Logos Bible Study

Hechos de los Apóstoles 3–6

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Capitulo 3

Curación de un cojo

Y cierto día Pedro y Juana subían al templo a la hora novena1, la de la oraciónb.

2Y había un hombre, cojo desde su nacimiento1a, al que llevaban y ponían diariamente a la puertab del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosnac a los que entraban al templo.

3Este, viendo a Pedro y a Juana que iban a entrar al templo, les pedía limosna.

4Entonces Pedro, junto con Juan, fijando su vistaa en él, le dijo: ¡Míranos!

5Y él los miró atentamente1, esperando recibir algo de ellos.

6Pero Pedro dijo: No tengo plata ni oro, mas lo que tengo, te doy: en el nombre de Jesucristo el Nazarenoa, ¡anda1!

7Y asiéndolo de la mano derecha, lo levantó; al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza,

8y de un salto1 se puso en pie y andabaa. Entró al templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios.

9Todo el pueblo lo vio andar y alabar a Diosa,

10y reconocieron que era el mismo que se sentaba a la puerta del templo, la Hermosa, a pedir limosnaa, y se llenaron de asombro y admiración por lo que le había sucedido.

Segundo sermón de Pedro

11Y estando él asido de Pedro y de Juana, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió al pórtico llamado de Salomónb, donde ellos estaban.

12Al ver esto Pedro, dijo al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto, o por qué nos miráis así, como si por nuestro propio poder o piedad le hubiéramos hecho andar?

13El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacoba, el Dios de nuestros padresb, ha glorificado a su siervo1 Jesúsc, al que vosotros entregasteisd y repudiasteis en presencia de Pilatoe, cuando este había resuelto ponerle en libertadf.

14Mas vosotros repudiasteis al Santo y Justoa, y pedisteis que se os concediera un asesinob,

15y disteis muerte al Autor1a de la vida, al que Dios resucitó de entre los muertosb, de lo cual nosotros somos testigosc.

16Y por la fe en su nombrea, es el nombre de Jesús1 lo que ha fortalecido a este hombre a quien veis y conocéis; y la fe que viene por medio de Él, le ha dado esta perfecta sanidad en presencia de todos vosotros.

17Y ahora, hermanos, yo sé que obrasteis por ignoranciaa, lo mismo que vuestros gobernantesb.

18Pero Dios ha cumplido así lo que anunció de antemanoa por boca de todos los profetas: que su Cristo1 debería padecerb.

19Por tanto, arrepentíosa y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señorb,

20y Él envíe a Jesús, el Cristo1 designado de antemano para vosotros,

21a quien el cielo debe recibir1a hasta el día2 de la restauración de todas las cosasb, acerca de lo cual Dios habló por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguosc.

22Moisés dijo: El Señor Dios os levantará un profeta como yo1 de vuestros hermanos; a Él prestareis atención en todo cuanto os digaa.

23Y sucederá que todo el que1a no preste atención a aquel profeta, será totalmente destruido de entre el pueblo.

24Y asimismo todos los profetasa que han hablado desde Samuel y sus sucesores en adelante, también anunciaron estos días.

25Vosotros sois los hijos de los profetasa y del pacto que Dios hizo1 con vuestros padresb, al decir a Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierrac.

26Para vosotros en primer lugara, Dios, habiendo resucitadob a su Siervo1, le ha enviadoc para que os bendiga, a fin de apartar a cada uno de vosotros de vuestras iniquidades.

Capitulo 4

Arresto de Pedro y Juan

Mientras ellos hablaban al pueblo, se les echaron encimaa los sacerdotes, el capitán de la guardia del templob, y los saduceosc,

2indignados porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en1 Jesús la resurrección de entre los muertosa.

3Les echaron mano, y los pusieron en la cárcela hasta el día siguiente, pues ya era tarde.

4Pero muchos de los que habían oído el mensaje1 creyeron, llegando el número de los hombres como a cinco mila.

