Hebreos 9–10
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- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Capitulo 9
El santuario terrenal
Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de cultoa y el santuario terrenalb.
2Porque había un tabernáculo1 preparadoa en la parte anterior2, en el cual estaban el candelabrob, la mesac y los panes consagrados3d; este se llama el Lugar Santo.
3Y detrás del segundo veloa había un tabernáculo llamado el Lugar Santísimob,
4el cual tenía el altar de oro del incienso1a y el arca del pactob cubierta toda de oro, en la cual había una urna de oroc que contenía el maná y la vara de Aarónd que retoñó y las tablas del pactoe;
5y sobre ella estaban los querubines de gloriaa que daban sombra al propiciatoriob; pero de estas cosas no se puede hablar ahora en detalle.
6Así preparadas estas cosas, los sacerdotes entran continuamentea al primer1 tabernáculo para oficiar en el culto;
7pero en el segundoa, solo entra el sumo sacerdoteb una vez al añoc, no sin llevar sangred, la cual ofrece por sí mismoe y por los pecados del pueblo cometidos en ignorancia1f.
8Queriendo el Espíritu Santoa dar a entender esto: que el camino al Lugar Santísimo1b aún no había sido revelado en tanto que el primer tabernáculo permaneciera en pie;
9lo cual es un símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificiosa que no pueden hacer perfectob en su conciencia al que practica ese culto,
10puesto que tienen que ver solo con comidasa y bebidasb, y diversas abluciones1c y ordenanzas para el cuerpo2d, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosase.
La sangre del nuevo pacto
11Pero cuando Cristo apareció como Sumo Sacerdotea de los bienes futuros1b, a través de2 un mayor y más perfecto tabernáculoc, no hecho con manosd, es decir, no de esta creacióne,
12y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerrosa, sino por medio de su propia sangreb, entró al Lugar Santísimoc una vez para siempred, habiendo obtenido1 redención eternae.
13Porque si la sangre de los machos cabríos y de los torosa, y la ceniza de la becerrab rociada sobre los que se han contaminado1, santifican para la purificación2 de la carne,
14¿cuánto más la sangre de Cristoa, el cual por el Espíritu eterno1b se ofreció a sí mismo sin mancha a Diosc, purificará vuestra2 concienciad de obras muertase para servir al Dios vivof?
15Y por eso Éla es el mediadorb de un nuevo pacto1c, a fin de que habiendo tenido lugar una muerte para la redención de las transgresiones que se cometieron bajo el primer pacto1, los que han sido llamadosd reciban la promesae de la herencia eternaf.
16Porque donde hay un testamento1, necesario es que ocurra2 la muerte del testador.
17Pues un testamento1 es válido solo en caso de muerte2, puesto que no se pone en vigor mientras vive el testador3.
18Por tanto, ni aun el primer pacto1 se inauguró sin sangre.
19Porque cuando Moisés terminó de promulgar1 todos los mandamientos a todo el puebloa, conforme a la leyb, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríosc, con agua, lana escarlata e hisopod, y roció el libro mismoe y a todo el pueblo,
20diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ordeno1a.
21Y de la misma manera roció con sangre tanto el tabernáculoa como todos los utensilios del ministerio.
22Y según la ley, casi todoa es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdónb.
El sacrificio definitivo
23Por tanto, fue necesario que las representaciones1 de las cosas en los cielosa fueran purificadas de esta manera, pero las cosas celestiales mismasa, con mejores sacrificios que estos.
24Porque Cristo no entró en un lugar santo1a hecho por manos, una representación2 del verdaderob, sino en el cielo mismoc, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotrosd,
25y no para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdotea entra al Lugar Santísimo1b cada año con sangre ajena.
26De otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces1 desde la fundación del mundoa; pero ahora, una sola vezb en la consumación de los siglosc, se ha2 manifestadod para destruir3 el pecado por el sacrificio de sí mismo4e.
27Y así como está decretado1a que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juiciob,
28así también Cristo, habiendo sido ofrecido una veza para llevar los pecados de muchosb, aparecerá por segunda vezc, sin relación con el pecadod, para salvacióne de los que ansiosamente le esperanf.
Capitulo 10
La ley no puede quitar los pecados
Pues ya que la ley solo tiene la sombraa de los bienes futurosb y no la forma1 misma de las cosas, nunca puede2, por los mismos sacrificios que ellos ofrecen continuamente año tras añoc, hacer perfectos a los que se acercand.
