimiento1a, al que llevaban y ponían diariamente a la puertab del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosnac a los que entraban al templo.
3Este, viendo a Pedro y a Juana que iban a entrar al templo, les pedía limosna.
4Entonces Pedro, junto con Juan, fijando su vistaa en él, le dijo: ¡Míranos!
5Y él los miró atentamente1, esperando recibir algo de ellos.
6Pero Pedro dijo: No tengo plata ni oro, mas lo que tengo, te doy: en el nombre de Jesucristo el Nazarenoa, ¡anda1!
7Y asiéndolo de la mano derecha, lo levantó; al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza,
8y de un salto1 se puso en pie y andabaa. Entró al templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios.
9Todo el pueblo lo vio andar y alabar a Diosa,
10y reconocieron que era el mismo que se sentaba a la puerta del templo, la Hermosa, a pedir limosnaa, y se llenaron de asombro y admiración por lo que le había sucedido.
Segundo sermón de Pedro
11Y estando él asido de Pedro y de Juana, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió al pórtico llamado de Salomónb, donde ellos estaban.
12Al ver esto Pedro, dijo al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto, o por qué nos miráis así, como si por nuestro propio poder o piedad le hubiéramos hecho andar?
13El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacoba, el Dios de nuestros padresb, ha glorificado a su siervo1 Jesúsc, al que vosotros entregasteisd y repudiasteis en presencia de Pilatoe, cuando este había resuelto ponerle en libertadf.
14Mas vosotros repudiasteis al Santo y Justoa, y pedisteis que se os concediera un asesinob,
15y disteis muerte al Autor1a de la vida, al que Dios resucitó de entre los muertosb, de lo cual nosotros somos testigosc.
16Y por la fe en su nombrea, es el nombre de Jesús1 lo que ha fortalecido a este hombre a quien veis y conocéis; y la fe que viene por medio de Él, le ha dado esta perfecta sanidad en presencia de todos vosotros.
17Y ahora, hermanos, yo sé que obrasteis por ignoranciaa, lo mismo que vuestros gobernantesb.
18Pero Dios ha cumplido así lo que anunció de antemanoa por boca de todos los profetas: que su Cristo1 debería padecerb.
19Por tanto, arrepentíosa y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señorb,
20y Él envíe a Jesús, el Cristo1 designado de antemano para vosotros,
21a quien el cielo debe recibir1a hasta el día2 de la restauración de todas las cosasb, acerca de lo cual Dios habló por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguosc.
22Moisés dijo: El Señor Dios os levantará un profeta como yo1 de vuestros hermanos; a Él prestareis atención en todo cuanto os digaa.
23Y sucederá que todo el que1a no preste atención a aquel profeta, será totalmente destruido de entre el pueblo.
24Y asimismo todos los profetasa que han hablado desde Samuel y sus sucesores en adelante, también anunciaron estos días.
25Vosotros sois los hijos de los profetasa y del pacto que Dios hizo1 con vuestros padresb, al decir a Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierrac.
26Para vosotros en primer lugara, Dios, habiendo resucitadob a su Siervo1, le ha enviadoc para que os bendiga, a fin de apartar a cada uno de vosotros de vuestras iniquidades.
Capitulo 4
Arresto de Pedro y Juan
Mientras ellos hablaban al pueblo, se les echaron encimaa los sacerdotes, el capitán de la guardia del templob, y los saduceosc,
2indignados porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en1 Jesús la resurrección de entre los muertosa.
3Les echaron mano, y los pusieron en la cárcela hasta el día siguiente, pues ya era tarde.
4Pero muchos de los que habían oído el mensaje1 creyeron, llegando el número de los hombres como a cinco mila.
Pedro y Juan ante el concilio
5Y sucedió que al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus gobernantes, ancianosa y escribas;
6estaban allí el sumo sacerdote Anás, Caifása, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes.
7Y habiéndolos puesto en medio de ellos, les interrogaban: ¿Con qué poder1, o en qué nombre, habéis hecho esto?
8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santoa, les dijo: Gobernantes y ancianosb del pueblo1,
9si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera1 este ha sido sanado2a,
10sabed todos vosotros, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazarenoa, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertosb, por Él1, este hombre se halla aquí sano delante de vosotros.
11Este Jesúsa es la piedrab desechadac por vosotros los constructores, pero que ha venido a ser la piedra angular1.
12Y en ningún otroa hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser1 salvos.
Amenazados y puestos en libertad
13Al ver la confianzaa de Pedro y de Juanb, y dándose cuenta de que eran hombres sin letras y sin preparaciónc, se maravillaban, y reconocían que ellos habían estado con Jesús.
14Y viendo junto a ellos de pie al hombre que había sido sanado, no tenían nada que decir en contra.
15Pero habiéndoles ordenado salir fuera del concilio1a, deliberaban entre sí,
16diciendo: ¿Qué haremosa con estos hombres? Porque el hecho de que un milagro1 notable ha sido realizado por medio de ellosb es evidente a todos los que viven en Jerusalén, y no podemos negarlo.