Pedro y Juan ante el concilio

5Y sucedió que al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus gobernantes, ancianosa y escribas;

6estaban allí el sumo sacerdote Anás, Caifása, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes.

7Y habiéndolos puesto en medio de ellos, les interrogaban: ¿Con qué poder1, o en qué nombre, habéis hecho esto?

8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santoa, les dijo: Gobernantes y ancianosb del pueblo1,

9si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera1 este ha sido sanado2a,

10sabed todos vosotros, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazarenoa, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertosb, por Él1, este hombre se halla aquí sano delante de vosotros.

11Este Jesúsa es la piedrab desechadac por vosotros los constructores, pero que ha venido a ser la piedra angular1.

12Y en ningún otroa hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser1 salvos.

Amenazados y puestos en libertad

13Al ver la confianzaa de Pedro y de Juanb, y dándose cuenta de que eran hombres sin letras y sin preparaciónc, se maravillaban, y reconocían que ellos habían estado con Jesús.

14Y viendo junto a ellos de pie al hombre que había sido sanado, no tenían nada que decir en contra.

15Pero habiéndoles ordenado salir fuera del concilio1a, deliberaban entre sí,

16diciendo: ¿Qué haremosa con estos hombres? Porque el hecho de que un milagro1 notable ha sido realizado por medio de ellosb es evidente a todos los que viven en Jerusalén, y no podemos negarlo.

17Mas a fin de que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen más a hombre alguno en este nombrea.

18Cuando los llamaron, les ordenaron no hablar ni enseñar en el nombre de Jesúsa.

19Mas respondiendo Pedro y Juana, les dijeron: Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Diosb;

20porque nosotros no podemos dejar de decira lo que hemos visto y oído.

21Y ellos, después de amenazarlos otra vez, los dejaron ir (no hallando la manera de castigarlos) por causa del puebloa, porque todos glorificaban a Diosb por lo que había acontecido;

22porque el hombre en quien se había realizado este milagro1 de sanidad tenía más de cuarenta años.

Oración de la iglesia

23Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.

24Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh, Señor1, tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos haya,

25el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre Davida, tu siervo, dijiste:

¿bPor que se enfurecieron los gentiles1,

y los pueblos tramaron cosas vanas?

26Se presentaron los reyes de la tierra,

y los gobernantes se juntaron a una

contra el Señor y contra su Cristo1a.

27Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodesa como Poncio Pilatob, juntamente con los gentiles1c y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo2 Jesúsd, a quien tú ungiste,

28para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucedieraa.

29Y ahora1, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianzaa,

30mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales1 y prodigiosa mediante el nombre de tu santo siervo2 Jesúsb.

31Después que oraron, el lugar donde estaban reunidosa tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santob y hablaban la palabra de Dios con valorc.

Todas las cosas en común

32La congregación1 de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad comúna.

33Con gran poder los apóstoles daban testimonioa de la resurrección del Señor Jesús1b, y abundante gracia había sobre todos ellos.

34No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casasa las vendían, traían el precio de lo vendido,

35y lo depositaban a los pies de los apóstolesa, y se distribuía a cada uno según su necesidadb.

36Y José, un levita natural de Chiprea, a quien también los apóstoles llamaban Bernabéb (que traducido significa hijo de consolación1c),

37poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstolesa.

Capitulo 5

Castigo de Ananías y Safira

Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una propiedad,

2y se quedó con parte del precioa, sabiéndolo también su1 mujer; y trayendo la otra2 parte, la puso a los pies de los apóstolesb.

3Mas Pedro dijo: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanása tu corazón para mentir al Espíritu Santob, y quedarte con parte del precioc del terreno?

4Mientras estaba sin venderse, ¿no te pertenecía? Y después de vendida, ¿no estaba bajo tu poder? ¿Por qué concebiste1 este asunto en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Diosa.

5Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiróa; y vino un gran temor sobre todos los que lo supieron1b.

6Y los jóvenes1 se levantaron y lo cubrierona, y sacándolo, le dieron sepultura.

7Después de un lapso como de tres horas entró su mujer, no sabiendo lo que había sucedido.