2De otra manera, ¿no habrían cesado de ofrecerse, ya que los adoradores, una vez purificados1, no tendrían ya más conciencia de pecadoa?
3Pero en esos sacrificios hay1 un recordatorio de pecados año tras añoa.
4Porque es imposiblea que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecadosb.
5Por lo cual, al entrar Él en el mundoa, dice:
Sacrificio y ofrenda no has queridob,
pero un cuerpo has preparado para míc;
6en holocaustos y sacrificios por el pecado no te has complacidoa.
7Entonces dije: «He aquí, yo he venido
(en el rollo del libro esta escrito de mía)
para hacer, oh Dios, tu voluntadb».
8Habiendo dicho arriba: Sacrificios y ofrendasa y holocaustosb, y sacrificios por el pecado no has queridoc, ni en ellos te has complacido (los cuales se ofrecen según la ley),
9entonces dijo: He aquí, yo he venido para hacer tu voluntada. El quita lo primero para establecer lo segundo.
10Por esta voluntad1 hemos sido santificadosa mediante la ofrendab del cuerpo de Jesucristoc una vez para siempred.
Cristo puede quitar los pecados
11Y ciertamente todo sacerdote está de pie, día tras día, ministrando y ofreciendo muchas vecesa los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecadosb;
12pero Él, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecadosa para siempreb, se sentó1 a la diestra de Diosc,
13esperando de ahí en adelante hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus piesa.
14Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectosa para siempre a los que son santificadosb.
15Y también el Espíritu Santo nos da testimonioa; porque después de haber dicho:
16Este es el pacto que haré1 con ellos
después de aquellos días—dice el Señor:
Pondré mis leyes en su corazón,
y en su mente las escribiréa, añade:
17Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidadesa.
18Ahora bien, donde hay perdón1 de estas cosas, ya no hay ofrenda por el pecado.
Exhortación a la perseverancia
19Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianzaa para entrar al Lugar Santísimob por la sangre de Jesús,
20por un camino nuevo y vivoa que Él inauguró para nosotros por medio del velob, es decir, su carne,
21y puesto que tenemos un gran sacerdotea sobre la casa de Diosb,
22acerquémonos con corazón sincero1a, en plena certidumbre de feb, teniendo nuestro corazón purificado2 de mala concienciac y nuestro cuerpo lavado con agua purad.
23Mantengamos firme la profesión1a de nuestra esperanzab sin vacilar, porque fiel es el que prometióc;
24y consideremos cómo estimularnos unos a otrosa al amor y a las buenas obrasb,
25no dejando de congregarnosa, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otrosb, y mucho más al ver que el día se acercac.
Advertencia a los que continúan pecando
26Porque si continuamos pecando deliberadamentea después de haber recibido el conocimiento de la verdadb, ya no queda sacrificio alguno por los pecados,
27sino cierta horrenda expectación de juicioa, y la furia de un fuego que ha de consumir a los adversariosb.
28Cualquiera que viola la ley de Moisés muere sin misericordia por el testimonio de dos o tres testigosa.
29¿Cuánto mayor castigo pensáis que mereceráa el que ha hollado bajo sus pies al Hijo de Diosb, y ha tenido por inmunda la sangre del pactoc por la cual fue santificadod, y ha ultrajado al Espíritu de graciae?
30Pues conocemos al que dijo: Mia es la venganza, yo pagarea. Y otra vez: El Señor juzgara a su pueblob.
31¡Horrenda cosaa es caer en las manos del Dios vivob!
Necesidad de perseverar
32Pero recordad los días pasadosa, cuando1 después de haber sido iluminadosb, soportasteis una gran lucha de padecimientosc;
33por una parte, siendo hechos un espectáculo públicoa en oprobios y aflicciones, y por otra, siendo compañerosb de los que eran tratados así.
34Porque tuvisteis compasióna de los prisioneros y aceptasteis con gozob el despojo de vuestros bienes, sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesiónc.
35Por tanto, no desechéis vuestra confianzaa, la cual tiene gran recompensab.
36Porque tenéis necesidad de paciencia1a, para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesab.
37Porque dentro de muy poco tiempo, el que ha de venir vendráa y no tardaráb.
38Mas mi justo vivirá por la fea;
y si retrocede, mi alma no se complacerá en él.
39Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación1 del alma.
