1º Reyes 3:9–28
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9Da, pues, a tu siervo un corazón con entendimiento1 para juzgar a tu pueblo y para discernir entre el bien y el mala. Pues ¿quién será capaz de juzgar a este pueblo tuyo tan grande2b?
10Y fue1 del agrado a los ojos del Señor que Salomón pidiera esto.
11Y Dios le dijo: Porque has pedido esto y no has pedido para ti larga vida1a, ni has pedido para ti riquezas, ni has pedido la vida de tus enemigos, sino que has pedido para ti inteligencia para administrar2 justicia,
12he aquí, he hecho conforme a tus palabrasa. He aquí, te he dado un corazón sabio y entendido, de modo que no ha habido ninguno como tú antes de ti, ni se levantará ninguno como tú después de tib.
13También te he dado lo que no has pedido, tanto riquezas como gloriaa, de modo que no habrá entre los reyes ninguno como tú en todos tus díasb.
14Y si andas en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos como tu padre David anduvo, entonces prolongaré tus díasa.
15Salomón se despertó y vio que había sido un sueñoa. Entró en Jerusalén y se puso delante del arca del pacto del Señor; ofreció holocaustos e hizo ofrendas de paz, y también dio un banquete para todos sus siervosb.
16Por ese tiempo dos mujeres que eran rameras, vinieron al rey y se presentaron delante de él.
17Y una de las mujeres dijo: Oh, mi señor, yo y esta mujer vivimos en la misma casa; y yo di a luz estando con ella en la casa.
18Y sucedió que al tercer día después de dar yo a luz, esta mujer también dio a luz; estábamos juntas, nadie de fuera estaba con nosotras en la casa, solamente nosotras dos1.
19Y el hijo de esta mujer murió durante la noche, porque ella se durmió sobre él.
20Entonces ella se levantó a medianoche, tomó a mi hijo de mi lado mientras tu sierva estaba dormida y lo puso en su regazo, y a su hijo muerto lo puso en mi regazo.
21Cuando me levanté al amanecer para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero cuando lo observé con cuidado por la mañana, vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz.
22Entonces la otra mujer dijo: No, pues mi hijo es el que vive y tu hijo es el muerto. Pero la primera mujer dijo1: No, tu hijo es el muerto y mi hijo es el que vive. Así hablaban ellas delante del rey.
23Entonces el rey dijo: Esta dice: «Este es mi hijo que está vivo y tu hijo es el muerto»; y la otra1 dice: «No, porque tu hijo es el muerto y mi hijo es el que vive».
24Y el rey dijo: Traedme una espada. Y trajeron una espada al rey.
25Entonces el rey dijo: Partid al niño vivo en dos, y dad la mitad a una y la otra mitad a la otra.
26Entonces la mujer de quien era el niño vivo habló al rey, pues estaba profundamente conmovida1a por su hijo, y dijo: Oh, mi señor, dale a ella el niño vivo, y de ninguna manera lo mates. Pero la otra decía: No será ni mío ni tuyo; partidlo.
27Entonces el rey respondió y dijo: Dad el niño vivo a la primera mujer1, y de ninguna manera lo matéis. Ella es la madre.
28Cuando todo Israel oyó del juicio que el rey había pronunciado1, temieron al rey, porque vieron que la sabiduría de Dios estaba en él para administrar2 justiciaa.
Footnotes
Cross references
- a2 Sam. 14:17; Heb. 5:14
- b2 Crón. 1:10; Sal. 72:1, 2; Prov. 2:3–9; Sant. 1:5
- aSant. 4:3
- a1 Jn. 5:14, 15
- b1 Rey. 4:29–31; 5:12; 10:23, 24; Ecl. 1:16
- aProv. 3:16
- b1 Rey. 4:21–24; 10:23, 27; Mat. 6:33; Ef. 3:20
- a1 Rey. 3:6; Sal. 91:16; Prov. 3:2
- aGén. 41:7
- b1 Rey. 8:65
- aGén. 43:30; Isa. 49:15; Jer. 31:20; Os. 11:8
- a1 Rey. 3:9, 11, 12; Dan. 1:17; Col. 2:2, 3
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