8Y Pedro le preguntó1: Dime, ¿vendisteis el terreno en tanto? Y ella dijo: Sí, ese fue el precio2a.

9Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para poner a pruebaa al Espíritu del Señorb? Mira, los pies de los que sepultaron a tu marido están a la puerta, y te sacarán también a ti.

10Al instante ella cayó a los pies de él, y expiróa. Al entrar los jóvenes, la hallaron muerta, y la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido.

11Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que supieron1 estas cosasa.

Muchas señales y prodigios

12Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales1 y prodigiosa entre el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomónb.

13Pero ninguno de los demás se atrevía a juntarse con ellos; sin embargo, el pueblo los tenía en gran estimaa.

14Y más y más creyentesa en el Señor,…

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Footnotes

  1. 1I.e., las tres de la tarde
  2. 1, el vientre de su madre
  3. 1, les ponía atención
  4. 1Algunos dicen: levántate y anda
  5. 1, saltando
  6. 1O, Hijo
  7. 1O, Príncipe
  8. 1, su nombre
  9. 1O, Ungido; i.e., Mesías
  10. 1O, Ungido; i.e., Mesías
  11. 1O, retener
  12. 2, los tiempos
  13. 1O, como me levantó a mí
  14. 1, toda alma que
  15. 1, pactó
  16. 1O, Hijo
  17. 1O, en el caso de
  18. 1O, la palabra
  19. 1O, autoridad
  20. 1Algunos agregan: de Israel
  21. 1O, por quién
  22. 2, salvado
  23. 1O, éste
  24. 1, cabeza del ángulo
  25. 1, es necesario que seamos
  26. 1O, Sanedrín
  27. 1O, una señal
  28. 1O, esta señal
  29. 1O, Dueño
  30. 1O, las naciones
  31. 1O, Ungido; i.e., Mesías
  32. 1O, las naciones
  33. 2O, Hijo
  34. 1O, en cuanto lo que sucede ahora
  35. 1O, milagros
  36. 2O, Hijo
  37. 1O, multitud
  38. 1Algunos antiguos agregan: Cristo
  39. 1O, exhortación, o, estímulo
  40. 1O, con la complicidad de su
  41. 2, cierta
  42. 1O, pusiste
  43. 1, oyeron
  44. 1, más jóvenes
  45. 1, respondió
  46. 2, en tanto
  47. 1, oyeron
  48. 1O, milagros