Notas al pie
- 1O, tienda sagrada y así en el resto del cap.
- 2O, el primero
- 3, los panes de la proposición
- 1O, incensario de oro
- 1O, exterior
- 1, y por la ignorancia del pueblo
- 1O, santuario
- 1O, lavamientos ceremoniales
- 2, la carne
- 1Algunos antiguos dicen: bienes que ya han venido
- 2O, apareció por medio de
- 1U, obteniendo
- 1O, han sido contaminados
- 2O, limpieza
- 1O, su espíritu eterno
- 2Algunos antiguos dicen: nuestra
- 1O, testamento
- 1O, pacto
- 2, se traiga
- 1O, pacto
- 2, sobre los muertos
- 3Algunos antiguos dicen: ¿no se pone en vigor … testador?
- 1O, testamento
- 1, hablar
- 1O, diseñó para vosotros
- 1, copias
- 1O, santuario
- 2, copia
- 1O, santuario
- 1O, con frecuencia
- 2O, ha sido
- 3O, anular, o, quitar
- 4O, por su sacrificio
- 1, establecido
- 1, imagen
- 2Algunos antiguos dicen: pueden
- 1O, limpios
- 1, en ellos hay
- 1, Por la cual
- 1O, pecados, para siempre se sentó
- 1, pactaré
- 1O, remisión
- 1, verdadero
- 2, rociado (para purificación)
- 1O, fe, o, confesión
- 1, en los cuales
- 1O, perseverancia
- 1O, posesión
Referencias cruzadas
- aHeb. 9:10
- bEx. 25:8; Heb. 8:2; 9:11, 24
- aEx. 25:8, 9; 26:1–30
- bEx. 25:31–39
- cEx. 25:23–29
- dEx. 25:30; Mat. 12:4
- aEx. 26:31–33; 40:3
- bEx. 26:33
- aEx. 30:1–5; 37:25, 26
- bEx. 25:10 y sig.; 37:1 y sig.
- cEx. 16:32, 33
- dNúm. 17:10
- eEx. 25:16; 31:18; 32:15; Deut. 9:9, 11, 15; 10:3–5
- aEx. 25:18 y sig.
- bEx. 25:17, 20; Lev. 16:2; 1 Rey. 8:7
- aNúm. 18:2–6; 28:3
- aHeb. 9:3
- bLev. 16:12 y sig.
- cEx. 30:10; Lev. 16:34; Heb. 10:3
- dLev. 16:11, 14
- eHeb. 5:3
- fNúm. 15:25; Heb. 5:2
- aHeb. 3:7
- bJuan 14:6; Heb. 10:20
- aHeb. 5:1
- bHeb. 7:19
- aLev. 11:2 y sig.; Col. 2:16
- bNúm. 6:3
- cLev. 11:25; Núm. 19:13; Mar. 7:4
- dHeb. 7:16
- eHeb. 7:12
- aHeb. 2:17
- bHeb. 10:1
- cHeb. 8:2; 9:24
- dMar. 14:58; 2 Cor. 5:1
- e2 Cor. 4:18; Heb. 12:27; 13:14
- aLev. 4:3; 16:6, 15; Heb. 9:19
- bHeb. 9:14; 13:12
- cHeb. 9:24
- dHeb. 7:27
- eHeb. 5:9; 9:15
- aLev. 16:15; Heb. 9:19; 10:4
- bNúm. 19:9, 17, 18
- aHeb. 9:12; 13:12
- b1 Cor. 15:45; 1 Ped. 3:18
- cEf. 5:2; Heb. 7:27; 10:10, 12
- dHech. 15:9; Tito 2:14; Heb. 1:3; 10:2, 22
- eHeb. 6:1
- fMat. 16:16; Heb. 3:12
- aRom. 3:24
- b1 Tim. 2:5; Heb. 8:6; 12:24
- cHeb. 8:8
- dMat. 22:3 y sig.; Rom. 8:28, 29; Heb. 3:1
- eHeb. 6:15; 10:36; 11:39
- fHech. 20:32
- aHeb. 1:1
- bEx. 24:6 y sig.
