Daniel 2:24–49
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- NIV New International Version (2011)
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24Después fue Daniel adonde estaba Arioc, a quien el rey había designado para dar muerte a los sabios de Babiloniaa. Fue y le habló así: No des muerte a los sabios de Babilonia; llévame ante el rey, y declararé al rey la interpretación.
25Entonces Arioc se apresuró a llevar a Daniel ante el reya, y le dijo así: He hallado a un hombre entre los deportados1 de Judáb que dará a conocer al rey la interpretación.
26El rey respondió, y dijo a Daniel, a quien llamaban Beltsasar: ¿Eres tú capaz de darme a conocer el sueño que he visto y su interpretacióna?
27Respondió Daniel ante el rey, y dijo: En cuanto al misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, encantadores, magos1 ni adivinos que puedan declararlo al reya.
28Pero hay un Dios en el cielo que revela los misteriosa, y Él ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los díasb. Tu sueño y las visiones que has tenido1 en tu camac eran estos:
29A ti, oh rey, en tu cama te surgieron pensamientos sobre lo que habrá de suceder en el futuro1, y el que revela los misterios te ha dado a conocer lo que sucederáa.
30En cuanto a mí, me ha sido revelado este misterio, no porque yo tenga1 más sabiduría que cualquier otro viviente, sino con el fin de dar a conocer al rey la interpretacióna, y para que tú entiendas los pensamientosb de tu corazón.
31Tú, oh rey, tuviste una visión, y he aquí, había una gran estatua; esa estatua era enorme y su brillo extraordinario; estaba en pie delante de ti y su aspecto era terriblea.
32La cabeza de esta estatua era de oroa puro, su pecho y sus brazos de plata, y su vientre y sus muslos de bronce,
33sus piernas de hierro, sus pies en parte de hierro y en parte de barro.
34Estuviste mirando hasta que una piedra fue cortada sin ayuda de manosa, y golpeó la estatua en sus pies de hierro y de barro, y los desmenuzób.
35Entonces fueron desmenuzados, todos a la vez1, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro; quedaron como el tamoa de las eras en verano, y el viento se los llevó sin que quedara rastro alguno de ellosb. Y la piedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran montec que llenó toda la tierra.
36Este es el sueño; ahora diremos ante el rey su interpretacióna.
37Tú, oh rey, eres rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado el reino1a, el poderb, la fuerza y la gloria;
38y dondequiera que habiten los hijos de los hombres, las bestias del campo o las aves del cieloa, Él los ha entregado en tu mano y te ha hecho soberano de todos ellos; tú eres la cabeza de oro.
39Después de ti se levantará otro reino, inferior a ti, y luego un tercer reino, de bronce, que gobernará sobre toda la tierra.
40Y habrá un cuarto reino, tan fuerte como el hierro; y así como el hierro desmenuza y destroza todas las cosas, como el hierro que tritura, así él desmenuzará y triturará a todos estosa.
41Y lo que viste, los pies y los dedos, parte de barro de alfarero y parte de hierro, será un reino dividido; pero tendrá la solidez del hierro, ya que viste el hierro mezclado con barro corriente1.
42Y así como los dedos de los pies eran parte de hierro y parte de barro cocido, así parte del reino será fuerte y parte será frágil.
43En cuanto al hierro mezclado con barro corriente1 que has visto, se mezclarán mediante2 simiente humana; pero no se unirán el uno con el otro, como no se mezcla el hierro con el barro.
44En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reinoa que jamás será destruido, y este reino no será entregado1b a otro puebloc; desmenuzarád y pondrá fin a todos aquellos reinos, y él permanecerá para siempre,
45tal como viste que una piedra fue cortada del monte sin ayuda de manos y que desmenuzó el hierro, el bronce, el barroa, la plata y el oro. El gran Dios ha hecho saber al rey lo que sucederá en el futuro1b. Así, pues, el sueño es verdadero y la interpretación fielc.
46Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro, se postróa ante Daniel, y ordenó que le ofrecieran presentes1 e incienso2b.
47El rey habló a Daniel, y dijo: En verdad que vuestro Dios es Diosa de dioses, Señor de reyesb y revelador de misterios, ya que tú has podido revelar este misterioc.
48Entonces el rey engrandeció a Daniel y le dio muchos y espléndidos regalos, y le hizo gobernador sobre toda la provincia de Babilonia y jefe supremo1a sobre todos los sabios de Babiloniab.
49Por solicitud de Daniel, el rey puso sobre la administración de la provincia de Babiloniaa a Sadrac, Mesac y a Abed-nego, mientras que Daniel quedó en la corte1 del reyb.
Notas al pie
Referencias cruzadas
- aDan. 2:12, 13; Hech. 27:24
- aGén. 41:14
- bDan. 1:6; 5:13; 6:13
- aDan. 1:7; 4:8; 5:12
- aDan. 2:2, 10, 11; 5:7, 8
- aGén. 40:8; 41:16; Dan. 2:22, 45
- bGén. 49:1; Isa. 2:2; Dan. 10:14; Miq. 4:1
- cDan. 4:5
- aDan. 2:23, 47
- aGén. 41:16; Dan. 1:17
- bSal. 139:2; Amós 4:13
- aHab. 1:7
- aDan. 2:38
- aDan. 2:45; 8:25; Zac. 4:6
- bSal. 2:9; Isa. 60:12
- aSal. 1:4; Isa. 17:13; 41:15, 16; Os. 13:3
- bSal. 37:10, 36
- cIsa. 2:2; Miq. 4:1
- aDan. 2:24
- aIsa. 47:5; Jer. 27:6, 7; Ezeq. 26:7
- bSal. 62:11
- aSal. 50:10, 11; Dan. 4:21, 22
- aDan. 7:23
- aDan. 2:28, 37
- bIsa. 9:6, 7
- cSal. 145:13; Ezeq. 37:25; Dan. 4:3, 34; 6:26; 7:14; Miq. 4:7; Luc. 1:32, 33
- dSal. 2:9; Isa. 60:12; Dan. 2:34, 35
- aDan. 2:34
- bDeut. 10:17; 2 Sam. 7:22; Sal. 48:1; Jer. 32:18, 19; Dan. 2:29; Mal. 1:11
- cGén. 41:28, 32
- aDan. 3:5, 7; Hech. 10:25; 14:13; Apoc. 19:10; 22:8
- bLev. 26:31; Esd. 6:10
- aDan. 3:15; 4:25
- bDeut. 10:17; Sal. 136:2, 3; Dan. 11:36
- cDan. 2:22, 30; Amós 3:7
- aGén. 41:39–43; Dan. 2:6; 5:16, 29
- bDan. 3:1, 12, 30
- aDan. 1:7; 3:12
- bEst. 2:19, 21; Amós 5:15
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