Cross references

  1. aLuc. 22:8; Hech. 3:3, 4, 11
  2. bSal. 55:17; Mat. 27:45; Hech. 10:30
  3. aHech. 14:8
  4. bLuc. 16:20
  5. cJuan 9:8; Hech. 3:10
  6. aLuc. 22:8; Hech. 3:1, 4, 11
  7. aHech. 10:4
  8. aHech. 2:22; 3:16; 4:10
  9. aHech. 14:10
  10. aHech. 4:16, 21
  11. aJuan 9:8; Hech. 3:2
  12. aLuc. 22:8; Hech. 3:3, 4
  13. bJuan 10:23; Hech. 5:12
  14. aMat. 22:32
  15. bEx. 3:13, 15; Hech. 5:30; 7:32; 22:14
  16. cHech. 3:26; 4:27, 30
  17. dMat. 20:19; Juan 19:11; Hech. 2:23
  18. eMat. 27:2
  19. fLuc. 23:4
  20. aMar. 1:24; Hech. 4:27; 7:52; 2 Cor. 5:21
  21. bMat. 27:20; Mar. 15:11; Luc. 23:18, 25
  22. aHech. 5:31; Heb. 2:10; 12:2
  23. bHech. 2:24
  24. cLuc. 24:48
  25. aHech. 3:6
  26. aLuc. 23:34; Juan 15:21; Hech. 13:27; 26:9; Ef. 4:18
  27. bLuc. 23:13
  28. aHech. 2:23
  29. bLuc. 24:27; Hech. 17:3; 26:23
  30. aHech. 2:38; 26:20
  31. b2 Tes. 1:7; Heb. 4:1 y sig.
  32. aHech. 1:11
  33. bMat. 17:11; Rom. 8:21
  34. cLuc. 1:70
  35. aDeut. 18:15, 18; Hech. 7:37
  36. aDeut. 18:19
  37. aLuc. 24:27; Hech. 17:3; 26:23
  38. aHech. 2:39
  39. bRom. 9:4, 5
  40. cGén. 22:18
  41. aHech. 13:46; Rom. 1:16; 2:9, 10
  42. bHech. 2:24
  43. cMat. 15:24; Juan 4:22
  44. aLuc. 20:1; Hech. 6:12
  45. bLuc. 22:4
  46. cMat. 3:7
  47. aHech. 3:15; 17:18
  48. aHech. 5:18
  49. aHech. 2:41
  50. aLuc. 23:13; Hech. 4:8
  51. aMat. 26:3; Luc. 3:2
  52. aHech. 2:4; 13:9
  53. bLuc. 23:13; Hech. 4:5
  54. aHech. 3:7, 8
  55. aHech. 2:22; 3:6
  56. bHech. 2:24
  57. aMat. 21:42
  58. bSal. 118:22
  59. cMar. 9:12
  60. aMat. 1:21; Hech. 10:43; 1 Tim. 2:5
  61. aHech. 4:31
  62. bLuc. 22:8; Hech. 4:19
  63. cJuan 7:15
  64. aMat. 5:22
  65. aJuan 11:47
  66. bHech. 3:7–10
  67. aJuan 15:21
  68. aHech. 5:28
  69. aHech. 4:13
  70. bHech. 5:29
  71. a1 Cor. 9:16
  72. aHech. 5:26
  73. bMat. 9:8
  74. aEx. 20:11; Neh. 9:6; Sal. 146:6
  75. aHech. 1:16
  76. bSal. 2:1
  77. aSal. 2:2; Dan. 9:24, 25; Luc. 4:18; Hech. 10:38; Heb. 1:9
  78. aMat. 27:2; Luc. 23:7–12
  79. bMat. 20:19
  80. cHech. 3:13; 4:30
  81. dMat. 14:1; Mar. 15:1; Luc. 23:1; Juan 18:28, 29
  82. aHech. 2:23
  83. aHech. 4:13, 31; 14:3; Fil. 1:14
  84. aJuan 4:48
  85. bHech. 3:13; 4:27
  86. aHech. 2:1
  87. bHech. 2:4
  88. cHech. 4:13; 14:3; Fil. 1:14
  89. aHech. 2:44
  90. aHech. 1:8
  91. bLuc. 24:48
  92. aMat. 19:21; Hech. 2:45
  93. aHech. 4:37; 5:2
  94. bHech. 2:45; 6:1
  95. aHech. 11:19, 20; 13:4; 15:39; 21:3, 16; 27:4
  96. bHech. 9:27; 11:22, 30; 12:25; 13:1, 2, 7; 1 Cor. 9:6; Gál. 2:1, 9, 13; Col. 4:10
  97. cHech. 2:40; 11:23; 13:15; 1 Cor. 14:3; 1 Tes. 2:3
  98. aHech. 4:35; 5:2
  99. aHech. 5:3
  100. bHech. 4:35, 37
  101. aMat. 4:10; Luc. 22:3; Juan 13:2, 27
  102. bHech. 5:4, 9
  103. cHech. 5:2
  104. aHech. 5:3, 9
  105. aEzeq. 11:13; Hech. 5:10
  106. bHech. 2:43; 5:11
  107. aJuan 19:40
  108. aHech. 5:2
  109. aHech. 15:10
  110. bHech. 5:3, 4
  111. aEzeq. 11:13; Hech. 5:5
  112. aHech. 2:43; 5:5
  113. aJuan 4:48
  114. bJuan 10:23; Hech. 3:11
  115. aHech. 2:47; 4:21
  116. a2 Cor. 6:15