- cHeb. 9:12
- dLev. 14:4, 7; Núm. 19:6, 18
- eEx. 24:7
- aEx. 24:8; Mat. 26:28
- aEx. 24:6; 40:9; Lev. 8:15, 19; 16:14–16
- aLev. 5:11, 12
- bLev. 17:11
- aHeb. 8:5
- aHeb. 4:14; 9:12
- bHeb. 8:2
- cHeb. 9:12
- dMat. 18:10; Heb. 7:25
- aHeb. 9:7
- bHeb. 9:2; 10:19
- aMat. 25:34; Heb. 4:3
- bHeb. 7:27; 9:12
- cMat. 13:39; Heb. 1:2
- d1 Jn. 3:5, 8
- eHeb. 9:12, 14
- aGén. 3:19
- b2 Cor. 5:10; 1 Jn. 4:17
- aHeb. 7:27
- bIsa. 53:12; 1 Ped. 2:24
- cHech. 1:11
- dHeb. 4:15
- eHeb. 5:9
- f1 Cor. 1:7; Tito 2:13
- aHeb. 8:5
- bHeb. 9:11
- cRom. 8:3; Heb. 9:9; 10:4, 11
- dHeb. 7:19
- a1 Ped. 2:19
- aHeb. 9:7
- aHeb. 10:1, 11
- bHeb. 9:12, 13
- aHeb. 1:6
- bSal. 40:6
- cHeb. 2:14; 5:7; 1 Ped. 2:24
- aSal. 40:6
- aEsd. 6:2; Jer. 36:2; Ezeq. 2:9; 3:1, 2
- bSal. 40:7, 8
- aSal. 40:6; Heb. 10:5, 6
- bMar. 12:33
- cRom. 8:3
- aSal. 40:7, 8; Heb. 10:7
- aJuan 17:19; Ef. 5:26; Heb. 2:11; 10:14, 29; 13:12
- bJuan 6:51; Ef. 5:2; Heb. 7:27; 9:14, 28; 10:12
- cHeb. 2:14; 5:7; 1 Ped. 2:24
- dHeb. 7:27
- aHeb. 5:1
- bMiq. 6:6–8; Heb. 10:1, 4
- aHeb. 5:1
- bHeb. 10:14
- cHeb. 1:3
- aSal. 110:1; Heb. 1:13
- aHeb. 10:1
- bHeb. 10:12
- aHeb. 3:7
- aJer. 31:33; Heb. 8:10
- aJer. 31:34; Heb. 8:12
- aHeb. 3:6; 10:35
- bHeb. 9:25
- aHeb. 9:8
- bHeb. 6:19; 9:3
- aHeb. 2:17
- b1 Tim. 3:15; Heb. 3:6
- aHeb. 7:19; 10:1
- bHeb. 6:11
- cEzeq. 36:25; Heb. 9:19; 12:24; 1 Ped. 1:2
- dHech. 22:16; 1 Cor. 6:11; Ef. 5:26; Tito 3:5; 1 Ped. 3:21
- aHeb. 3:1
- bHeb. 3:6
- c1 Cor. 1:9; 10:13; Heb. 11:11
- aHeb. 13:1
- bTito 3:8
- aHech. 2:42
- bHeb. 3:13
- c1 Cor. 3:13
- aNúm. 15:30; Heb. 6:4–8; 2 Ped. 2:20, 21
- b1 Tim. 2:4
- aJuan 5:29; Heb. 9:27
- bIsa. 26:11; 2 Tes. 1:7
- aDeut. 17:2–6; 19:15; Mat. 18:16; Heb. 2:2
- aHeb. 2:3
- bHeb. 6:6
- cEx. 24:8; Mat. 26:28; Heb. 13:20
- dEf. 5:26; Heb. 9:13, 14; Apoc. 1:5
- e1 Cor. 6:11; Ef. 4:30; Heb. 6:4
- aDeut. 32:35; Rom. 12:19
- bDeut. 32:36
- a2 Cor. 5:11
- bMat. 16:16; Heb. 3:12
- aHeb. 5:12
- bHeb. 6:4
- cFil. 1:30
- a1 Cor. 4:9; Heb. 12:4
- bFil. 4:14; 1 Tes. 2:14
- aHeb. 13:3
- bMat. 5:12
- cHeb. 9:15; 11:16; 13:14; 1 Ped. 1:4, 5
- aHeb. 10:19
- bHeb. 2:2
- aLuc. 21:19; Heb. 12:1
- bHeb. 9:15
- aHab. 2:3
- bMat. 11:3; Heb. 10:25; Apoc. 22:20
- aHab. 2:4; Rom. 1:17; Gál. 3:11
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