17Mas a fin de que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen más a hombre alguno en este nombrea.
18Cuando los llamaron, les ordenaron no hablar ni enseñar en el nombre de Jesúsa.
19Mas respondiendo Pedro y Juana, les dijeron: Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Diosb;
20porque nosotros no podemos dejar de decira lo que hemos visto y oído.
21Y ellos, después de amenazarlos otra vez, los dejaron ir (no hallando la manera de castigarlos) por causa del puebloa, porque todos glorificaban a Diosb por lo que había acontecido;
22porque el hombre en quien se había realizado este milagro1 de sanidad tenía más de cuarenta años.
Oración de la iglesia
23Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
24Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh, Señor1, tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos haya,
25el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre Davida, tu siervo, dijiste:
¿bPor que se enfurecieron los gentiles1,
y los pueblos tramaron cosas vanas?
26Se presentaron los reyes de la tierra,
y los gobernantes se juntaron a una
contra el Señor y contra su Cristo1a.
27Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodesa como Poncio Pilatob, juntamente con los gentiles1c y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo2 Jesúsd, a quien tú ungiste,
28para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucedieraa.
29Y ahora1, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianzaa,
30mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales1 y prodigiosa mediante el nombre de tu santo siervo2 Jesúsb.
31Después que oraron, el lugar donde estaban reunidosa tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santob y hablaban la palabra de Dios con valorc.
Todas las cosas en común
32La congregación1 de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad comúna.
33Con gran poder los apóstoles daban testimonioa de la resurrección del Señor Jesús1b, y abundante gracia había sobre todos ellos.
34No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casasa las vendían, traían el precio de lo vendido,
35y lo depositaban a los pies de los apóstolesa, y se distribuía a cada uno según su necesidadb.
36Y José, un levita natural de Chiprea, a quien también los apóstoles llamaban Bernabéb (que traducido significa hijo de consolación1c),
37poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstolesa.
Capitulo 5
Castigo de Ananías y Safira
Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una propiedad,
2y se quedó con parte del precioa, sabiéndolo también su1 mujer; y trayendo la otra2 parte, la puso a los pies de los apóstolesb.
3Mas Pedro dijo: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanása tu corazón para mentir al Espíritu Santob, y quedarte con parte del precioc del terreno?
4Mientras estaba sin venderse, ¿no te pertenecía? Y después de vendida, ¿no estaba bajo tu poder? ¿Por qué concebiste1 este asunto en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Diosa.
5Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiróa; y vino un gran temor sobre todos los que lo supieron1b.
6Y los jóvenes1 se levantaron y lo cubrierona, y sacándolo, le dieron sepultura.
7Después de un lapso como de tres horas entró su mujer, no sabiendo lo que había sucedido.
8Y Pedro le preguntó1: Dime, ¿vendisteis el terreno en tanto? Y ella dijo: Sí, ese fue el precio2a.
9Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para poner a pruebaa al Espíritu del Señorb? Mira, los pies de los que sepultaron a tu marido están a la puerta, y te sacarán también a ti.
10Al instante ella cayó a los pies de él, y expiróa. Al entrar los jóvenes, la hallaron muerta, y la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido.
11Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que supieron1 estas cosasa.
Muchas señales y prodigios
12Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales1 y prodigiosa entre el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomónb.
13Pero ninguno de los demás se atrevía a juntarse con ellos; sin embargo, el pueblo los tenía en gran estimaa.
14Y más y más creyentesa en el Señor,…
This passage has been shortened. Keep reading Hechos de los Apóstoles 3–6 in Logos
Footnotes
- 1I.e., las tres de la tarde
- 1, el vientre de su madre
- 1, les ponía atención
- 1Algunos dicen: levántate y anda
- 1, saltando
- 1O, Hijo
- 1O, Príncipe
- 1, su nombre
- 1O, Ungido; i.e., Mesías
- 1O, Ungido; i.e., Mesías
- 1O, retener
- 2, los tiempos
- 1O, como me levantó a mí
- 1, toda alma que
- 1, pactó
- 1O, Hijo
- 1O, en el caso de
- 1O, la palabra
- 1O, autoridad
- 1Algunos agregan: de Israel
- 1O, por quién
- 2, salvado
- 1O, éste
- 1, cabeza del ángulo
- 1, es necesario que seamos
- 1O, Sanedrín
- 1O, una señal
- 1O, esta señal
- 1O, Dueño
- 1O, las naciones
- 1O, Ungido; i.e., Mesías
- 1O, las naciones
- 2O, Hijo
- 1O, en cuanto lo que sucede ahora
- 1O, milagros
- 2O, Hijo
- 1O, multitud
- 1Algunos antiguos agregan: Cristo
- 1O, exhortación, o, estímulo
- 1O, con la complicidad de su
- 2, cierta
- 1O, pusiste
- 1, oyeron
- 1, más jóvenes
- 1, respondió
- 2, en tanto
- 1, oyeron
- 1O, milagros
Cross references
- aLuc. 22:8; Hech. 3:3, 4, 11
- bSal. 55:17; Mat. 27:45; Hech. 10:30
- aHech. 14:8
- bLuc. 16:20
- cJuan 9:8; Hech. 3:10
- aLuc. 22:8; Hech. 3:1, 4, 11
- aHech. 10:4
- aHech. 2:22; 3:16; 4:10
- aHech. 14:10
- aHech. 4:16, 21
- aJuan 9:8; Hech. 3:2
- aLuc. 22:8; Hech. 3:3, 4
- bJuan 10:23; Hech. 5:12
- aMat. 22:32
- bEx. 3:13, 15; Hech. 5:30; 7:32; 22:14
- cHech. 3:26; 4:27, 30
- dMat. 20:19; Juan 19:11; Hech. 2:23
- eMat. 27:2
- fLuc. 23:4
- aMar. 1:24; Hech. 4:27; 7:52; 2 Cor. 5:21
- bMat. 27:20; Mar. 15:11; Luc. 23:18, 25
- aHech. 5:31; Heb. 2:10; 12:2
- bHech. 2:24
- cLuc. 24:48
- aHech. 3:6
- aLuc. 23:34; Juan 15:21; Hech. 13:27; 26:9; Ef. 4:18
- bLuc. 23:13
- aHech. 2:23
- bLuc. 24:27; Hech. 17:3; 26:23
- aHech. 2:38; 26:20
- b2 Tes. 1:7; Heb. 4:1 y sig.
- aHech. 1:11
- bMat. 17:11; Rom. 8:21
- cLuc. 1:70
- aDeut. 18:15, 18; Hech. 7:37
- aDeut. 18:19
- aLuc. 24:27; Hech. 17:3; 26:23
- aHech. 2:39
- bRom. 9:4, 5
- cGén. 22:18
- aHech. 13:46; Rom. 1:16; 2:9, 10
- bHech. 2:24
- cMat. 15:24; Juan 4:22
- aLuc. 20:1; Hech. 6:12
- bLuc. 22:4
- cMat. 3:7
- aHech. 3:15; 17:18
- aHech. 5:18
- aHech. 2:41
- aLuc. 23:13; Hech. 4:8
- aMat. 26:3; Luc. 3:2
- aHech. 2:4; 13:9
- bLuc. 23:13; Hech. 4:5
- aHech. 3:7, 8
- aHech. 2:22; 3:6
- bHech. 2:24
- aMat. 21:42
- bSal. 118:22
- cMar. 9:12
- aMat. 1:21; Hech. 10:43; 1 Tim. 2:5
- aHech. 4:31
- bLuc. 22:8; Hech. 4:19
- cJuan 7:15
- aMat. 5:22
- aJuan 11:47
- bHech. 3:7–10
- aJuan 15:21
- aHech. 5:28
- aHech. 4:13
- bHech. 5:29
- a1 Cor. 9:16
- aHech. 5:26
- bMat. 9:8
- aEx. 20:11; Neh. 9:6; Sal. 146:6
- aHech. 1:16
- bSal. 2:1
- aSal. 2:2; Dan. 9:24, 25; Luc. 4:18; Hech. 10:38; Heb. 1:9
- aMat. 27:2; Luc. 23:7–12
- bMat. 20:19
- cHech. 3:13; 4:30
- dMat. 14:1; Mar. 15:1; Luc. 23:1; Juan 18:28, 29
- aHech. 2:23
- aHech. 4:13, 31; 14:3; Fil. 1:14
- aJuan 4:48
- bHech. 3:13; 4:27
- aHech. 2:1
- bHech. 2:4
- cHech. 4:13; 14:3; Fil. 1:14
- aHech. 2:44
- aHech. 1:8
- bLuc. 24:48
- aMat. 19:21; Hech. 2:45
- aHech. 4:37; 5:2
- bHech. 2:45; 6:1
- aHech. 11:19, 20; 13:4; 15:39; 21:3, 16; 27:4
- bHech. 9:27; 11:22, 30; 12:25; 13:1, 2, 7; 1 Cor. 9:6; Gál. 2:1, 9, 13; Col. 4:10
- cHech. 2:40; 11:23; 13:15; 1 Cor. 14:3; 1 Tes. 2:3
- aHech. 4:35; 5:2
- aHech. 5:3
- bHech. 4:35, 37
- aMat. 4:10; Luc. 22:3; Juan 13:2, 27
- bHech. 5:4, 9
- cHech. 5:2
- aHech. 5:3, 9
- aEzeq. 11:13; Hech. 5:10
- bHech. 2:43; 5:11
- aJuan 19:40
- aHech. 5:2
- aHech. 15:10
- bHech. 5:3, 4
- aEzeq. 11:13; Hech. 5:5
- aHech. 2:43; 5:5
- aJuan 4:48
- bJuan 10:23; Hech. 3:11
- aHech. 2:47; 4:21
- a2 Cor. 6:15
Copyright 1986, 1995, 1997 The Lockman Foundation